Ventura Pons: “En Anna Maria Dalí descubrí a una mujer de una gran integridad moral”

· 12 de abril, 2018

Ventura Pons acaba de estrenar Miss Dalí, una película centrada en la desconocida figura de Anna Maria Dalí, hermana y musa del excéntrico Salvador Dalí. Una mujer a la que, después de quererla con locura, el artista de Figueres (Girona) terminó echando de su lado.

Ventura Pons acaba de llegar a su despacho. Viene de Figueres (Girona), desde donde había tomado el tren a Sant Celoni para recoger a su ahijado (uno de los sobrinos de su amigo Joan Pera), comer en casa del popular actor y, por fin, viajar a la Ciudad Condal. Desde allí nos atiende amablemente, para hablar de la película Miss Dalí, centrada en el personaje de la desconocida Anna Maria Dalí, hermana del excéntrico genio de la pintura Salvador Dalí.

Ventura Pons se autodefine como un hombre «de cultura catalana, cabeza británica y ciudadano del mundo». Y empieza por darnos la noticia de que ya hay una serie de cuatro capítulos de 48 minutos realizada a partir de Miss Dalí, en el que él lo es todo. «Y ya la tenemos subtitulada al mandarín -añade con orgullo-. Hicimos un pase privado en Londres, otro en Shanghái, e hicimos la première internacional en Guadalajara (México)» [concretamente, en el Festival Internacional de Cine de la capital del estado de Jalisco, donde el director de teatro, guionista, productor, director y empresario catalán recibió también el Premio Mayahuel de honor].

Intrigados por el origen de la idea de hacer una película sobre la hermana de Dalí, Ventura Pons aclara que, en realidad, si bien se mira, pocas cosas habrá más naturales. «Vivo entre Barcelona y Cadaqués desde el año 1968». Cadaqués, un pueblo, como el cineasta catalán escribe, sorprendente y bello por «el contraste de encontrar una población a la orilla de la mar, y la propia mar, en un paisaje pirenaico. Hay quien considera que es uno de los lugares más bonitos del Mediterréneo –continúa–. Otros proclamaban a los cuatro vientos que Cadaqués es el pueblo más bonito del mundo. Por ejemplo, Salvador Dalí».

Pero es que, además, y por esa misma razón, Ventura Pons recuerda que «conocí bien a Dalí, a Gala, a Amanda Lear [modelo y musa del pintor], al capitán Moore [John Peter Moore fue secretario de Dalí]…». Pero no a Anna Maria, la hermana del genio extravagante. «Anna Maria pasaba por allí y me daba respeto –nos confiesa Pons–. ¿Por qué? Yo qué sé, por la historia de que su hermano no la quería… Total, que hace tres o cuatro años me dije: Bueno, de Dalí todo el mundo lo sabe todo, pero de Anna Maria nadie sabe nada. Y, claro, las historias ocultas son siempre las más interesantes. Empecé a indagar, y resulta que leí veintitrés libros. El de Ian Gibson, que vino al rodaje; el de Antonina Rodrigo, biógrafa de Federico García Lorca y de Margarita Xirgu; el de Lluís Permanyer, el periodista al que Dalí concedió la única entrevista sobre erotismo que dio en su vida; el de Amanda Lear, a la que conozco bastante… Todos son muy interesantes, y así fui descubriendo quién era Anna Maria, porque, como he dicho, verla paseando por Cadaqués sí, pero personalmente yo no llegué a conocerla. Y escribí el guion».

Por medio de un montón de libros interesantes de quienes sí la conocieron, Ventura Pons nos revela que en Anna Maria Dalí descubrió a «una mujer de una gran integridad moral». Y es ella, esa mujer ya cercana la muerte, la protagonista, Miss Dalí (Siân Phillips, «la malvada Livia Drusila de Yo, Claudio» –nos dice el director–, interpreta el papel. «Siân es una galesa de la escena; el otro día, me preparó un estofado galés en Londres», recuerda Pons).

