Rafael Álvarez ‘El Brujo’: «Yo ya he sido actor en otras vidas»

· 7 de abril, 2018

Fotografía: María Saavedra


Texto: Susana Golf

Rafael Álvarez nació en Lucena, Córdoba, en 1950, mientras en Los Ángeles Paramahansa Yogananda celebraba su primera gran convención internacional y extendía por Occidente el kriya yoga. El Brujo, que le tiene por maestro, ha adaptado su autobiografía.

Leí la Autobiografía de un yogui hace 30 años y dejó en mí una impresión honda y duradera. Yo estaba pasando una crisis de tipo profesional, aparentemente profesional, pero en realidad se trataba de algo más profundo. Había obtenido un éxito clamoroso con el montaje de La taberna fantástica de Alfonso Sastre y era justo lo que quería. Pero después de esto paradójicamente no me sentía feliz, sino abatido y con una sensación de vacío y hastío verdaderamente alarmante. Ya lo tienes, me dije, era esto, y ahora ¿qué? Entonces cayó en mis manos el libro de Yogananda, poesía y conocimiento. La aventura vital de un hombre buscando el misterio último de la existencia y la certeza final de haberlo encontrado. Ahí terminó su búsqueda. La revelación del gozo de Dios. La historia es entrañable, humana, sencilla y de gran belleza. Jamás me olvidé de este libro. Dejó una semilla. Ahora pienso que ya entonces conecté con Yogananda y él me esperó durante 30 años. Lo escribe, de su puño y letra, Rafael Álvarez -al que todo el mundo llama El Brujo desde sus primeros años sobre las tablas de los colegios mayores del Madrid efervescente de los años 70-. El andaluz, que un día decidió marchar por los escenarios en solitario, a lo Darío Fo, adapta e interpreta Autobiografía de un yogui, vida y legado espiritual del gurú que se trasladó de la India a EE UU para propagar el yoga y la meditación en Occidente. Steve Jobs hizo que, en su funeral, se regalaran ejemplares de esta obra a los asistentes. El Brujo practica yoga y meditación desde hace décadas.

El 10 % de la población padece estrés agudo ¿y usted les habla de calma, meditación, yoga, vida interior, espiritualidad…?
La calma viene cuando quiere venir. Si te empeñas en que llegue, igual te pones más nervioso. La calma hay que trabajársela… con calma. Igual que la fruta, hay que plantarla, regarla, esperar y entonces florece. Es un proceso largo.

¿El yoga le sirve encima de un escenario?
El yoga sirve para todo y por tanto también encima de un escenario. Para respirar mejor, por ejemplo, más profundamente, sin tanta tensión, sin tanto miedo reactivo. Siempre estamos en tensión: cuando cogemos un autobús, cuando vamos con prisa, cuando discutimos. No se trata de ponerse por ahí a hacer posturas y flexiones o a decir Om, pero si practicas y te concentras, como ya lo has hecho antes, mantienes una actitud distinta. Igual que un ciclista no se pone a hacer la preparación física justo el momento antes de la carrera, sino que ya viene preparado.

Se acerca en escena a la espiritualidad hindú después de profundizar en el misticismo español, con Santa Teresa o San Juan de la Cruz [algunas de sus obras anteriores], pero sorprende hallar similitudes entre los textos de los santos católicos y los de Yogananda.
Y con los místicos del Islam también, los grandes poetas del Islam, persas, sufíes. Yogananda era un gran yogui en el sentido etimológico de la palabra, el que se ha unido a la divinidad. Porque la meta del yogui es llegar a la unión: el Padre y yo somos uno. El Padre es la fuerza cósmica, el TAU… tiene muchos nombres pero la realidad es solo una y es que lo que existe, existe. Los yoguis logran tras grandes esfuerzos unirse al cosmos, fundirse, eludir el conflicto, alcanzar el equilibrio.

¿Ese mundo espiritual es compatible con un mundo globalizado y tecnológico?
R Sí, claro. El yoga es tan antiguo como la humanidad. En unas excavaciones en el Norte de la India, en el Valle del Indo, se han encontrado varias esculturas de Shiva en postura yóguica. Estamos hablando de una civilización tan antigua, o más, que el Alto Egipto, de unos 7.000 u 8.000 años, hablamos pues de tiempo inmemorial. La tecnología es un instrumento, como un avión, o una cuchara para comer, y nunca nada será incompatible con el yoga, que es un instrumento físico, mental y espiritual.

¿Es de los que cree que el teatro tiene una misión?
R Todo tiene una misión: el teatro, la medicina… O más bien una función, una tarea que cumplir, un mensaje que transmitir. El teatro es un instrumento de comunicación y sirve para hacerte pasar el rato, entretenerte, divertirte, alimentar tu mente, llenar el mundo de poesía o evadirte de los problemas.

¿Dónde encuentra usted poesía en el día a día?
R Los románticos eran especialistas en eso, en buscar poesía en lugares sórdidos. Belleza y poesía son una actitud, un punto de vista, una manera de contemplar el mundo, no es algo que esté fuera de uno, es la mirada.

Usted habla de poesía, de religión, de filosofía o de espiritualidad, de temas elevados, intensos, desde el humor, desde la risa.
R Yogananda decía que el que es santo no tiene interés en aparentarlo. También lo hacía Santa Teresa de Jesús…

¿Santa Teresa era divertida?
Para ser monja, en Ávila y en el siglo XVI, muy divertida. Además, era guapa, bella. Una vez un albañil le dijo al pasar ‘lástima que seas monja’ y ella se giró y le respondió ‘no te importa que lo sea o no, porque de todos modos jamás me casaría contigo’.

Como actor, ¿le molesta que le hagan opinar sobre política, independentismo, feminismo o cualquier otro tema?
No, no. Estamos para eso, hay que responder a todo. Todo el mundo puede opinar. Total, esto ya no tiene remedio [ríe, y la carcajada se convierte en un arranque de tos a causa de la alergia primaveral].

Usted siempre se presenta como cómico, en el sentido original de la palabra.
Sí, como decía Fernando Fernán Gómez. Es que somos cómicos. Pero, además, es que yo soy un actor cómico.

¿Cree en la reencarnación? En caso afirmativo, ¿piensa que puso ser también actor en una vida anterior? ¿Un juglar tal vez?
Yo he sido muchas, bastantes veces, en otras vidas, actor. Por eso he venido a ésta con tantas tablas. Yo siempre tuve la inclinación al teatro, siempre, desde el comienzo. Y eso viene de ahí…


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