Julio Pérez del Campo: “Nuestros gobiernos apoyan al verdugo israelí”

· 23 de abril, 2018

La tragedia del pueblo palestino bajo la dominación israelí se ve como en ningún sitio en Gaza. En esa estrecha franja de terreno donde se hacinan dos millones de personas encerradas, sin recursos y sin derechos, expuestas a los desmanes del ejército de Israel, han estado grabando durante un mes dos activistas españoles. El resultado es el impactante y esclarecedor documental Gas the Arabs (en las proyecciones le abre paso el cortometraje Tabib, de Carlo D’Ursi, que narra la historia del llamado último pediatra de Alepo.

«El siguiente documental contiene imágenes que pueden herir su sensibilidad». Es cierto el aviso con el que empieza Gas the Arabs, la película documental que Julio Pérez del Campo (codirector junto con Carles Bover Martínez) nos presenta aquí. Incluye secuencias que no dejarán indiferente a nadie que no tenga el corazón más duro que el diamante. Son fragmentos de la vida cotidiana, por llamarla de algún modo, de la población palestina que permanece hacinada, recluida y sin derechos en la Franja de Gaza, un trocito de su propio país… Una vida y una muerte a merced del poderoso ejército de Israel. Un gueto miserable, en ruinas, en el que falta de todo, excepto la dignidad de un pueblo abandonado por la comunidad internacional, incluidas nuestras, supuestamente, avanzadas democracias europeas.

Sí, son muy duras las imágenes, es verdad. Pero también lo es que rara vez, por no decir ninguna, las cosas de los seres humanos se pueden pintar en blanco y negro. Alguna responsabilidad de la situación, por lo tanto, tendrá también el sufriente pueblo palestino. Así se lo planteamos al activista Pérez del Campo, y él asiente: «Es verdad. Gas the Arabs no intenta hacer una defensa a ultranza de los palestinos, que también cometen errores, como todo el mundo. Pero al final lo que hay que saber es quién es la víctima y quién el verdugo. Es como si hubiéramos hecho un documental sobre la violencia de género y se nos preguntara por qué no grabamos también al maltratador, para que nos explicara los motivos por los que le ha pegado a su mujer. No, no se trata de eso –explica Del Campo–. Hay un claro verdugo, un estado, y una clara víctima, un pueblo que sufre continua y reiteradamente violaciones de los derechos humanos».

Julio Pérez del Campo y Carles Bover decidieron viajar a la Franja de Gaza hace dos años, justo después de la sangrienta intervención del ejército de Israel que dejó «miles de muertos, principalmente mujeres y niños. Entonces nos dimos cuenta de que las cámaras del mundo se habían girado para otro lado, hacia Siria o Irak, y habían dejado absolutamente desamparado al pueblo palestino. Desde aquel momento, Gaza quedó destrozada y absolutamente sin nada por culpa del bloqueo que sufre por tierra, mar y aire. Destruida y sin nada. Sin medicamentos, sin alimentos…».

En un primer momento, antes de su viaje, Pérez y Bover pensaron en que el protagonista de su película fuera Manu Pineda, «un activista muy reconocido, que actúa como escudo humano: Se interpone entre los trabajadores palestinos cerca de la frontera para impedir que los israelíes les disparen desde el otro lado». Pero justo en ese momento, recuerdan, «se produjo el golpe de Estado en Egipto y Al-Sisi, aliado de los Estados Unidos e Israel, cerró el paso de Rafah, el único que permanecía abierto entre Egipto y Palestina. De hecho, Al-Sisi expulsó incluso a los palestinos instalados cerca de la frontera, para que el aislamiento fuera mayor y ni siquiera pudieran estar cerca de sus familiares del otro lado».

Total, que los activistas españoles decidieron entrar en Cisjordania como turistas. Después pidieron permiso para, supuestamente, hacer un estudio sobre la agricultura de la Franja de Gaza (Pérez del Campo es biólogo). «¡Y, cosa realmente excepcional, tuvimos la gran suerte de que nos lo concedieron! Así que entramos y pudimos grabar durante un mes».

Esas imágenes, ya se ha dicho al principio, son como un grueso papel de lija contra los ojos de cualquiera que tenga un mínimo de empatía para con sus semejantes. Basta recordar los muy recientes y trágicos acontecimientos ocurridos de nuevo en aquel minúsculo y devastado territorio («unos dos millones de personas en poco más de 350 km2»), para hacerse una idea de la magnitud de la tragedia. «El ejército israelí somete por la fuerza al pueblo palestino, reduce sus fronteras, les expulsa de sus casas, les impide el acceso a los elementos más esenciales para la vida. Ver todo eso en directo y comprobar que el mundo, que nuestros propios gobiernos no solo no hacen nada, sino que además apoyan al verdugo, es absolutamente sonrojante», afirma Julio Pérez.

Y, pese a todo, no hay que perder nunca la perspectiva. Mucha gente compara a los israelíes con los nazis, o con los sudafricanos que sostenían el Apartheid. Y no, «obviamente, el ejército israelí no es equiparable al ejército nazi –afirma Pérez–. Aunque sí se han utilizado allí algunos métodos hasta cierto punto similares –matiza–. Basta con fijarse en el título del documental. Gas the Arabs es una pintada puesta por los israelíes en un colegio de Hebrón después de que intentaran quemarlo con los niños palestinos dentro. No, no es lo mismo, pero hay algunas similitudes. También podemos ver cómo han clausurado los comercios palestinos y han puesto en ellos la estrella de David, del mismo modo que los nazis ponían sus esvásticas. Es curioso…, y es una de las cosas que más me han impactado –añade el activista–: la simbología de la extrema derecha sionista es muy parecida a la simbología nazi».

Al codirector de Gas the Arabs le ha impactado eso y otras muchas cosas, puestas de manifiesto por la perspectiva que él y su compañero, Carlos Bover Martínez, han querido darle a su película: mostrar la situación a través de las propias vivencias de la población, lejos de la frialdad de los datos desnudos. «Impresiona, y mucho, que aquella gente es como nosotros. Sus miradas son las nuestras, las de nuestras familias. Impresiona, y mucho, la mirada de alguien que se ha quedado solo porque ha perdido de golpe a diecinueve miembros de su familia durante un bombardeo israelí. Los israelíes bombardeaban las escuelas refugio de la ONU sabiendo que los niños estaban dentro». Eso le impacta a Pérez del Campo. Como le impacta, porque no termina de comprenderlo, el comportamiento de unos soldados que «hacen barbaridades como matar a niños, incluso minusválidos, y defecar sobre sus cadáveres para que sus familias los encuentren profanados cuando vayan a recogerlos. No sé qué les meterán en la cabeza para que hagan cosas semejantes», se duele el codirector de Gas the Arabs.

Y, pese a todo, de nuevo pese a todo, hay esperanza. «Hay esperanza porque ellos, las víctimas, la tienen todavía, tras décadas de lucha contra Goliat». La tienen los vivos. No Hashem, uno de los protagonistas de la película (a él va la dedicatoria final), que nunca verá el desenlace del conflicto. Lo mataron seis meses después de que Pérez y Bover se fueran de Gaza con su material a buen recaudo, tras un duro paso por los controles del aeropuerto de Tel Aviv. «Allí fue donde verdaderamente pasé miedo»,  recuerda Pérez del Campo.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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