Philippe Van Leeuw: «La esperanza radica en la capacidad humana para resistir»

· 17 de abril, 2018

El autor de El día en el que Dios se fue de viaje, el belga Philippe Van Leeuw, acaba de regresar a las pantallas con Alma mater (Insyriated), un multipremiado drama que narra un día del encierro forzado de una familia siria y sus vecinos en un piso de una ciudad destruida, atrapados por la cruenta y larguísima guerra que se libra en el país.

Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Premio del Público en el Festival de Cine de Copenhague. Y Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. El realizador belga Philippe Van Leeuw es tremendamente eficaz a la hora de inyectar directamente el drama humano en el corazón del patio de butacas, como ya demostró en su día con la película El día en el que Dios se fue de viaje, Premio Nuevos Realizadores del Festival de San Sebastián en 2009. Entre otras cosas, porque Van Leeuw –siempre hay esforzados– no transita trillados caminos facilones, generalmente tan amorales, al menos, como sangrantemente desmovilizadores; o manipuladores. Por eso el belga, que ya hace casi diez años eligió golpear a su eficaz manera con la tremendísima catástrofe desatada en Ruanda durante el intento hutu de borrar de la faz de la tierra, literalmente, a los paisanos tutsis, lo hace ahora de nuevo con la guerra civil siria, nauseabundo escenario local, como casi siempre, de los grandes conflictos que, por intereses espurios, los más poderosos libran siempre en carne ajena y, por lo general, pobre.

Así que los motivos de Philippe Van Leeuw para saltar de nuevo a la trinchera son, como ocurre casi siempre en estos casos, de comprensión rápida y alcance largo. No se trata, por ejemplo, de buscar la comodona empatía visceral del espectador occidental, sino de acercarse lo más posible «a la realidad diaria de la gente común –explica el realizador a los lectores de Urban–. No, no me interesaba hacer una película sobre la guerra, sobre el conflicto en sí mismo. La geopolítica ahora mismo es de tal complejidad que sería verdaderamente imposible hacer una descripción clara y comprensible de todo aquello. Sin embargo, para la población civil siempre es lo mismo en estos casos: En primer lugar, son objetivos y dianas, y que el peligro les venga de la derecha o de la izquierda es totalmente indiferente. Lo sustantivo es que ellos son la diana, los que viven sometidos al peligro. Y cuando vemos una película como esta, comprendemos muy bien por qué tantos ciudadanos sirios han decidido huir de su país, dejarlo todo atrás: Simplemente, para salvar la vida». Simplemente…

Quizá muchos de nosotros, en la Europa riquísima pese a la crisis, habremos olvidado (si un día lo supimos) que la tragedia siria que hace muy poco se cobró las vidas de un buen puñado de niños asfixiados tras un ataque químico empezó antes de que sonara el estruendo de las primeras explosiones que derribaron las primeras paredes. Pero fue entonces, allá por el año 2011, cuando Philippe Van Leeuw se metió en este proyecto, Insyriated, traducido al castellano como Alma mater. «Fue entonces cuando empecé a ver las manifestaciones que tenían lugar cada semana en Siria, brutalmente reprimidas por el régimen de terror gobernante. Y vi que aquello llevaba inevitablemente a la tragedia que vemos hoy. Quise tratar el tema desde el principio, ¡porque había tanta indiferencia entonces…! Y luego, cuando por fin se convirtió en una guerra civil, con bombardeos, con combates en la calle… Todo eso no nos muestra qué pasa realmente con la población civil que permanece encerrada en sus casas, atrapada ahí, sencillamente, porque no pueden salir». Sencillamente… Y empecé a pensar cómo se las arreglaría esa gente, cómo superaba esa circunstancia. Tenía que abordar esa situación necesariamente, mostrar cómo esa gente consigue seguir viviendo con dignidad un día tras otro».

¿indiferencia o impotencia?
La gente atrapada tras el recuerdo de las fachadas, bajo los tejados iluminados por la luna, sobre los escombros que antes fueron calles, son siempre mujeres, niños y ancianos. Exactamente esos que nos hacen apartar la vista de la televisión cuando nos llevamos la cuchara a la boca. ¿O acaso tantos de nosotros no somos en realidad más que unos hipócritas agazapados tras el burladero de la indiferencia? Van Leeuw, miren por dónde, no nos tiene en tan baja estima. «No, yo creo que la mayoría de la gente, en realidad, no somos indiferentes, sino que nos sentimos impotentes. Además, en nuestro favor también hay que tener en cuenta que nos están machacando continuamente con esa realidad, y eso anestesia a la gente común. Impotentes, pero no indiferentes. Pienso que somos conscientes –continúa el director–. Vemos y sabemos, pero no sabemos muy bien qué hacer».

