Miguel Poveda: «Mi relación con Lorca es de pura obsesión»

· 21 de mayo, 2018

Fotografía: Sergio Lardier


Texto: Amparo Barbeta

Un día, Miguel Poveda soñó en subir al Everest solo. Sin red. Lo ha logrado y está «tremendamente feliz». Es un símil. Su reto era poner voz a algunas de las obras más exquisitas de Federico García Lorca, el poeta granadino al que tanto admira, y hoy puede gritar que, casi él solito, lo ha conseguido. La felicidad lo ha enlorquecido.

Siempre había navegado en el océano que es la vida y obra de Federico García Lorca pero nunca había buceado tanto como en estos años llegando a enlorquecer de una manera arrebatada. Para mí, este disco ha supuesto un antes y un después en la manera de entender la vida», lanza Miguel Poveda antes de iniciar la entrevista. Entusiasmado ante el disco que hoy ve la luz, el cantaor confiesa que se ha dejado «el alma» en este proyecto y que, muchos años después, vuelve a sentirse como un niño con zapatos nuevos. Dice que su estado se debe a que está «enlorquecido».

¿Cómo se vive enlorquecido?
Se vive bien [ríe]. Te diría que es como una locura extrema pero sana y enriquecedora. Lo que he aprendido sin pensarlo en este viaje de casi tres años, que es cuando tomé la decisión de embarcarme en esta historia, ha sido impresionante. Ha sido una experiencia de vida que no la cambio por nada.

¿Desde cuándo sientes predilección por Lorca?
Casi de siempre. Cuando empecé a tomar contacto con la poesía, Lorca me llamó mucho la atención. La gente del flamenco le cantaba más a Lorca que a otro poeta y era como que, sin yo quererlo, lo tenía presente; entonces, Camarón de la Isla había grabado La isla del tiempo y Carmen Linares había hecho un disco precioso de las canciones populares. Federico y su mundo me atrapó desde el inicio. Me fascina su vida, su filosofía, su sentido de la justicia y su amor por lo popular alternado con lo culto. Decidí hacer una obra entera de él porque me apasiona y, al entrar en su mundo, es cuando me dí cuenta de haberme metido en un universo mucho más grande de lo que yo pensaba.

¿Y esa inmersión en el mundo lorquiano ha llegado a ser una obsesión?
Sí, absoluta. Pura obsesión. Cuando salía del estudio quería saber más, más y más de Federico, de su obra, de sus amigos, de la gente que hablaba de él por ver cómo lo describía, dónde estuvo, cómo pensaba, sus fotografías, sus dibujos… Federico no solo es un poeta genial, sino un dramaturgo excelente, un apasionado de la música, un gran conferenciante, un gran comunicador que se apoderaba de la situación allí donde estaba. Tiene una personalidad tan carismática que te atrapa, te obsesiona y tienes continuamente hambre de él a todas horas . A veces, me despertaba por la noche y seguía buscando y buceando en su vida. Llegó a un punto que fue pura obsesión.

Y como experto en Lorca, ¿me lo podrías definir en pocas palabras?
Creo que si la gente conociera un poco a Federico sería religión. Federico sería un Dios no solo por su obra y por cómo escribía sino por su sentido de la vida, de la justicia, del amor y de todo ese tipo de cuestiones. Sería un Dios a seguir y a adorar.

