Guðmundur Arnar Guðmundsson: «Al pasar a la edad adulta perdemos la inocencia y mucha libertad, pero ganamos otras cosas»

· 18 de abril, 2018

El islandés Guðmundur Arnar Guðmundsson acaba de estrenar en el cine comercial español su primer largometraje de ficción, Heartstone, corazones de piedra. Centrada en un grupo de chicos en el difícil paso a la adolescencia, ha acumulado ya más de treinta premios en distintos festivales internacionales, dos de ellos en Sevilla y en Barcelona, respectivamente.

En un remoto y pequeño pueblo de la costa de Islandia, integrados en una naturaleza tan bella como dura, dos chicos, Thor y Christian (Baldur Einarsson y Blær Hinriksson), viven un verano turbulento. A medida que uno intenta ganarse el interés de una chica, el otro descubre sorprendentes sentimientos hacia su mejor amigo. Hablamos de Heartstone, corazón de piedra, primer largometraje de ficción escrito y dirigido por Guðmundur Arnar Guðmundsson (Reykjavik, Islandia, 1982) inspirándose en su propia biografía, y con el que ha ganado casi cuarenta premios en festivales internacionales, varios de ellos del público (en Sevilla ganó el Premio Ocaña a la Libertad, y el de mejor película en la 22 Muestra Fire! de Cine Gay y Lésbico de Barcelona).

¿Puede empezar por explicarnos brevemente el porqué del título de la película?
Porque, en primer lugar, me gusta el sonido de esa palabra [tenemos que confesar aquí que, después de realizada la entrevista, y ya sin remedio, nos dimos cuenta de que nos faltaron los reflejos suficientes para preguntarle al director si se refería al original islandés (hjartasteinn) o al vocablo inglés (heartstone). Y, a la vez, es un símbolo que remite a la calidez de la película, al mismo tiempo que la dureza del entorno en el que se desarrolla.

El argumento nace de sus propias vivencias personales durante el paso de la infancia a la adolescencia en un pueblecito de pescadores. Un periodo en el que tiene una gran amistad con otro chico que, más tarde, acabará suicidándose. Usted, sin embargo, lo narra en su historia como un intento frustrado. ¿Por qué?
Es verdad que la historia está inspirada en mi propia vida, pero no es autobiográfica, es una ficción. ¿Por qué? Simplemente, porque quería que al final de mi película ese chico viviera. En caso contrario, la historia sería demasiado triste para mí. Dicho de otro modo, he querido que mi película termine con un cierto grado de esperanza.

¿Pese a la dureza del entorno y las circunstancias personales, fue usted feliz durante esa etapa de su vida?
Sí, fui realmente feliz.

La historia se desarrolla en una muy pequeña comunidad, que resalta los contrastes humanos. Por ejemplo, la libertad que transpiran los personajes femeninos, especialmente las chicas jóvenes, se opone claramente al conservadurismo, el machismo e incluso la homofobia de los personajes masculinos.
Islandia ha cambiado mucho desde entonces. Pero es cierto que en la época en la que yo era adolescente la sociedad era bastante machista. Los chicos, por ejemplo, teníamos que ser duros y no podíamos mostrar nuestras emociones, porque eso era considerado como un signo de debilidad. Todos los varones de mi generación estamos marcados por ese tipo de sociedad. Yo, por ejemplo, tenía dos hermanas mayores y sentía cierta envidia de ellas, porque las veía mucho más libres en cuanto a su capacidad de expresión emocional; creo que, probablemente, este sea el motivo por el que muestro esa situación en la película. Pero también quiero añadir que, por otro lado, mis hermanas tenían sus limitaciones en cuanto al comportamiento, por ejemplo, relacionadas con la independencia. Yo tenía mucha más libertad que ellas para hacer lo que quería, y no solo eso, sino que se esperaba de mí que hiciera ciertas cosas. Ellas, en cambio, eran mucho menos libres y no tenían capacidad para tomar decisiones, muy especialmente en lo referido a su sexualidad. Realmente, estaban muy limitadas en este aspecto, como si las mujeres tuvieran que ser una especie de seres asexuados.

Ya ha aclarado antes que su país ha cambiado mucho desde entonces, pero, de todos modos, el paso de la infancia a la adolescencia es muy complicado y comporta una pérdida de libertad. ¿Por qué, en su opinión, lejos de llevarnos con nosotros la libertad infantil, nos transformamos también en represores?
Yo creo que en realidad se trata de una pérdida de la inocencia. Como adolescente, te enfrentas por primera vez a situaciones duras y que ya son típicas de la edad adulta, como el amor o la pérdida de un amigo. Esa dureza es la que nos hace perder la inocencia, que es un modo de prepararnos para la vida. Por otro lado, es cierto que en ese cambio de niño a adulto perdemos la libertad y asumimos las normas sociales, pero también es verdad que, a cambio, ganamos otras cosas.

Permítanos pedirle un par de reflexiones relacionadas con el ambiente y el paisaje tan especiales de la película. La primera, sobre su posible influencia a la hora de moldear los caracteres y definir las relaciones sociales.
No cabe duda de que, cuando eres pequeño y vives en un pueblo como ese, rodeado de naturaleza, todo es como un gran parque de juegos. Pero, por otro lado, a medida que creces, el pueblo se te va quedando cada vez más pequeño y tus opciones se ven progresivamente limitadas. Esto produce un gran contraste entre esa gran libertad que te da la naturaleza y los corsés que impone el aislamiento. En un lugar así, todo el mundo sabe perfectamente lo que haces, y, por ejemplo, no puedes acostarte con quien quieras. Sí, es un contraste muy grande, que sin duda influye en tu modo de ver las cosas y en las relaciones entre la gente que habita lugares así.

Ese mismo entorno, por otro lado, también condiciona los aspectos formales e incluso el tempo de una película con el enfoque de la suya; quizá incluso los diálogos, los temas de conversación. ¿Cómo influyó concretamente en usted ese paisaje a la hora de tomar las decisiones sobre la estética y el ritmo de la película?
Cuando vives en Islandia, la naturaleza, irremediablemente, tiene una gran influencia sobre ti. Por un lado, es una zona muy bonita, pero el clima es muy duro, hasta el punto de que incluso puedes morir congelado si sales a dar un paseo y te descuidas. Como he dicho antes, de niños nos enseñaron a ocultar nuestras emociones, de manera que lo que yo hacía era dar grandes paseos por esa naturaleza, lo cual no dejaba de ser un modo de ejercitar las emociones reprimidas. Entonces, a la hora de grabar la película, o incluso antes, en el momento de escribir el guion, desde luego que ese entorno está muy presente en la factura de la película. Sí, claro, ha influido muchísimo.

Este es su primer largometraje de ficción y, desde luego, ha debutado con mucho éxito, lo cual no deja de ser un reto de cara al futuro. ¿Qué podemos esperar de usted ahora?
Ahora mismo estoy en el proceso de escritura de una película que espero empezar a grabar el año que viene. Los protagonistas también serán un grupo de jóvenes, pero el escenario será urbano. Tratará, fundamentalmente, sobre una relación violenta. Me resulta todavía difícil hablar sobre ella, porque, ya digo, estoy en pleno proceso creativo, pero sí puedo decir que será muy diferente de Heartstone.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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