Rozalén: «Hay que mojarse porque vale la pena»

· 30 de abril, 2018

Texto: Amparo Barbeta

Rozalén es generosa. Y honesta. En Cuando el río suena, la cantautora comparte su vida y la de su familia. Lo hace a corazón abierto porque «cuando nos ponemos así, no hay nada de mentira». En su último álbum, disco de oro, habla de todo porque «cuando se habla de las cosas es cuando se curan»

Dice que escribe sobre lo que vive y que «con amor y respeto» se puede escribir de cualquier cosa. Pero también reconoce que, últimamente, le da mil vueltas a lo que escribe para intentar no molestar a nadie «y aun así, siempre hay alguien que se molesta». Confiesa, con la voz quebrada, que se siente «mucho menos libre» que hace un tiempo. Rozalén está de gira y sus canciones sobre el feminismo, la memoria histórica, la crisis de los refugiados, el empoderamiento, el celibato, el amor o el desamor se podrán escuchar en unos días en el Teatro Antonio Ferrandis de Paterna. En Cuando el río suena, Rozalén se sumerge en sí misma.

Defendía hace unas semanas El Kanka en estas páginas que con su música apuesta por intentar cambiar el mundo desde la cotidianidad. Usted es una importante activista social y en sus letras así lo demuestra. Con propuestas diferentes, ¿los cantautores vuelven a incluir el tono de denuncia en sus canciones?
Siempre ha habido cantautores que incluían el tono de denuncia en sus canciones, lo que pasa es que ahora se nos está dando más visibilidad. Siempre hay motivos que denunciar y motivos por los que luchar. Ahora parece que existimos, pero hay muchos y siempre los ha habido.

Usted es de las que lucha con flores y palabras. ¿Siente que ha llegado el momento de posicionarse?
En determinados asuntos me posiciono, pero en otros no tanto. Me posiciono en las cosas que son de cajón, como de primero de humanidad. Siempre es momento para dar un puñetazo en la mesa, decir, así son las cosas, así pienso y así creo que deben de ser. Hay que mojarse porque vale la pena.

El hecho de que cada vez seamos más susceptibles a las cosas, ¿le condiciona a la hora de escribir una canción?
Por supuesto que sí. Me siento mucho menos libre que hace un tiempo. Cada vez que escribo algo le doy mil vueltas para intentar no molestar a nadie y, aun así, siempre hay alguien que se molesta. El problema es que ahora está muy poco delimitado dónde está el límite de la libertad de expresión, del humor, de dónde está mi libertad y dónde la tuya… Está la cosa complicada todos nos cuestionamos qué debemos y qué no debemos decir y eso no mola.

Vamos, que la actual libertad de expresión, es una falacia.
Libertad de expresión ya no hay como antes porque, si la hubiera, no nos la estaríamos planteando. Ahora hay cosas que no pongo en redes porque no quiero entrar en polémica. Hay un cierto miedo, claro que sí. Está la cosa muy complicada.

Se adentra en historias familiares y luego las comparte con su público. ¿No le da apuro? ¿no se siente como algo más desnuda ante la gente?
Apuro me da, sí, porque cuento cosas muy personales y familiares y no es que me moje yo, sino que meto a mi familia, pero es que me siento muy orgullosa de todo lo que son ellos. Y sí, claro que sí, estoy desnuda completamente y en eso no puedo ser más honesta. Es lo que hay con lo bueno y con lo malo. Cuando nos ponemos así hay mucho más que decir porque no hay nada de
mentira.

El abanico de sus canciones es amplísimo, habla de feminismo, empoderamiento, memoria histórica, celibato, crisis de los refugiados, amor, desamor.
¿Los temas se los plantea, o las letras, cuando se pone a componer, le van fluyendo?
Siempre fluyen porque son temas que están presentes o, en este caso, han sido historia de mi familia. No hay oportunismo, se me ponen delante y por eso me inspiran. También hay momentos en los que no pasan tantas cosas y hay que buscar historias pero, de momento, escribo sobre lo que vivo.

En sus conciertos se acompaña de Beatriz Romero, intérprete del lenguaje de signos. ¿Por qué cree que en una época en la que todo se copia o imita, no la secundan otros compañeros?
Hay mucha gente que se está animando, aunque no a hacer conciertos porque es muy complicado encontrar una intérprete con tanto arte como Bea, pero hay gente que se está animando a hacer una canción. Estaría encantada de que lo hiciera mucha más gente. Deberían ser más.

Las melodías de este trabajo son muy distintas: del flamenco al tango, la rumba, el folk… ¿cómo lo hace para que las melodías fusionen de manera tan natural?
Vengo de la generación en la que he escuchado todo tipo de música y eso a la hora de componer se nota. Creo que lo que lo aúna todo es mi manera de cantar que bebe de influencias diferentes. Me siento cómoda cantando en diferentes estilos. Soy de las que piensa que cuantas más herramientas tiremos, más riqueza a todos los niveles. Tengo muchas ganas de seguir aprendiendo de otros
palos que aún no he cantado.

