Paco Montalvo: «Me da vergüenza leer que soy un genio»

· 29 de mayo, 2018

Texto: Amparo Barbeta

Cordobés de nacimiento y licenciado en violín por el conservatorio superior de Córdoba ha recorrido ya las principales salas del mundo con su violín como solista: Nueva York, Alemania o Moscú han sido testigos de su madurez artística, su virtuosismo y su personalidad. Mañana presenta en Les Arts «Alma del violín flamenco»

Es el creador de un estilo musical propio y completamente innovador, el violín flamenco. Paco Montalvo, con solo 25 años, es el violinista más joven del siglo XXI en debutar en el Carnegie Hall de Nueva York y está considerado por la crítica como uno de los mejores violinistas del mundo. Es un auténtico prodigio, un genio, aunque a él le ruborice escuchar halagos. Es el alma del violín flamenco.

Si con 25 años eres uno de los mejores violinistas del mundo. ¿Dónde está tu techo?
Es algo que ni me planteo porque lo único que intento es disfrutar con la música y pasármelo muy bien. La verdad es que no pienso si soy bueno o malo. Lo único que me interesa es disfrutar de lo que hago y que a la gente le guste.

¿Se acostumbra uno a que se dirijan a él en términos superlativos como genio, mago, virtuoso…?
Uf, es algo que me da mucha vergüenza. Leer que soy un genio, un mago… intento no ver las cosas positivas porque pienso que no es bueno creérselo. Mi filosofía es estar contento con lo que hago y hacer que la gente disfrute con mi música de una forma diferente como es el violín flamenco.

¿Niño prodigio, autodidacta o buen estudiante?
Creo que, en esta vida, todo el mundo nace con una facilidad para hacer algo y el problema es que a veces hay gente que no lo descubre. Lo importante, y eso lo tengo muy claro, es descubrirlo a tiempo y aprovecharlo. Yo, desde muy pequeño, tenía una facilidad especial para tocar el violín y lo he aprovechado. Tengo una formación clásica muy buena y a los nueve años empecé a dar conciertos tanto dentro como fuera de España. En mi caso todo ha sido fácil y ha ido fluyendo, primero, porque el violín me gusta mucho, y, segundo, porque mi padre me permitió formarme con los mejores maestros del violín. He ido a grandes universidades del mundo, he estado temporadas largas en Estados Unidos, en Moscú… Mi familia me ha permitido formarme y aprender de los mejores. Así que, cuando tuve la idea y capacidad de hacer flamenco, esa formación me lo permitió. Además de todo eso, el flamenco lo he vivido desde muy pequeñito escuchándolo en cada esquina de Córdoba.

¿Cómo, o por qué, te dio por tocar flamenco con el violín?
Al principio daba conciertos de clásico de Beethoven, Paganini… y poco a poco fui pidiendo que me dejaran hacer música española. Una anécdota. En uno de los conciertos de Nueva York vi anunciado que, al día siguiente, un intérprete chino iba a hacer música española. Me quedé sorprendido y pensé ¿yo qué estoy haciendo? Eso me picó el gusanillo y quise representar a nuestra cultura y música por todo el mundo. Entonces empecé a exigir a los programadores que querían contar conmigo que me dejaran hacer un programa clásico español. Ahí, por ese amor a nuestra cultura, empezó todo. De todas formas, cuando hacía el concierto de Paganini mi máxima inspiración era Paco de Lucía. No fue hasta los 21 años cuando di el salto y empecé a hacer espectáculos con el violín como instrumento principal, como la voz principal del flamenco. El proceso ha sido muy natural en parte por la pasión que le profeso a ese arte y la admiración que le tengo a artistas como Paco de Lucía.

Con el giro que le has dado al concepto clásico del violín, acercas este instrumento a un público menos selectivo.
Pero no sabía si iba a gustar o no…, arriesgué. Mi único propósito es hacer disfrutar a la gente y proponerle algo diferente y de calidad. Nunca he aceptado un concierto en el que no me sintiera cómodo y he rechazado muchas cosas porque no eran de mi gusto. Lo último que quiero es que alguien que pague una entrada para mis conciertos se aburra. Siempre he tenido claro que, clásico o moderno, lo que presentara tenía que ser flipante.

¿Cuál es tu mayor éxito?
Que la gente disfrute conmigo.

Tu percepción de la música clásica es, salvando las distancias, similar a la de Ara Malikian.
Él hace pop y rock y yo hago flamenco pero sí, coincidimos. El violín ha estado encasillado por la música clásica
como un instrumento aburrido y Malikian es quien ha logrado sacarlo de ese encasillamiento. Nuestra música y nuestras formas no tienen nada que ver, pero los dos buscamos que el violín pase de ser algo aburrido a algo apetecible. Y sin duda creo que lo estamos consiguiendo.

¿La música clásica es clasista?
Sí, aunque en música clásica también se pueden hacer conciertos muy bonitos y hacer disfrutar a la gente pero, sinceramente, en las últimas décadas lo que se está programando es difícil de escuchar. Así de claro. La música clásica me gusta mucho y tenemos grandes compositores pero lo que yo quiero hacer es traer el violín a nuestra época a través del flamenco.

¿Recuerdas tu primer violín?
No, la verdad, pero por las fotos sé que con 4 ó 5 años ya tenía uno. Lo que sí recuerdo es que cuando salía del colegio me iba a jugar al fútbol y luego me iba corriendo a tocar el violín porque era lo que más me apetecía.

¿Cuántos violines tienes?
4 ó 5. Tengo uno para los conciertos importantes y el resto son violines de estudio.

¿Les pones nombres?
[ríe] No.

¿Qué sientes al posar el violín en el hombro?
Al posarlo no siento nada, pero cuando empiezo a tocar es… pura vida. Es muy bonita la sensación de poder hacer música a través de un instrumento y comunicarte sin una palabra. Es algo fantástico.

Al público le provocas fascinación y conviertes tus actuaciones en mágicas. ¿Lo sientes sobre el escenario?
Hay momentos en los que siento que me teletransporto y de eso tiene la culpa la música y todo el conjunto que llevo detrás porque se crea una atmósfera muy especial en los conciertos.

¿A qué sabe el éxito?
No lo sé, no lo he mordido [ríe]. No sabría decirte. Solo sé que soy un afortunado por poder vivir tantas cosas con algo que me fascina.

¿Cuándo te diste cuenta de que ésta podía ser tu profesión?
Con 13 años hice mi primer viaje a Estados Unidos porque tenía un concierto en Chicago. Viajé acompañado de toda mi familia. En el avión pensé adónde iba, para qué y por qué. Fue entonces cuando me di cuenta de la responsabilidad que adquiría. En ese concierto descubrí que, de esto, me gustaba todo. Hasta esa experiencia, para mí todo era un juego porque no tenía responsabilidades pero en ese viaje descubrí el peso de la responsabilidad, me lo tomé como algo bueno y aposté por esto.


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