Els nostres: «Escapar para vivir»

· 15 de mayo, 2018

Fotografía: Jose Luis Abad


Texto: Amparo Barbeta

Denuncia y reflexión. Dolor. Sentimientos a flor de piel. Empatía. Pérdidas. Responsabilidad. Els nostres, la obra que del 16 al 27 de mayo se representará en el Teatre Principal, expone el drama de la inmigración. La tragedia diaria de miles y miles de ‘invisibles’ que huyen en busca de un futuro. ¿Mejor?

Guerra, hambre, miedo. Dolor, mucho dolor. Desgarro. Millones de personas se han visto obligadas a emigrar. A dejarlo todo. A, sin querer, desarraigarse. A ser invisibles. A huir con lo puesto. A escapar para vivir. A viajar, pero en un viaje en el que se ahogan muchas esperanzas. Y se inician otras. Els nostres reflexiona sobre ello. Lo hace sin maquillaje ni florituras. Expone el drama tal como es. O, mejor dicho, como lo perciben los cuatro autores que al limón han escrito la pieza. Alrededor de una mesa, Xavier Puchades, Patrícia Pardo, Begoña Tena y Juli Disla se han unido para crear la obra que, del 16 al 27 de mayo, se representa en el Teatro Principal de València. Una pieza escrita desde las tripas tras un largo proceso de documentación y debate con el que los autores valencianos han intentado acercarse a la inmigración desde
diferentes ángulos y perspectivas.

Els nostres, coinciden los autores del texto, habla del dolor y la responsabilidad, de una Europa experta en mirar hacia otro lado. Del descubrimiento y del por qué. «Ante un drama como éste no nos podíamos quedar con los brazos cruzados y hemos intentado buscar y rebuscar porque nunca son visibles los ejecutores», lanzan. «El teatro tiene la obligación social de ahondar en las tragedias mundiales y la inmigración es una de ellas», remarca Juli Disla. «Conviene recordar -replica Xavier Puchades- de dónde venimos y lanzar un aviso de hacia dónde nos dirigimos. Los medios se refieren a estos hechos como ‘tragedia de la inmigración’, como si afectara únicamente a aquellos obligados a migrar de sus países, como si esta tragedia no fuera con nosotros. Es muy sencillo transmitir que, como tragedia, es fatal e irreparable, que el problema lo tienen ellos y que, al final, se convierten en un problema de convivencia para nosotros.
Es necesario no dejar de dar puntos de vista diferentes, contrarios al que va calando oficialmente, que ahonden lo suficiente para entender que esta tragedia es global».

La obra, una coproducción de la Diputació de València y el Institut Valencià de Cultura, dibuja un recorrido por los diferentes lugares, alrededor del Mediterráneo, donde se está produciendo un éxodo masivo de personas que huyen de la guerra, del hambre y del miedo.

«Decía el poeta Abdellatif Laabi que no basta con una mano para escribir en los tiempos que corren. Y si el tema es de actualidad, el tiempo corre todavía más, con el peligro añadido del rápido olvido mediático. Quizás tampoco basta con ocho manos para hablar del éxodo forzado, de la fuga de miles de personas de sus países empujados por el horror de la guerra o el expolio. Para hablar de la tragedia, que no del problema de la migración, empezamos a escribir con la prudencia justa para juzgar. Pusimos palabras con temor de equivocarnos, con la incertidumbre de perdernos a la deriva y no encontrar el camino. ¿Quiénes somos nosotros para hablar de nadie? Los verdaderos protagonistas de esta tragedia nos decían: ‘no habléis de nuestro viaje, no sirve de nada. Hablad de los invisibles

de verdad’» reflexiona. «Y finalmente eso intentamos: rascar sobre la superficie para encontrar, intuir, comprender las causas y el origen de estas tragedias. Y nos hemos topado con un barco a la deriva, con náufragos en todas las orillas, con una impotencia huérfana en medio del desierto. Nunca son visibles los ejecutores», argumenta Patrícia Pardo.

«Els nostres habla de los invisibles, de los invisibles en el poder, de los invisibles olvidados en el fondo del mar y de quien permite que suceda esto. De los barcos y pueblos abandonados, de las tripulaciones esclavizadas, de la precariedad reinante, de la hipocresía y crueldad de las clases dirigentes, de la dictadura del poder económico», apunta Begoña Tena.

La pieza, sostienen los cuatro autores, rastrea las consecuencias de la actual oleada de refugiados y entre otras situaciones denuncia el uso de mano de obra barata, la creación de naciones artificiales después de la I Guerra Mundial que desembocaron en Estados fracasados con enfrentamientos civiles y étnicos; y, por último, el proceso de intervenciones militares, debido en muchas ocasiones a negocios energéticos, más allá de las presiones ejercidas por la industria de armamento. Otro de los aspectos que se tratan en Els nostres es la manipulación de los medios y de los gobiernos a la hora de presentar a las personas migrantes como elementos desestabilizadores del orden o del bienestar.

La obra, cómo no, generará debate y reflexión. «No es epidérmico. Tal vez lleve a tener otra mirada sobre las migraciones, sobre cómo participamos o nos dejamos rozar, como europeos, de otras realidades. Generar otros discursos, discrepantes, sobre el tono unificador que generan los medios, los gobiernos…
Quizá despierte la empatía, que desplace a la indiferencia. Quizá permita no olvidar», desea Begoña Tena mientras Juli Disla incide en que el público debe acercarse al teatro con la expectativa de ver «algo crudo y sin concesiones» aunque con dosis de «humor». «En Els nostres, el público no encontrará respuestas al dolor y a las desgracias humanas pero sí denuncia, crudeza y realidad más allá de lo que nos pasa cada día en el salón de nuestra casa». Xavier Puchades, sin embargo, lo relativiza: «El público debe ir con las mismas expectativas y mentalidad que va a ver teatro».

Eva Zapico es quien dirige en escena a Lucía Aibar, Carlos Amador, Empar Canet, Rosanna Espinós, Amador Artiga, Cristina Fernández Pintado, Àngel Fígols, Estela Martínez, Toni Misó y Miguel Sweeney: «La responsabilidad de hablar del sufrimiento ajeno es inabarcable. Porque sé que es difícil, incluso con la mejor intención, no caer en la condescendencia, la delectación emocional y el exhibicionismo. Da vértigo intentar hacer algo que modifique, aunque sea muy poco, aquello que está sucediendo. Saberse con el privilegio de tener el espacio para la denuncia, para la reflexión. Albergar la esperanza de la posibilidad que, narrando, algo cambio».


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