Marta Díaz de Lope Díaz: “El mío es un humor muy terrenal. Aunque es cierto que en ‘Mi querida cofradía’ hay momentos delirantes”

· 7 de mayo, 2018

Se estrenó en Málaga, donde Carmen Flores se hizo con el premio a la mejor actriz de reparto por su actuación en esta película, que acaba de ganar el Premio del Público a la Mejor Comedia en el BCN Film Fest. Mi querida cofradía es el primer largometraje de la realizadora andaluza Marta Díaz de Lope Díaz, una comedia auspiciada por la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña), el centro donde realizó sus estudios de cine.

Marta Díaz,como se ha dicho ya, es una realizadora salida de la ESCAC. Andaluza de Ronda (Málaga), y cuando tenía solo 18 años, eligió Barcelona para estudiar, en lugar de la más cercana Madrid, porque el temario en el centro catalán no estaba tan especializado y, en principio, le permitía acceder a un conocimiento más general del cine. «Recuerdo mirar el programa académico con mis padres y ver que el de la ESCAC tenía ese empezar más desde la base. Porque, claro, a mí me gustaba el cine, pero no tenía ni idea de cómo se hacía».

¿Por qué le gustaba el cine?
Bueno, en realidad, lo que me gustaba mucho era escribir. Pero también me gustaban el cine, la música… El cine abarcaba muchos campos y por eso me embarqué. Después, cuando ya descubrí lo que era ponerse detrás de las cámaras, me gustó mucho más.

¿Lo que se imaginaba era muy diferente de lo que encontró?
Pues recuerdo muy bien que, entre las cosas que más me sorprendieron al principio, estaba el gran nivel de preparación previa al rodaje. Eso, y muy especialmente el trabajo en equipo, esa sensación de encontrarte con gente con intereses e inquietudes comunes. La emoción y las ganas que teníamos, el nivel de implicación de todo el mundo… Eso fue muy bonito, un gustazo.

¿Por entonces ya había visto muchas películas?
No, la verdad es que cuando llegué a Barcelona no había visto mucho cine. Me gustaba, sí, y me gustaban mucho los musicales, por ejemplo, Sonrisas y lágrimas… Tenía un perfil de espectador normal, y por eso también la escuela fue tan importante para mí, porque me abrió muchísimo los ojos. Eempecé a ver todos los clásicos, a asimilarlo todo, a empaparme como una esponja.

¿Y ahora qué cine le gusta?
Me gustan muchos tipos de cine. Pero es verdad que siempre he tirado mucho por el cine español y acabo haciendo cosas que van por el lado de la comedia, por lo cotidiano, por lo costumbrista… Me han gustado muchísimo siempre Berlanga, Almodóvar, Saura… Pero, claro, en la escuela descubrí muchas cosas. Recuerdo, por ejemplo, que en aquel momento me encantó Kieslowski… Era un descubrimiento continuo.

Su tarjeta de presentación es justamente lo que decía, Mi querida cofradía, una comedia española de raíz popular…
Sí, nace de esos gustos, de esos referentes. Con todo lo que he ido descubriendo y aprendiendo, pero, al fin y al cabo, tiene los elementos que siempre me han interesado: la comedia, el punto de vista femenino…

¿Qué tipo de humor?
El mío es un humor muy terrenal. No tira tanto al absurdo, es contenido… Aunque es cierto que en esta película hay momentos bastante delirantes, con mucho enredo y situaciones que a veces están llevadas al límite.

Emociones desbordadas en una procesión…
Sí, es verdad, porque la idea de la película me surgió viendo una procesión de Semana Santa en Ronda. ¡Mira que yo he visto procesiones!, pero en aquel momento miré con otros ojos y me emocionó. Entonces, pensé: Bueno, si yo, que no soy creyente, estoy emocionada por esta atmósfera, por la música… Y me di cuenta de lo que había ahí en cuanto a elementos dramáticos interesantes para contextualizar una historia sobre algo que, además, tampoco se ha visto mucho en el cine. Ligado a la comedia y a un punto de vista femenino, me pareció un contexto muy interesante. De ahí parte todo.

