Pedro Ruiz: «Los políticos son los pastores que manejan el rebaño de los ricos»

· 24 de mayo, 2018

Texto: Antonio M.Sánchez

Actor, compositor, showman, poeta, cantautor… Llámenlo como quieran, o resuman diciendo Pedro Ruiz, el poliartista mil veces censurado y «amortizado por el poder». Pero él sigue en la brecha. Y a contracorriente, como siempre. Ahora que todo el mundo está histérico, él llega a València con Confidencial, un espectáculo íntimo, cercano y conciliador… O casi.

Nacido catalán, pero autodeclarado apátrida. Rebelde por romántico. Valiente porque quizá no puede evitarlo. Poliartista por vocación… Quien no conozca a Pedro Ruiz seguramente hace poco que llegó a España, o puede que tenga el cerebro colonizado por enredaderas de Sálvames, telediarios y otros espectáculos meteorológicos… Este tipo a prueba de poderosas indiferencias del poder desplegará de nuevo todas sus artes en el Ateneo valenciano, de la mano de Levante-EMV, los próximos días 25, 26 y 27 de este mismo mayo. Su nuevo espectáculo se titula Confidencial y, paradójicamente permanece fiel al espíritu revolucionario justamente por promover el sosiego y la concordia en estos puñeteros tiempos histéricos.

Confidencial. Un espectáculo íntimo, personal, cercano… No lo digo yo, lo vende usted así.
Sí, un rellano en mi carrera, a pesar de mi insolente juventud, porque solo tengo setenta años [cumplirá setenta y uno en agosto]. Y, encima, como estoy soltero… Hacía mucho tiempo que me debía a mí mismo trabajar en otro tono. Yo siempre he hecho un teatro muy batallador, estridente, con pantallas, músicas y bla, bla, bla… Y al final siempre terminaba con una reflexión en un tono que me gusta más. Así que ya tocaba un espectáculo en ese tono. Por eso en Confidencial no sale solo el artista, sale el hombre. Un hombre que les cuenta a los espectadores anécdotas de su vida absolutamente verídicas. Anécdotas reveladoras, inimaginables, todas verídicas. Y sin hacerle daño a nadie. ¡Ah!, y al final del espectáculo, y esto es novedad, permito que el público me pregunte lo que quiera.

¿Sin hacerle daño a nadie? ¿Usted?
Sí, porque creo que este país necesita un diluvio de concordia.

Y el público le pregunta. A un tipo que siempre ha sido celosísimo de su vida privada…
No hay problema. El espectáculo viene probado con algunas funciones digamos que escondiditas. Y te puedo asegurar que el público pregunta con mucho cariño, con mucha educación y, a veces, con mucha perspicacia. Además, yo no le tengo miedo a ninguna pregunta, porque las preguntas más duras ya me las he hecho yo.

Nos lo creeremos entonces. Confidencial, un espectáculo cercano, íntimo y verdadero…
Sí, adaptado a mi biorritmo. Como si estuviera en el salón de casa. Sencillo, llano, con testimonios y voces, con canciones y poesías, y con una pantalla de televisión y dos guitarras. No porque las toque muy bien, sino porque las toco muy mal y, si se rompe una cuerda, tardo mucho en cambiarla.

¿Qué pasa, que está en un momento especial de su vida?
Sí, necesito decir de otro modo. Ya no creo en la política. Ya no creo en el combate contra el sistema (aunque en el espectáculo explico cómo funciona con un croquis que se entiende muy bien).

¿Pero usted ha creído alguna vez en el sistema?
Nooo. Jamás. Y a medida que pasa el tiempo, menos. Precisamente por eso, ya no quiero que ensucie mis tripas. Tengo poesías, canciones, ilusiones y emociones, y muchas cosas que contar que no tienen nada que ver con la política. Lo cual, ojo, no quiere decir que no afirme cosas transgresoras, pero lo hago de buen humor. Es tiempo de concordia, no de estridencia. Y además Confidencial es un experimento. Como sabes bien, en los espectáculos como el mío, que rompen la cuarta pared, no hay segundo actor hasta que está el público delante. Ainhoa Arteta me dijo un día en La noche abierta una cosa que me gustó mucho: «Pedro, el público es un agujero que respira», y es verdad.