Nos machacan con la información y, así, nos anestesian. ¿Quiénes? ¿Acaso son nuestros líderes, ellos sí, los indiferentes? Van Leekuw lo niega: «La indiferencia de nuestros estados y nuestros líderes políticos no es tal, es solo cinismo, a mi modo de ver. No quieren abordar el problema. Les da miedo abordar el problema, porque ni ellos mismos son capaces de medir las consecuencias, por mucho que tengan todas las herramientas para intervenir, para intentar aportar una solución. Una solución que se debería haber aplicado hace siete años, y no ahora. Sí, ellos tienen las herramientas necesarias para comprender las cosas mucho mejor que nosotros. Miremos atrás, a 1943. Entonces los aviones ya nos permitían ver imágenes de los campos de concentración nazis en Polonia. Todos los gobiernos implicados en la II Guerra Mundial veían esas imágenes, sabían lo que pasaba. Pero se decidió no bombardear aquellos campos y la consecuencia fue que la matanza continuó» durante dos años más.

Insyriated. Alma mater. La película empieza con un anciano fumando ante la ventana. Al otro lado, escombros, un paisaje lunar donde antes había una ciudad viva y bulliciosa. En ese piso viven también Oum Yazan (magnífica Hiam Abbass), sus tres hijos, una sirvienta y una pareja de vecinos, un joven matrimonio, con su bebé. En ese encierro pasan la guerra, dudando entre la huida o la permanencia en la esperanza de que todo acabe pronto. Ancianos, niños y mujeres. Las eternas víctimas de la sordidez humana, que, desde la pantalla, lanzan un espeso haz de sentimientos al pecho de cada espectador. Valor, diginidad… «Las mujeres de mi película son muy valientes –explica Philippe Van Leeuw–, pero, al mismo tiempo, tampoco tienen mucha opción. Se ve en la manera como afrontan la agresión que se les echa encima, el peligro, el miedo… Por encima de todo, intentan que su familia esté a salvo, que yo creo que es lo que haría cualquiera. Todos haríamos lo mismo, pero a ellas esa actitud termina provocándoles un conflicto moral. Son valientes. Tienen mucha dignidad. Pero llega el momento en el que han de tomar una decisión que tiene más que ver con el instinto de supervivencia que con la razón, y eso las obliga a hacer algo que puede costarle la vida a otra persona. Un fallo moral, una herida que llevarán encima durante el resto de sus vidas. Y vivir con eso es difícil».

Mujeres como columnas
Con dificultad, pero vivirán. Esas mujeres recias como columnas que sujetan el valor y la dignidad del ser humano en la guerra, quizá el momento más indigno de la historia. Porque, como afirma el director, «frente a la violencia, una mujer no suele responder con violencia. La mujer encuentra otros recursos excepcionales, que yo deseaba explorar, sobre todo en la secuencia…». Van Leeuw habla de una secuencia terrible y clave, en la que la inteligencia y el instinto se alían para encontrar los resortes de una salvación que parecía imposible. Una violencia, por otro lado, estéticamente soportable: «Intento que en esos momentos el espectador no tenga que mirar a otro lado –explica el director–. No quería centrarme en la brutalidad, sino en la resistencia y la dignidad de la víctima, y en cómo esa violencia afectaba al resto del grupo».

Insyriated. Alma mater. Al caer la noche, un anciano fuma detrás de la ventana. Termina un día más de encierro en medio de la barbarie exterior. Para Philippe Van Leeuw, defensor del cine social y poético, quizá empieza también «un día exactamente igual al anterior», que amenaza con repetirse, y repetirse, y repetirse, como los esforzados e inútiles viajes de Sísifo, ladera arriba, ladera abajo, en la colina infernal. «No, la verdad es que no da lugar a una gran esperanza –admite Van Leeuw–, pero la esperanza radica en la capacidad de la humanidad para resistir, y en lo que llega a lograr ante las dificultades más duras. Aun así –añade–, en la película no es todo oscuridad. Yo creo que puede haber públicos que saldrán del cine agradecidos, porque a partir de entonces, cuando vean las escenas de la guerra de Siria en la televisión, tendrán personas concretas en las que pensar, gente que saben que está peleando para seguir adelante, para seguir viviendo. Esa imagen-espejo que nos manda la película es algo que nos dice claramente que tenemos que continuar peleando para seguir siendo dignos».

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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