«En tierra (Grounded)» o las guerras íntimas de una piloto de drones

· 28 de abril, 2018

La suiza Isabelle Stoffel y el valenciano Sigfrid Monleón acaban de regresar a la capital del Turia (Teatro Rialto, hasta el 6 de mayo, incluyendo dos funciones matinales los días 2 y 3) con una nueva propuesta después de La rendición. Se trata de En tierra (Grounded), un monólogo del norteamericano George Brant premiado con el Smith Prize y que aborda los dramáticos conflictos internos que sacudirán a una piloto de combate cuando, tras quedar embarazada, tiene que dejar de volar y pasa a manejar drones asesinos como si de un videojuego se tratara.

El martes, saltó a la luz esta noticia: China fía a los enjambres de drones su desafío a la supremacía militar estadounidense. Un paso más allá en la utilización de las nuevas tecnologías aplicadas a la industria bélica donde nacieron, y, sin duda alguna, uno de los recursos al alcance de la mano de cualquiera para ser utilizados con eficacia letal en la llamada guerra asimétrica. Pero los pioneros, por supuesto, fueron los países ricos y avanzados. Y a la cabeza, precisamente, Estados Unidos, a cuya fuerza aérea pertenece la piloto de combate que Isabelle Stoffel encarna en la obra En tierra (Grounded), del norteamericano George Brant, en el valenciano Teatro Rialto desde hoy mismo, día 27, hasta el próximo 6 de mayo.

Stoffel, artista suiza afincada en Madrid, se prendó de este montaje, junto con el valenciano Sigfrid Monleón (codirector esta vez), en el Festival de Edimburgo de 2013, donde ambos estrenaban la versión inglesa de La rendición (la obra pasó en su día por la Rambleta, y Stoffel fue nominada por ella Max a la mejor adaptación teatral). «El texto nos gustó muchísimo a ambos y, finalmente, Isabelle tuvo la oportunidad de hacer la versión española [suya es también la traducción]. Un gran trabajo que, por ejemplo, ha elogiado mucho Sanchis Sinisterra», comenta el realizador y director teatral, y añade: «En tierra es como un poema épico contemporéneo, que trata profundamente y con rigor el tema de las nuevas tecnologías militares, con todo lo que eso significa. Tiene un gran valor documental, pero además el texto está trabajado a través de una mujer, por lo que la perspectiva de género es esencial».

Esa mujer, ya se ha dicho, es piloto de combate. Forma parte de la élite de las fuerzas armadas norteamericanas. Pero su carrera sufrirá un vuelco cuando, tras quedarse embarazada, le impiden volar y la trasladan al desierto de Nevada, a 8.000 kilómetros del escenario bélico de Afganistán. En vez de arriesgar la vida mientras surca los cielos, su lugar de trabajo será ahora un contenedor climatizado, donde seguirá a sus víctimas a través de una pantalla y, llegado el momento, las matará simplemente pulsando un botón…

«Conecté inmediatamente con el personaje –nos dice la actriz–. Por la adrenalina, porque le gusta la aventura, por sus ganas de exponerse al riesgo. Y porque me gusta mucho meterme en la piel de alguien que piensa de manera muy distinta a como pienso yo».

Y es que, evidentemente, Isabelle Stoffel está en las antípodas de una persona que dedica su vida a la violencia, que no duda en absoluto de la jerarquía militar, para quien lanzar bombas no solo no es reprobable, sino necesario. «Se siente muy poderosa en el aire –explica la actriz–, pero, paradójicamente, todo cambia cuando deja de volar y la amenaza de la propia muerte desaparece de su vida». ¿Paradójicamente? Pensémoslo bien: ¿Hasta qué punto es compatible asesinar diariamente desde una pantalla, apretando un botón, con el regreso a casa para cenar con su marido y jugar con su hija un rato antes de acostarla? Arriba, en el cielo, arriesgando la propia vida, todo eran certezas; ahora, madre, a salvo mientras mata como quien mata en un videojuego, todo son dudas… La contradicción y, desde ella, el sentimiento de vulnerabilidad. Un papel difícil, sin duda, por mucho que Isabelle Stoffel afirme que lo más complicado para ella fue entrar en la mente de esa mujer y defenderla sin juzgarla: «No soy yo quien ha de tomar partido, sino el espectador. Es difícil, pero cuando lo logras es muy bonito. Eso me apasiona, porque me gusta mucho el ser humano, y, de alguna forma, conocer diferentes motores vitales te hace más tolerante».

Los dramáticos cambios que se han producido en poco tiempo en cuanto a la ética de la guerra se refiere; la opacidad con que se desarrollan todas estas actividades, al margen de los ciudadanos que las financian sin ser consultados al respecto; y, por lo tanto, el terrible peligro que esa opacidad supone para nuestros sistemas democráticos… Todo eso y mucho más contiene también esta obra, En tierra (Grounded), pero habrá de planteárselo el patio de butacas, el pensamiento de cada espectador. Y a ello contribuirá, sin duda, la factura cinematográfica, con gran profusión de imágenes, el «suspense de un viaje sensitivo narrado siempre en presente –explica Sigfrid Monleón.

Y el sugerente envoltorio: un tratamiento sonoro muy peculiar, que reproduce ese universo tecnológico construido magistralmente para el montaje por Suso Saiz, un gran músico que ha tocado en directo con Brian Eno y maneja fantásticamente el universo de la música ambient», explica el valenciano. Y, finalmente, el propio texto, claro, añade: «Sincopado, como rapeado, dicho como quien dispara una metralleta, o una batería de misiles».

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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