Beatriz Abad: «Mi cuerpo no puede estar quieto»

· 22 de mayo, 2018

Texto: Amparo Barbeta

Has estudiado en Londres, Los Ángeles, Tokyo, Paris, Nueva York, China. Lo tuyo es una formación internacional y multicultural y lo demás son tonterías.
Es que me gusta mucho viajar y trato de hacer viajes en los que pueda recibir clases de baile. Me gusta ir a escuelas importantes en la que haya coreógrafos buenos y superconocidos.

¿Y a estos cursos se accede mediante casting o previo pago?
Pagando, porque voy a clases regulares. Bueno, este verano estuve en Los Ángeles porque con una compañía china estaba en la final del World of dance y fue diferente.

Pues has invertido un dineral en formación.
Es que hay que currárselo. En la danza hay que estar siempre actualizándose y nunca se deja de aprender. Siempre están surgiendo nuevos estilos o nuevas formas de entender la música y hay que aprender. Cuanto más te formas, más oportunidades tienes. Ahora que estoy en España me estoy formando en contemporáneo y bachata.

¿Y esa inversión ya tiene retorno?
Lo que gano lo invierto en mi formación. Llevo cinco años viviendo en China y allí he actuado en grandes conciertos, en escenarios supergrandes con más de diez mil personas de público y con artistas superconocidos de allí, aunque aquí nadie sabe quiénes son.

¿Cómo llegaste a China?
Me salió la oportunidad con un contratillo de seis meses pero me quedé cinco años. En la compañía del amigo de una amiga estaban buscando una bailarina, así que envié mis fotos y videos y me cogieron. Cuando pasaron los seis primeros meses, ví que allí había muchas cosas que explorar y lo alargué. De una cosa surgió otra y otra…

¿Qué tal la experiencia?
En general positiva, pero en la vida no todo es bueno. Lo bueno es que de lo malo salieron cosas buenas y aprendí. Me timaron, perdí todos mis ahorros y me quedé allí con solo 200 euros. Y no fue lo peor: días después acababa contrato. ¡Imagínate! Me quedé en medio de China, prácticamente sin dineropara volver y sin trabajo. Así que me quedé un poquito más allí. Al tiempo me salió un trabajo, conocí a mi marido e hice un montón de amigos. Así que, gracias a que me robaran, la aventura continuó y me fue muy bien.

¿Cómo llegaste al mundo de la danza?
De pequeñita me gustaba subirme al escenario y me encantaba hacer playback. Con 11 años me apunté a hacer aerobic porque tenía unos quilillos de más y quería ponerme en forma. Un día mi profesora nos dio una clase de hip hop y me enamoré de la danza urbana. Bailar dejó de ser para mí un ejercicio, y pasó a ser la manera de expresar con el cuerpo lo que sentía al escuchar la música.

¿Crees que en España se valora poco la danza?
Ahora se valora más que cuando yo empecé y hay muchas más oportunidades. Ahora, en la tele se ven más bailarines y eso incentiva. En China económicamente está mucho mejor valorado.

A la hora de bailar e interpretar con tu cuerpo, ¿qué se te da mejor?
Depende del día, del estado de ánimo y de cómo me pille el día. Cuando escucho algo, mi cuerpo responde inmediatamente y no se puede estar quieto. Ya puedo estar cansada que, tras estar todo el día bailando, escucho música y me engancho.

¿Te cuidas mucho?
Sí. Es conveniente vigilar lo que se come, hacerlo bien y de forma equilibrada. Complemento mis horas de danza con ejercicio físico porque eso ayuda a que el cuerpo resista más, tenga más potencia, elasticidad y fuerza.

¿Cuánto hace que no te has comido un donut?
Ni me acuerdo. Hace meses. Creo que me comí uno en Estados Unidos.

¿Y cuántas horas entrenas al día?
Depende. Ahora que estoy en modo light un poquito menos. La media es de unas cinco horas al día.


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