Elías Vivancos: «Nuestro trabajo es un canto a la vida, al todo es posible»

· 13 de abril, 2018

Fotografía: Marc Palencia


Los Vivancos son un «cóctel de muchos ingredientes». Los hermanos, siete de los cuarenta hermanos de padre, convierten sus espectáculos en pura fantasía visual. Nacieron para bailar. Tienen los pies más rápidos del mundo y son capaces de taconear boca abajo. Acrobacias, danza y música. Elías, Judah, Josua, Cristo, Israel, Aarón y Josué demuestran que no existe lo que no se puede hacer sino lo que se hace. Lo suyo es arte en estado puro. De 18 al 29  de abril actuarán en el Teatro Olympia de Valencia

Solo existe lo que se hace», repite una y otra vez Elías Vivancos mientras observa cómo su pequeña juguetea en el parque. «Nuestro objetivo es superar lo imposible», confiesa. A ese desafío, al de traspasar la frontera de lo físicamente posible, se enfrentan Los Vivancos en sus espectáculos. En Nacidos para bailar, así se llama, los hermanos Vivancos aparecen suspendidos en hilos invisibles y envueltos en un arsenal de luces de leds que acompañan sus movimientos. La unión de individualidades es lo que les hace únicos. «Lo nuestro es una celebración a la diversidad», apunta Elías, el mayor de los siete hermanos. Entre risas, se define «soñador, con los pies en la tierra» y un poco «romántico»

Hay críticas que definen sus espectáculos como «un show fuera de serie» y a ustedes los describen como «los dioses de la danza». El elogio, le recuerdo, debilita.
Lo que dicen de nosotros es muy importante para llegar a más pú- blico, eso es cierto. A todo artista le gusta que le valoren positivamente su trabajo, pero nosotros intentamos tener los pies en el suelo y no nos volvemos locos con las palabras bonitas que nos dedican, que se agradecen, eso sí. En nuestro trabajo no nos podemos confiar, porque eso significaría bajar el listón a la hora de entrenar. Tenemos muy claro que debemos centrarnos en lo que hacemos en cada uno de los espectáculos, porque estamos obligados a hacer una obra de calidad. Las valoraciones son algo secundario. Creo que el halago solo sirve para hincharte el ego y no dejarte avanzar.

Pero, aunque solo sea por una cuestión de vanidad, no me negará que el halago gusta.
Como artista tengo mi ego, no te voy a engañar, pero también a gente que me hace vivir la realidad. Me desdoblo. Nosotros lo que hacemos en el espectáculo es como una herencia, porque toda nuestra vida hemos estado dedicados a la música y el escenario es parte de ella. Esa es nuestra parte más sincera, muy alejada de los prejuicios y creencias. Por otra parte, está nuestro mundo burgués, el de la fama y las fiestas. Hay que saber caminar por el filo de la espada sin dejarte llevar, sobre todo, por el lado más superficial de este trabajo.

¿Qué es la fusión extrema?
Una mezcla de estilos e instrumentos. Es el nombre que utilizamos para llamar a nuestro trabajo, porque sobre el escenario se pueden ver estilos artísticos muy dispares, como kung fu acrobático, ballet clásico o flamenco; tocamos el violonchelo, el violín, la flauta; de repente, estás escuchando a Beethoven y suena Metallica. Sin poner etiquetas, algo de lo que nos gusta abusar a los que nos dedicamos al espectáculo, lo que hacemos en el escenario es algo muy natural. Un poeta escribe utilizando las palabras que conoce y nosotros lo que ahora hacemos es lo que hemos hecho desde que éramos muy niños, por eso esa fusión sucede de manera muy natural. Cuando empieza el show, el espectador se olvida que está viendo fusión y se entrega al estilo.

Dicen que el estilo de Los Vivancos es una oda a la vida. Explíquese.
A nosotros nos enseñaron que no existe el no poder, y a no decir nunca no puedo. De pequeño, mi profesor de chelo me decía ‘no puedes ser bailarín y músico’. Es más, un día me dio un ultimátum: ‘hasta que no dejes de ir a clases de danza, no te voy a dar más clases de chelo’. Pero en casa me enseñaron que querer es poder y eso se ve en el escenario. Creo que todo el mundo debe tener ilusión por hacer sus sueños realidad. Nuestro trabajo es como un canto a la vida, una oda a la diversidad y al todo es posible.

