Noni López (Lori Meyers): «Nos hemos convertido en un monstruo»

· 12 de julio, 2018

Fotografía: JOAQUÍN CALLE


Texto: Voro Contreras

Que el indie ya no es lo que era lo demuestran bandas como Lori Meyers. Empezaron siendo cinco adolescentes de Loja alucinados con el sonido sixtie y el ruido, y ahora son un trío que se acompaña de músicos profesionales , que abarrota festivales y que ofrece sobre el escenario un espectáculo audiovisual de escala internacional. Celebran sus 20 años de carrera con un disco recopilatorio.

 

Explica «Noni» que este «20 años, 21 canciones», una antología de sus temas más populares acompañada por una selección de maquetas, inéditos y versiones, es, más que una retrospectiva, un «homenaje a la primera parte de nuestra historia, cuando empezamos en Granada, en una época en la que no teníamos ni edad de tener coche», además de un recuerdo para todos los «amigos» que han participado como músicos o fans de Lori Meyers en estas dos décadas de carrera. «Está guay recordar todo eso, aunque tenemos ganas de seguir haciendo cosas», asegura, aunque eso no impedirá que tras dos años girando y dominando los festivales, hayan anunciado ya un 2019 sabático.

«Viaje de estudios» (2004), vuestro primer disco, os consolidó muy pronto como banda.
Tuvimos una suerte tremenda. Lo grabamos en el estudio de Los Planetas, con el productor de Superchunk, y Carlos, de «Houston party», hizo un trabajo perfecto de fanzineo, que era lo que se llevaba entonces, y desde el primer concierto vimos que venía gente. Salió incluso una crítica en Marca. Todo eso nos dio un empujón, siempre hemos tenido suerte con la crítica y con el público.

 ¿Haberos convertido en el reclamo de tantos festivales os condiciona a la hora de componer?
No, hay quien piensa que estamos componiendo y diciendo «ahora la gente coreará el estribillo», y no es así. Es la gente la que hace suyas las canciones. «Alta fidelidad», por ejemplo, era una canción que no iba a entrar en el disco, la hicimos a última hora y ha sido un hit para la gente. Nosotros nos metemos en el estudio y lo único que intentamos es progresar como artistas y como personas, y el público eso lo entiende porque evoluciona como tú.

En la presentación del recopilatorio citáis como influencias a Lagartija Nick, Dinosaur Jr., Wedding Present, Los Planetas… Falta una inspiración obvia en vuestros inicios: Los Brincos…
No sé quién ha puesto estos grupos, pero siempre lo hemos dicho: el híbrido del que nació Lori Meyers era entre la discoteca de nuestros padres y el grunge y la música de los 90. Y después entró la música independiente española, que es cuando vimos que era guay cantar en español.

¿Vuestra evolución es un intento de huir de esas sombras de Los Brincos o Los Planetas?
Es un intento de huir de lo que hemos hecho antes. Tras componer «Luciérnagas y mariposas» o «Luces de neón» intentamos que esa manera de hacer no se repita, porque si no, nos empezaremos a aburrir, la gente lo verá y se romperá la química. Nos criticaron con «Cuando el destino nos alcance» (2010) porque usamos sintetizadores, pero era nuestra forma de evolucionar.

Vuestra canción más reproducida («Mi realidad») está allí…
El público es el que hace suyas las cosas. Nuestro disco más aclamado por la crítica fue «Hostal Pimodán» pero apenas tuvo público. Siempre hemos pensado que crecimos como banda a partir de «Cronolea» (2008) y, sobre todo, de «Cuando el destino nos alcance».

El disco del que más canciones extraéis para la antología es «Impronta» (2013) ¿Pensáis que es el mejor?
Hay mucha gente que, una vez pasado el tiempo, lo está reivindicando. Fue un disco que rompía una época y empezaba una nueva en lo personal, y eso influye más de lo que pensamos. Hace tiempo que no lo escucho, pero hace poco que hablaba de él con un amigo y me decía que había ayudado a mucha gente.

En cambio, del último disco, «En la espiral» (2017) sólo habéis incluido dos canciones. ¿No estáis contentos con él?
Al final la elección la han hecho los autores y ha sido al libre albedrío, no hemos contado si había pocas o muchas de un disco u otro.

 

Ahora hay menos «loris meyers» en la banda que cuando empezasteis. ¿Habéis dejado muchos cadáveres por el camino?
El mundo de la música es muy complicado. A día de hoy no sé ni como nos mantenemos el núcleo duro. Cuando Julián abandonó la banda ya se creó el actual núcleo porque nos complementábamos bien. Pero no nos gusta decir que somos tres, cada año somos los que hacen falta para cada disco. Vamos cumpliendo los requisitos que nos dicta la música. Lori Meyers se ha convertido en un monstruo que manda por encima de nosotros.

Si te echaran a ti se notaría. Habéis pasado de resaltar mucho las armonías vocales a tenerte como vocalista único…
Al principio cantábamos Alejandro, Julián y yo. Y cuando se fue Julián y hasta que no hemos pillado a Javier, que es un instrumentista que lo hace increíble, no lo hemos recuperado. Esas armonías vocales eran parte de nuestra seña de identidad, pero es verdad que mi voz ha ido tomando más peso, sobre todo desde que aprendí a cantar (ríe).

En vuestros conciertos desde 2017 hacéis un despliegue audiovisual brutal. ¿Esto no es ya de grupo ‘mainstream’?
Para nosotros el grupo es lo más importante. Nos gusta ganar dinero y todo eso, pero casi todo lo que hemos ido ganando lo hemos reinvertido en el grupo. Al final esto es un espectáculo y nosotros vamos a entretener. La música es lo importante, pero también queremos que la gente se vaya de nuestros conciertos con la boca abierta.

¿Estas inversiones en grandes espectáculos despiertan más autoestima o más envidia entre vuestros compañeros de generación?
No lo sé. Lo único que queremos dar ejemplo es de que se puede dar todo por la música y que esto es un show. Cuando empezamos lo veíamos todo bien, nos decían de tocar a las tres de la tarde en un festival y nos traían tres cervezas y éramos los tipos más felices del mundo. Paramos el año que viene también porque pensamos que hay que dejar sitio en los festivales, que hay nuevos grupos que están apretando fuerte.

¿Ahora sois una barrera para otros grupos?
Yo espero que no, aunque entiendo que haya gente a la que no les gustemos.


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