En las doce canciones que componen este nuevo álbum repasas la vida del poeta granadino. ¿Cómo has afrontado la selección?
La afronté sin red ni pautas. Iba leyendo e iba lanzando lo que me hacía enfatizar de forma más o menos fuerte y analizaba a qué le podía o no podía poner música, porque esa también es otra cuestión. Al principio quería asumir la música y no se la quería encargar a nadie, pero luego pedí que me ayudaran a resolver algunas ideas. La selección la hice por sensaciones, leía un texto y pensaba ‘esto lo necesito contar y cantar’ y al final he hecho un recorrido muy variado. En el disco está el Federico comprometido con Grito hacia Roma; el Federico más idílico y amante del paisaje y de su tierra, de los campos, de las cosas más andaluzas; el Federico entusiasta de los viajes; el Federico muerto de amor de los Sonetos del amor oscuro; y luego, el premonitorio que es el que me fascina por el hecho de que escribiera tantos poemas en los que parecía que estaba despidiéndose antes de su muerte. Hay una tema que es Canción de la muerte pequeña que es impresionante; también No me encontraron que es un fragmento del poema Fábula y rueda de tres amigos.

¿Estás ante tu obra más comprometida y personal?
Sin duda, porque la he vivido desde dentro. He intervenido en todo, desde la portada, al diseño interior, a la idea del libreto, la música, la selección de poemas… y, además, lo he podido editar con mi propio sello discográfico. Es, no sé como explicarlo, todo muy mío. Este disco es un trozo de mí. Estoy esperando a que me lleguen los discos y estoy como un niño pequeño dando vueltas sin saber qué hacer de los nervios que tengo; creo que cuando me lleguen voy a llorar como un bebé porque han sido tantas y tantas horas de trabajo, de ideas, de apuntes, de reuniones, de desvelos, que estoy…

Ahora le cantas a Lorca y ya lo hiciste con Miguel Hernández, ¿quién será el siguiente?
Lo bueno de Federico es que, sin darse cuenta, me ha presentado a muchos poetas de su generación que son maravillosos. Palabra de Lorca es un libro precioso de Víctor Fernández en el que se recogen todas las entrevistas y declaraciones que Federico concedió a lo largo de su vida y en la mayoría, si te das cuenta, destaca a Fulanito, Menganito. Federico me ha descubierto a mucha gente de su generación que es maravillosa como Dámaso Alonso o Vicente Aleixandre. Quiero indagar más en poetas de esa generación que han estado un poco más en la sombra, a los que él conocía, a los que él ha destacado o admirado. De alguna forma, cuando vuelva a cantar a poetas, cantaré a poetas que estén vinculados a Federico.

¿Qué le queda por explorar en el mundo del cante?
Todo, lo bueno de la música flamenca es que es un universo inagotable. Llevo treinta años cantando y aún me encuentro con grabaciones que aparecen, con formas de cantar, con cantes rescatados de generaciones anteriores, de formas distintas de decirlo… Es una música tan bestia y tan grande que me queda por explorar muchísimo. Hay cantes que se me dan mejor que otros porque el abanico es muy amplio pero yo quiero cantarlos todos. Como soy así de pesado, siempre estoy indagando en las formas cantaoras, la de Huelva, la de Cádiz, la de Málaga porque cada provincia es un mundo.

Que te digan que, hoy en día, eres el cantaor de flamenco más importante que hay, más que un reconocimiento ¿es una presión añadida?
No me reconozco en esto, la verdad. Quizás aparezco más que otros o tengo una proyección diferente, pero no es algo buscado. Yo no soy lo importante, lo importante es la música flamenca y dentro de ella, por suerte, destaco a todos mis compañeros como Jesús Mendez, Antonio Reyes, Alba Heredia, Argentina, María Terremoto, que son artistas a los que deben tener en cuenta las instituciones porque hay que apoyar a la música flamenca. Con el flamenco tenemos un tesoro con un valor artístico grandioso y eso es lo importante. Nosotros somos comunicadores, nada más.

Treinta años de carrera, siendo tan joven, dan para mucho. ¿Te has parado a pensar y hacer balance?
Me da vértigo la falta de respeto al tiempo. Ahora me tomo el tiempo con mucha más limitación. Cuando eres joven, te crees que siempre vas a ser joven y estamos equivocados. Con 20 veía a los hombres de 45 como señores y, sin darme cuenta, ya tengo 45. Lo importante es que la vida te dé salud y poder y saber aprovecharla. Creo que duraré treinta años más, pero, por si acaso, voy a aprovechar el tiempo al máximo, no lo voy a malgastar en tonterías y voy a dedicarlo a lo que realmente tiene valor.