¿Qué tiene el flamenco que allí donde va arrasa?
El ritmo es la forma más tribal de música y el flamenco tiene una base rítmica muy potente, que hipnotiza, y eso lo entiende cualquier persona. Es un arte muy visceral, en el que hay mucha pasión. Nosotros entendemos la danza como los antiguos guerreros cuando bailaban antes de ir a una guerra. Bailamos como el animal macho.

¿En qué país o cultura han sentido a los espectadores más receptivos?
Aunque cada público tiene su manera de expresarse, todos son receptivos. En Latinoamérica el público chilla mucho y son muy del fenómeno fan, pero en Rusia, por ejemplo, la gente es más fría aunque en el teatro tienen mucha cultura de danza y se entusiasman en los momentos más técnicos de la obra. El show es muy internacional.

¿Cómo se controla el cuerpo y la mente para lograr ser libre sobre el escenario?
Se consigue con horas, horas y horas de ensayo. No hay otro secreto. Puedes tener unas u otras aptitudes, porque la genética puede ayudar, pero la realidad es que solo la practica es la que te acerca a la perfección.

Utilizando el nombre de su espectáculo. ¿Ha nacido para bailar?
En cierto modo, sí. Decir que hemos nacido solo para bailar seria simplificarlo todo mucho pero, efectivamente, el espectáculo es autobiográfico y representamos sobre las tablas quiénes somos. Hemos desgastado muchísimas suelas [ríe]. En Nacidos para bailar sacamos la danza del suelo. Hay muchos momentos en los que estamos bailando suspendidos en el aire, rozando el equilibrismo, o tocando cabeza abajo en una estructura que da vueltas como una hélice.

¿Cuándo se dio cuenta de que su afición podía ser su profesión?
De niño lo hacía porque me apasionaba y porque mi padre bailaba. Me dí cuenta de que se estaba convirtiendo en mi profesión cuando falleció mi padre y no era tan fácil que hubiera un plato en la mesa. Con 20 años me enfrenté con esa realidad tan dura. Poco a poco me dí cuenta de que ese iba a ser mi camino. Tengo un ideal romántico del mundo y eso se refleja en los espectáculos. Siempre soy el que lleva las ideas más drásticas, para que luego los demás, sobre todo los que son más pragmáticos, les den forma.

En el grupo es el mayor de los siete hermanos (tiene cuarenta hermanos de padre) ya que tiene cuarenta hermanos. ¿Ejerce de ello o llega un momento en el que los roles se minimizan?
Tengo el rol de hermano mayor bastante metido en el ADN y actúo así de manera inconsciente. Como artistas somos individuales e independientes. A mis hermanos no les doy más consejos de los que ellos me dan a mí.

Siete hermanos y un destino.
Es curioso, pero sí. El número siete ya de por sí tiene muchas connotaciones mágicas, nuestros nombres, el hecho de que seamos todos varones, el destino… Creo que detrás de mucho de lo que hacemos hay un poco de magia.

Componen, interpretan, bailan, hacen las coreografías, dirigen sus espectáculos. Son un grupo todoterreno.
El hecho de ser músicos nos ha ayudado a que nuestro estilo se diferencie. La mayoría de los bailarines cogen una música y sobre ella coreografían; nosotros creamos en paralelo y una se va acoplando a la otra. Nos encontramos en un momento muy decisivo de nuestra carrera. Parece que cuando llevas más años es más fácil, y no es así, porque la exigencia aumenta. El haber nacido bajo una disciplina artística como en la que nos educó nuestro padre nos ha hecho que los principios sean sólo una expresión de todo lo que hemos aprendido, pero claro, llega un punto en el que tienes que renovarte y crear cosas nuevas. Tenemos que asumir la responsabilidad o el testigo que nos han dado y empezar a aportar lo que cada uno lleva consigo desde su verdad. Cuando miro atrás veo unión, fuerza, disciplina y técnica. Hemos aprendido a meter la pata muchas veces y a sortear multitud de dificultades, pero siempre desde la unión y la fuerza que aportamos cada uno.

Imagino, visto su físico y el esfuerzo que requieren sus espectáculos, que le dedicará muchas horas al entrenamiento.
Cuando estábamos coreografiando Nacidos para bailar dedicábamos entre 15 y 18 horas a ensayar, luego depende del momento. Ser artista es difícil de combinar con actuar, entrenar y promocionar la obra. Hay que ser muy inteligente para compaginar bien las tres áreas.

¿Tiene tiempo libre?
Poco. Hay que coger las cosas como vienen. Se agradece mucho el tener trabajo.

Amparo Barbeta

Redactora de URBAN


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