Miss Dalí recuerda y el espectador, a modo de flashbacks, va recorriendo su vida y, con ella, su relación con el genial y conflictivo hermano, con Federico García Lorca, con Luis Buñuel… Memoria que nace de una conversación con su amiga Maggie (la actriz Claire Bloom, en el único personaje inventado de la película, y a la que Ventura Pons describe como «una mujer de una enorme ternura»). «Siân no puede venir ahora porque está de gira, pero rodaré una película con ella el mes que viene, en Londres, Mallorca y el Ampurdán –comenta el cineasta, y sigue hablando de sus actores internacionales–. Con Allan Corduner es la segunda película que hago. Tampoco puede venir porque está haciendo al Coronel Pickering de My Fair Lady en Broadway…

“Pues sí, encontré a una mujer de una gran integridad en Anna Maria… Porque esa familia pasó mucho, todo provocado por Dalí, que era un genio, pero traicionó a todo el mundo. Traicionó a Lorca, traicionó a Buñuel, a Miró, a Picasso… y traicionó a su familia», afirma, contundente, Ventura Pons. «No, Anna Maria no cambió mi imagen de Dalí –responde a nuestra curiosidad–. Lo conocía muy bien. Estuve en muchas fiestas en su casa, con Gala, que no decía nada, pero miraba mucho… Por eso también hay ciertas secuencias en la película, porque yo las vi personalmente. Y muchas cosas más que he visto, pero que no he podido incluir porque, claro, a ver cómo sintetizas ochenta años de la vida de este país. La película tiene un ritmo pausado para ir deprisa», explica el cineasta.

Un compás tranquilo, que contrasta con el arrebato que tantas veces descubren las relaciones humanas, pero que también se suma a la poesía visual de la mirada de Pons sobre los paisajes del Cap de Creus. «Ahora vivo justo delante de la casa de Dalí en Portlligat –dice. Y sigue tirando del hilo de los recuerdos–. Anna Maria también era muy amiga de Mary Santpere, que era muy amiga mía, y de Josefina Cusí, a cuya casa me llevaba Mary… Sí, ahora conozco mucho a Anna Maria a través de sus amigos. A veure, he fet un poti-poti [A ver, he hecho un revoltijo]…», añade con humor. «He terminado agotado, pero estoy muy emocionado de verla terminada. Y muy emocionado de ver que una película hecha en el Mediterráneo llega perfectamente al corazón de la gente del Pacífico. Porque una película son tres cosas: la historia que se explica, la mirada del director y los actores que defienden tus ideas. Y si esas tres cosas no van juntas…», reflexiona Pons.

Miss Dalí es, pues, la mirada de Ventura Pons sobre una mujer «de una gran integridad moral. Y con un mundo propio», añade el autor. «Dalí la echó de su lado espoleado por Gala, que era un mal bicho. La actriz que la interpreta, Rachel Lascar, es clavada».

Tiene razón Ventura Pons sobre esa actuación de Lascar en la soberbia distante y muda. Pero hay más interpretaciones en las que reparar. La de José Carmona como Federico García Lorca, por ejemplo. «Es un actor sevillano, y este es su primer papel –nos dice el director, orgulloso del reparto–. Lo encontré en un casting. Con Joan Carreras, que interpreta a Dalí, y con Josep Maria Pou ya había trabajado mucho antes. Yo al Pou le llamo L’Or Pou, porque está impresionante. Cualquier cosa que haces con él…».

Hay mucho más en Miss Dalí. Un particular uso del color, por ejemplo. «Son tres tipos de color–explica Pons–: el de 1989, actual; el de los años treinta, que es una especie de gris coloreado, y el de los años cincuenta, para los que utilizo una especie de technicolor». Y la música, original, que «se grabó en Londres. Es de Joaquim Badia [él le llama Quim], que tiene solo 23 años, pero es un gran talento». La música que, a veces, sube sobre la guitarra de José Sospedra: «Valenciano. Ya había trabajado con él en La vida abismal. Hace de Regino Sainz de la Maza. Sí, me gusta descubrir el talento de la gente joven», afirma Pons.

Miss Dalí, en fin, o la mirada de Ventura Pons sobre Anna Maria Dalí, mujer «de gran integridad moral y con mundo propio. Una mujer a la que Dalí echó de su lado, espoleado por Gala, que era un mal bicho. La actriz que la interpreta, Rachel Lascar, la clava».

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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