Los mejores buñuelos de València

· 17 de marzo, 2017

Texto: Santos Ruiz

Adiós a la dieta en fallas. Son días para disfrutar de la calle y cumplir con la tradición. El abanico es amplio. Se empieza en el desayuno con la despertà y acaba con el resopón tras el castillo. Desde Urban te indicamos lo más típico y algunos de los locales más tradicionales.

El buñuelo es el producto icónico de las fallas. Pero encontrar entre la marabunta de churrerías venidas de medio mundo un original buñuelo valenciano es como encontrar una aguja en un pajar. En esas cocinas ambulantes con más luces que una feria hay churros, porras, masas fritas de mil formas y tamaño… todas saben igual, y no precisamente a buñuelo valenciano. Solo unos cuantos negocios locales preservan el espíritu de las viejas buñoleras. Hay más, pero estos son mis favoritos:

1.-Buñolería Bienve, Los más sabrosos
Gran Vía Marqués del Turia, 3 (frente a cafetería Bimbi).
Buñuelos de calabaza: 5€/docena.

Para Adriana Fogues ser buñolera es una tradición familiar. Su bisabuela, su abuela y su madre han bajado cada año desde Beneixida para alimentar de buñuelos a los falleros. Los preparan con calabaza, mucha calabaza. De cuantos he probado en la ciudad me parecen los más sabrosos y, sin duda, los que más sabor a calabaza tienen. Cada año compran 1000 kilos de esta hortaliza que apenas les duran 15 días. El sabor está siempre presente pero el color, según confiesa Ana, es variable. Cuando la masa está recién fermentada el color es de un naranja oscuro. Sin embargo, cuando la masa envejece un poco el resultado de la fritura es una superficie de color más claro pero una masa de idéntico sabor. Al mordisco, se revela firme y de bocado consistente. Cambian el aceite cada día y, en las largas joranadas falleras hasta dos veces al día. Los echaremos de menos el resto del año.

2.-Horcatería Collado. Los más ligeros
Plaza Doctor Collado, 13
Buñuelos de viento: 6 €/docena.

 


Este año cumplen el 125 aniversario. Puede que incluso lleven allí desde hace más tiempo, pero hay constancia de que la familia Civera-Martínez regentaba ya el local en 1892. Su característica más clara es que es un buñuelo muy bien frito. Se precian de no tener prisa nunca en sacarlos del aceite aunque la cola doble la esquina. Son buñuelos de viento, sin calabaza y son tremendamente crujientes y suaves. Para acompañarlos preparan un buen cholate a la taza. Lo traen de Torrente, pueblo con gran tradición, de la marca Rafael Andreu y, como los buñuelos, lo preparan para llevar o tomar en la propia horchatería.

3.-Horchatería Fabian. Los más grandes.
Calle Císcar, 5
Buñuelos de Calabaza: 12 euros la docena

Fabián y Mari dejaron este emblemático negocio en manos de Alicia Fortuño hace algo más de un año. Nada ha cambiado. Sigue teniendo ese aire de local familiar donde se da cita el vecindario. Sus buñuelos son los más famosos de la ciudad. Desde el 9 de Octubre al 30 de Junio, cada tarde, a las 18:00 horas sale la primera tanda de buñuelo y una legión de adeptos hacen cola para comprarlos. En fallas el horario se extiende y los preparan desde bien temprano hasta entrada la noche. Son unos buñuelos enormes, de unos 10 centímetros de diámetro y 50 gramos de peso. A pesar de su apariencia son tremendamente ligeros y de un sabor muy suave. Utilizan calabaza hervida y es un buñuelo que aguanta el reposo y se deja comer horas después de freírlo. El chocolate que todo el mundo pide para acompañar estos buñuelos es de fabricación propia. Lo hace Alicia con cacao, harina de arroz, azúcar y leche.

4.-Els Tonets del Carme. Los más curiosos.
Plaza San Dionis s/n
Buñuelos de calabaza: 6 €/docena
Buñuelos de higo: 9 €/docena

Desde 1988, Neus Ortí llega cada mes de marzo desde Bétera a montar su buñolería. No son hosteleros, pero se aplican a este oficio con una devoción absoluta. Neus es integradora social, pero cada 10 de marzo abandona toda su vida y se entrega a la buñolería. Utilizan calabaza asada, algo poco habitual pues la mayoría de los puestos las usan hervida. La asan en el Forn Aloy, de Bétera, el único que admite tal cantidad de calabazas en un sólo día. Además del típico buñuelo de calabaza, hacen uno muy curioso relleno de higo: Bunyols de figa. En realidad, más que un buñuelo se trata de un higo seco, previamente regado con cazalla, que se reboza con la masa de los buñuelos. Cuando se fríen, no se les puede dar la vuelta pues siempre flotan por el mismo lado. Por eso una de sus caras es siempre más clara que la otra. Según Neus, esos buñuelos de higo son un desayuno sensacional porque te dan un plus de energía.


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