Así que la protagonista es una mujer, Carmen Ruano (interpretada por Gloria Muñoz). ¿Pero cómo introduce el punto de vista feminista, porque tampoco es una santa…?
No, claro. Carmen es una mujer que lleva toda la vida en la hermandad, con mucha devoción, con mucho sacrificio, y en un momento dado parece que le llega la hora de hacerse con el puesto de hermana mayor. Pero, claro, cuando ve que no la eligen precisamente por ser mujer, no reacciona precisamente bien y la cosa empieza a írsele un poco de las manos. Se trataba de hablar de eso, que es la trama en sí, pero también de los personajes, de la Semana Santa y de la gente que la conforma, del aspecto más humano de la tradición, de ese elemento cultural de Andalucía.

No siendo usted creyente, ¿la película le ha descubierto aspectos desconocidos que le hayan hecho cambiar siquiera un poco el punto de vista?
Lo que he descubierto es, precisamente, esa sensación de hermandad, de grupo, de equipo de una gente con un gran interés común en que todo salga bien. De todos modos, más allá de eso, la película habla más de la relación de Carmen con las mujeres que la rodean y que, sin pertenecer necesariamente a ese mundo de la Semana Santa, se unen para que ella consiga su objetivo. Es la idea de la unión entre mujeres, recurrente en las historias que escribo. Para Carmen es muy importante la hermandad, pero para la hija, la vecina o la nieta no lo es, lo cual no quita para que se ayuden entre sí como mujeres. Digamos que la Semana Santa funciona como contexto, pero la historia se podría haber desarrollado perfectamente en otros ámbitos, en cualquier sitio que haya una cierta relación de poder.

¿Los hombres salimos muy mal parados?
Yo creo que no. Es cierto que hay determinados personajes masculinos que todos podemos reconocer, ese tipo un poco más chapado a la antigua, más conservador… Bueno, era un poco el papel que les tocaba para que yo pudiera contar la historia de Carmen.

O sea, que ha exagerado un poquito el contraste de sexos. ¿O también hay mujeres conservadoras y hombres modernos?
Hombre, cuando voy a hacer una historia así, sé que, obviamente, algunos personajes masculinos no van a salir muy bien parados, pero entre comillas… También los hay que apoyan mucho a la protagonista. Por ejemplo, el mejor amigo de Carmen es el vestidor de la Virgen, casi su guía espiritual. Hay muchos tipos de personajes en la peli, no todo es blanco o negro.

Una especie de guerra de sexos con olor a incienso…
[Ríe]. Bueno, sí, un poquito. Guerra de sexos con olor a incienso y sabor a torrija…

Siendo una película hecha al calor de la ESCAC, ¿hasta qué punto tuvo libertad para escoger a los equipos?
La escuela nos ha dado mucha libertad. Tanto en la escritura del guion, en la que pude hacer lo que quería, como en la elección de equipos, que la mayoría eran compañeros de promoción también noveles. Claro, la escuela fomenta eso, que los directores y los jefes de equipo técnico den su primer paso en el largometraje. En cuanto al equipo artístico, muchos de los actores son propuestas de las jefas de casting. Con Carmen Flores ya había trabajado en muchos cortos y he conseguido que estuviese en el reparto. Es una película muy coral y hay un poco de todo, pero es verdad que la base es la propuesta de las directoras de casting, pero sin imposiciones.

¿Dónde encontró la mayor satisfacción y la mayor dificultad?
Veníamos de hacer cortos, y siendo esta vez un proceso tan largo… Yo empecé a escribir la película hace cuatro años y, claro, la presentamos hace una semana, así que hay que aguantar todo ese tiempo y ese proceso sin perder la perspectiva de lo que estás haciendo. Lo largo del proceso fue lo más difícil. El disfrute, todo: rodar con mis compañeros de siempre, tener un equipo artístico encantador, mi aprendizaje en todos los procesos…

Ya vendrá otra comedia en camino…
Sí, creo que la próxima película también irá en tono de comedia, pero quizá no tanto de enredo. Aunque quién sabe…

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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