La segunda vida de la ropa upcycling

· 30 de mayo, 2018

Texto: Susana Golf

La industria de la moda (también) contamina, (también) derrocha. Pero (también) se compromete con el planeta y las gentes que lo habitan. Koopera Cáritas y la EASD de València han impulsado Sileo, diseño de moda con prendas recuperadas.

Sileo es una palabra latina. Habla de reiniciar, de nuevos comienzos, de segundas oportunidades, de renacer. Sileo es el proyecto que ha unido a la Escuela de Arte y Superior de Diseño de València con Koopera Cáritas. Estaban llamados a entenderse: ambos andaban en lo de las segundas oportunidades, el reciclaje, el ecologismo, la sostenibilidad, el slow… La moda aporta a las prendas reutilizadas (upcycling) otro ‘re’, el rediseño. No hay por qué renunciar a la creatividad y a las tendencias. Un montón de pantalones y camisas recién descargados del contenedor pueden transformarse en looks de pasarela. Un pequeño desfile -modelos de la agencia 5.0 Models Management; maquillaje y peluquería a cargo de alumnos de Let`s MakeUp School y música de Blackrozzeorganizado la pasada semana en la sede de Intramurs así lo demostró. La ropa desechada tiene una segunda vida. Tan solo hay que dársela.

Carmen Pastoriza reparó en un pequeño detalle. La magia de las pequeñas cosas. Durante su visita al almacén de Koopera Cáritas le llamó la atención que los fardos de ropa estuvieran atados con corbatas. Carmen no vio la practicidad, vio el brillo, vio la seda… y prendió la chispa: «eran como el patito feo». Entonces se planteó un intercambio: de género -vaqueros y camisas masculinas para un modelo femenino, un vestido-, de orden -le dio la vuelta a los jeans, lo de arriba abajo, lo de abajo arriba y abiertos como una falda- y cultural -un kimono de corbatas como símbolo de oriente a modo de chaqueta representando a occidente-.

Para Grisell Carballo, el reciclaje fue un descubrimiento. Su máxima, la comodidad. Por eso, explica, «elegí prendas masculinas, más holgadas, con más tela» y se dejó llevar. El resultado, un look femenino «mucho más lindo de lo que pensábamos». Leticia Navarro trabajó con dos camisas de rayas. De ahí salieron un vestido y un chaleco. Lo complicado, relata, fue el ensamblaje de trasera y delantera de las camisas para hacer el vestido de chica. Buscaba un diseño juvenil. María Manrique tomó como punto de partida los trajes de chaqueta. Un pantalón de pinzas se convirtió en una falda midi recta a juego con el cuerpo, acortado. Con otras dos chaquetas realizó la prenda superior, una apuesta más de diseño, donde destacan las mangas, el volumen y el escote. Pero todo con su estilo: «sencillo, ponible y comercial».

Las chaquetas y las camisas dan mucho juego, mucho de sí. Adela Mora apostó por una prenda nueva de una sola prenda vieja. La chaqueta, según sus propias palabras, más ruda, refleja la dureza del día a día, la necesidad de cubrirse, de ser fuerte; la camisa, la parte más vulnerable del ser humano. Tania Tommasi insufló nueva vida a sus prendas – dos camisas y un pantalón de vestir- gracias a los bordados. Decidió respetar las costuras y dio con ellos el toque stickers. El pantalón fue recortado en un short y las mangas cortadas de la camisa hacen las veces de cinturón.
Vicent Benavent se transportó a la niñez, a sus primeros pasos creativos, que fueron con la música, aprendiendo a tocar el piano. Para representar las teclas utiliza los plisados en dos piezas: un chaleco realizado con tres camisas (una como base principal, sin magas, y las otras convertidas en un gran volante) y tres vaqueros transformados en un vestido «simpático, divertido y asimétrico» en el que el giro del tejido y el ensamblaje de las perneras consigue una falda con volumen.

Estos siete alumnos del máster de moda sostenible de la EASDV, coordinado por la diseñadora valenciana Tonuca Belloch, han colaborado con Koopera Upcycling bajo la dirección del consultor de moda Tó Campos, uno de los estilistas habituales de URBAN. Este máster está inspirado en la slow fashion y en la corresponsabilidad de la industria de la moda con respecto al mundo que la rodea: «todo lo que haces tiene consecuencias», resume bien una de las alumnas. Y Tó Campos es todo un experto en la materia. Se trata de luchar contra la producción en masa y en condiciones laborales poco éticas, apoyar la artesanía, las pequeñas empresas locales, el comercio justo, el reciclado. De cambiar cantidad por calidad. Y de comprometerse con un mundo mejor: en Koopera Cáritas trabajan unas 600 personas, más de la mitad de ellas en situación o riesgo de inserción social: «No se puede mirar hacia otro lado».


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