Disculpe la ignorancia, pero tengo una curiosidad. Usted ha chocado con todo el mundo, menos con la Iglesia, que yo sepa…
Sí, ya lo creo que he chocado. Imagínate, recién muerto Franco, actuar en Burgos parodiando al obispo Añoveros. Y en mi espectáculo anterior a este hacía al camarlengo del Vaticano hablando mal del papa Francisco. Claro que he tenido encontronazos, lo que pasa es que ahora la Iglesia manda menos, ¿no? Cada vez que actuaba en la España interior, me preguntaba qué pasaría. Y siempre pasaba algo.

¿Pero alguna vez le importó que pasara algo?
Sí. Sí, porque no lo parezco, pero yo soy muy tímido y no me gusta molestar a nadie. Pero, claro, en aquella época… Cuando debuté en Madrid, justo después de morir Franco, cada día teníamos una amenaza de bomba.

Pues igual ahora vamos avanzando hacia ese mismo pasado…
Sí, hay un retroceso tremendo en la libertad de expresión. A todo el que dice cosas contra el sistema se le pasa factura. Estamos en un momento de regresión absoluta. Qué quieres, para mí la democracia es simplemente la dictadura del dinero, punto final. Se está desplomando todo. Esto es una superposición de mafias, y arriba un rey o un presidente de la república, da lo mismo.

Y usted, para variar, a la contra. Cuando todo se encrespa y polariza, a predicar buen rollo…
Pues sí. Ahora han hecho de todo un Sálvame. Estamos en el Sálvame Cataluña, en el Sálvame Cifuentes… Ya sabes que hace muchísimo tiempo que no salgo en la televisión. Y que jamás he participado en un debate. Sí, voy contra la corriente porque ahora toca conciliación, porque ahora lo revolucionario es respetar y unir.

Ya que ha mencionado a Cataluña, su tierra… El año pasado, en León, confesó usted que se sentía muy triste por todo lo que pasaba y que los mandaría a todos a Somalia. ¿Qué piensa un año después?
Esto se resume en dos palabras. Soy apátrida. Yo no he jurado bandera, porque el día que tenía que hacerlo, en vez de decir sí, juro, dije sí, juráis. Este planeta es muy pequeño. Hace 4.500 millones de años que existe y nosotros estamos presumiendo de modernidad porque tenemos unos trastos con unas aplicaciones que nos dicen si corren las ardillas por Canadá. Total, que tenemos una inflamación de ombligo extraordinaria. Resumo: La humanidad no es más que una infección del planeta Tierra. ¿Barras, franjas, estrellas…? Me da una pereza extraordinaria. En Cataluña se han fumado un porro y en Madrid se han convertido en estatuas de sal, y ahora puede ser muy tarde para arreglarlo. Y, ojo, que con jueces no se arregla.

¿No ve Pedro Ruiz ninguna esperanza por ningún lado?
No, esto se ha hundido ya. Aquí nadie cree en nada. La democracia es una parodia y los políticos son los pastores que los ricos tienen para manejar el rebaño.
Esta parodia ya no aguanta, y cuando caiga, vendrán otros que, después de muy poco tiempo, acabarán en otra parodia. Fíjate que hace treinta años, cuando hice Pedro por su casa (desde entonces no me han vuelto a dejar hacer nada en la tele, y no hablo de política, sino de que aquí hay que repartir con los productores habituales…), haciendo una parodia de Séneca jugando al parchís, senté en la misma mesa a Fraga, Carrillo, Txiki Benegas y Rodríguez Sahagún. Algo así hoy es imposible. Mi amigo Évole intenta hacer esto y bueno…

Desengrasando, como en Confidencial. ¿De todas sus facetas artísticas, cuál no dejaría por nada del mundo?
A mí lo que más me impulsa, el sitio donde me refugio, es la poesía. El verdadero romanticismo es la rebeldía.


Te puede interesar...