¿Cambiarías algo de lo que has hecho?
Cambiaría muchas cosas. No entiendo al que dice que no se arrepiente de nada, la verdad. Arrepentirse es una señal de reconocimiento aunque ya no se pueda hacer nada. Lo malo es tropezar dos veces con la misma piedra porque, en la segunda, ya no tienes excusa.

¿Sientes que tu carrera profesional ha discurrido y discurre tal como tú te la habías diseñado?
Honestamente, con 20 ó 25 años, no tenía la madurez suficiente para saber cuál era mi senda. Solo sabía que quería cantar porque esa era mi pasión y mi vocación. Yo tenía que cantar y quería compartir mi música con otros músicos. Pero no solo quería hacer flamenco, porque no me sentía maniatado a esa música, yo me sentía capaz de cantar otras cosas. Yo solo pensaba en nutrirme, aprender y crecer a nivel personal a través del arte. En el colegio perdí el tiempo; no estuve donde tenía que estar y de eso tomé conciencia con veinte años cuando pensé ¡hostia, la he cagao! Fue entonces cuando comprendí que a través de la música, con los viajes, con compartir y estar con gente, iba a aprender lo que no había aprendido en el colegio. Con los años descubrí por dónde quería ir y ahora lo sé. Llegó un momento de mi vida en el que yo quería ser libre y por eso siempre he grabado con discográficas independientes porque eso me permitía hacer lo que yo quería. Siento que mi esfuerzo me pertenece y siempre he querido tener mi propio universo y mis cosas. Nunca he querido ser el empleado de nadie.

¿Sigues sintiendo mariposas en el estómago antes de salir a cantar?
¿Mariposas? siento dinosaurios, águilas, pájaros… y cada vez más.

Derrochas una energía y emoción contagiosa, ¿todo esto te lo está trasmitiendo Lorca? ¿necesitas este disco para automotivarte?
Sí, porque era un reto que me había puesto a mí mismo. Yo quería hacer un disco de Federico García Lorca y lo quería hacer solo. A ver cómo te lo explico. Sentía como si estuviera bajo del Everest y pensara en cómo llegar a la cima yo solito. ¿Sabes? Pues he conseguido subir a la cima. ¿Me entiendes? Es una satisfacción tan fuerte la que siento que ahora pienso que puedo hacer cualquier cosa. Este disco ha sido muy enriquecedor para mí. Pero bueno, solo, solo, no he estado, hay gente como Joan Albert Amargós que ha colaborado en el proyecto.

¿Está viviendo el flamenco una nueva década dorada?
Creo que sí. Soy muy optimista porque hace casi treinta años, cuando yo empecé, los grandes cantaores eran mayores y no había tanta gente joven como ahora cantando flamenco. Entonces, la media era de cincuenta para arriba; estaba Valderrama, La Paquera, El Chocolate, Juanito Villar, Francisquito, Vargas… te puedo nombrar muchísimos, pero no había cantera. Con los años apareció otra gente que, por cierto me encanta y es maravillosa, que estaba en la onda de Ketama, Pata Negra… Ahora es cuando yo veo y reconozco un ramillete muy amplio de artistas jóvenes con una pasión a lo tradicional que a mí me da un alivio tremendo. Ahí está María Terremoto que es un bicho y un montón de artistas buenísimos tanto en la guitarra como en el baile. En el cante, que es lo que me toca a mí, creo que es un momento muy optimista.

Si Miguel Poveda no hubiera sido cantaor, ¿qué habría sido?
Lo he pensado muchas veces y cada vez pienso en algo diferente. Ahora mismo me hubiese gustado ser poeta. Pero con ser feliz me conformo.


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