Girasoles, imagino, ya no será lo mismo para usted.
Las canciones tienen vida propia y se van incluyendo en ellas recuerdos y significados. Cada vez que canto Girasoles, desde que la hice, pienso en quien se la hice que es a mi compañero y en mucha gente buena que me viene a la cabeza y que se va incluyendo en mi vida.

¿Por qué Cuando el río suena..?
Porque es un refrán inacabado y porque cuando el río suena agua lleva es un refrán que habla sobre las habladurías. Como en mi familia y en este país hay muchos tabúes y yo los quería sacar de manera muy amorosa y respetuosa. Creo que cuando se habla de las cosas es cuando se curan.

En cada canción cuenta una historia. Hábleme de ella: La puerta violeta.
Es la liberación tras una represión, la venda que se cae, una puerta que se abre para entrar en otra dimensión por fin amable. Un portazo al maltrato. Es feminismo. Es igualdad. Una regresión consciente, unas imágenes que con el tiempo entendería… Un lugar al que no quiero volver.

Dragón rojo.
Un amor de piel, un aroma tatuado en la nariz, un capricho pasajero, un pellizco en el útero. Una noche de búsqueda y encuentro, actuar desde el rencor y el dolor para acabar amando como pocas veces había amado antes.

Volvemos a Girasoles.
Un homenaje a la gente buena, a la que habita la mayor parte del planeta. Una canción para los compañeros que saben amar, los que te facilitan la vida, los que te hacen sentir el sol cuanto te miran, sin superioridad, con cariño y respeto. Es reciprocidad. Es centrarse en las cualidades y dedicar tu tiempo a la gente de luz. Ocupar poca energía a la oscuridad.

Justo.
El hermano mayor de mi abuela, nuestro desaparecido de la guerra civil española.
Poco se supo de su muerte. Nada de su paradero. He crecido escuchando una triste historia pero algo muy bonito me unía a él: Justo también cantaba. Llevo dos años entrevistando a mi abuela para escribirle a su hermano una canción. Y la música y la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica me han llevado a descubrir la fosa común donde se encuentran sus restos desde hace casi 80 años. En Arganda del Rey, con otros más de 200 soldados. Después de vivir lo que ha supuesto para mi abuela y mi familia encontrar su nombre en un registro, saber dónde llevarle una flor, una oración… siento la responsabilidad de contar nuestra historia. Se cerró la herida, finalizó la etapa de duelo, se respira paz… Y su aura nos acompaña y hasta lo recuerdo en un trocito de habanera que él cantaba y que ahora yo canto para él.

La que baila para ti.
Un adiós, una confesión dolorosa. Asumir y aceptar una fase de odio y decepción. Pero intentar cambiar todo ese barro por arena blanca, enterrar las armas y dejar ir… Y es que la rabia también ata y no soporto descubrirme así, aunque ya no sea yo la que baile.

Antes de verte.
Es el único dueto del disco, junto a Kevin Johansen. Es un juego divertido. No puedo calcular las horas que le he dedicado a la obra de este caballero ni la admiración que siento por él. Es la primera vez que compongo con alguien. Es una tarde de encuentro, composición y grabación entre alguna que otra copita de vino. Es idealización, guasa, un poquito de verdad y mucho de fantasía.

Tu nombre.
Canción de desamor, un poquito de teatro y de humor. No hay mejor manera que superar las tristezas que riéndose de uno mismo. Exageramos los hechos y acabamos bailando los recuerdos con aires mejicanos y festivaleros.

El hijo de la abuela.
Miguel, uno de los desterrados del País Vasco. Aquel joven injustamente señalado que tras el primer atentado de ETA en 1968 fue detenido, torturado y deportadora Letur, mi pueblo materno. Mi abuela lo acogió sin prejuicios y acabó siendo uno más del pueblo y de la familia. Su intuición fue cierta y Miguel era un hombre bueno. Sus armas nunca fueron violentas. Es una dura historia que acabó uniendo a dos familias.

Amor prohibido.
Un regalo para mis padres. La historia de amor más bonita que he conocido.
Años difíciles. Un tabú en el pueblo, en la casa. Le pongo música a la maravillosa letra de Felipe Benítez Reyes, que narra cómo un sacerdote, mi padre, llega a su nuevo destino y acaba enamorándose del primer ser vivo que vio cuando llegó, mi madre. No he encontrado mejor manera de mostrarles mi orgullo, después de tantos años.

Volver a los 17.
La versión del disco. Violeta Parra, la belleza de sus décimas. Una de las autoras que más admiro. Una de las canciones que más disfruto cantando, un amor que crece sanamente, poquito a poco, como el musguito en la piedra. Es no dejar de cantar las grandes canciones de la historia para que no se pierdan, para que los niños ahora también la tarareen como tararean La belleza de Aute.

Respect.
Un drum and base que lo resume todo. Un juego con los amigos, con mi voz… Experimentar en otros registros, otros idiomas, sorprendernos y divertirnos.


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