Fele Martínez: «En esta sociedad cada vez nos la cogemos más con papel de fumar»

· 4 de abril, 2018

Fotografía: Manuel Zambrana


El alicantino Fele Martínez es uno de los protagonistas de la comedia coral El Club de los Buenos Infieles, el desmadre cinematográfico con el que el realizador Lluís Segura se estrena en el largometraje de ficción. La película narra el reencuentro de un grupo de amigos casados, que quieren a sus mujeres, pero han perdido el deseo por ellas. Para recuperarlo, no encuentran solución más peregrina que fundar el club de infieles del título.

¿Todo hombres? ¡Puaj! Corren malos tiempos para casi todo lo que no sea ombliguismo lelo y pseudoanálisis epidérmico. Por eso, hace un par de semanas, se leía tamaña estupidez en Facebook, ante una simple foto del reparto de El Club de los Buenos Infieles, la comedia de Lluís Segura que se estrenó el viernes pasado. Todo hombres, sí. Los protagonistas de este primer largometraje del realizador barcelonés son todo hombres los protagonistas, y uno de ellos es Fele Martínez, alicantino, amante de la música y la gastronomía (no entraremos en otros campos…), y uno de los más solventes actores de su generación y alguna otra. Pero, en fin, la actualidad manda, así que empezaremos por la frasecita de marras.

¿Todo hombres? ¡Puaj! ¿Qué le diría usted a esa señora tan ofendida y asqueada?
[Ríe]. Bueno, pues nada, que, evidentemente, todo el mundo es libre de opinar. Y que sí, que El Club de los Buenos Infieles es una película protagonizada por hombres, porque es la película que es y la historia es la que manda.

Pues eso, que la historia es esta: Cuatro amigos de la infancia, todos ellos casados, se reencuentran en una cena de exalumnos. Hablando, se dan cuenta que sus matrimonios son un fracaso porque, aunque quieren a sus esposas, ya no las desean. Dispuestos a encontrar la solución, deciden crear un club de infieles para salir a sus espaldas y, así, recuperar el deseo perdido. Por cierto, que en ese imperdonable reparto protagonista se encuentran también Jordi Vilches, Hovik Keuchkerian, Raúl Fernández, Juan Manuel Cifuentes, Albert Ribalta y Adrián Lastra.

Una comedia gamberra…
Muchísimo, muy gamberra.

Pero que también plantea algunos temas peliagudos, difíciles de admitir por esta sociedad pacata.
A ver, la película es un divertimento. No pasa de ser un cuento con el que, eso sí, más de uno se podrá sentir identificado. Y, claro, allá cada cual con su conciencia. Para mí, fundamentalmente, es una película sobre gente que está sola, sobre gente que no sabe resolver sus problemas familiares de una manera coherente y lógica, y que por eso acaba tirando por su lado más infantil. De hecho, como sabemos, son unos amigos que se encuentran en una cena y allí se les despiertan los recuerdos de cuando iban al instituto, a la universidad, antes de casarse y separarse. Sienten algo así como el deseo de recuperar aquellos tiempos de canallada, pero de una manera completamente infantil, no con la madurez y la sensatez que deberían tener ya a su edad. Es como si volvieran a tener catorce años, lo cual no deja de ser un poco triste.

Bien, pero, si somos sinceros, tendremos que admitir también que el deseo de los veinte años no es el mismo que el de los cuarenta, y quizá también que vivimos en una cultura un poco castradora, ¿no le parece?
Lo que sí es verdad es que estamos llegando a un punto en el que en esta sociedad nos la cogemos cada vez más con papel de fumar. Una sociedad en la que hay problemas muy serios, como la violencia de género, la dependencia, la educación, que el Estado suba las pensiones un 0,25% al tiempo que gasta diez mil millones en armamento… Creo que ahí sí hay problemas reales, que se deberían abordar, en vez de ocuparse de silenciar a raperos o de censurar exposiciones. Pero, bueno, volviendo a la película, en absoluto intenta aleccionar a nadie ni sentar cátedra, simplemente es un producto para que la gente vaya al cine a disfrutar durante hora y media viendo sufrir a estos cuatro tarados que van metiendo la pata cada vez más.

¿Es cierto que durante el rodaje hubo muchísima improvisación? Por ejemplo, en una de las secuencias más hilarantes de la película, en la que usted finge un orgasmo.
Es verdad, pero también porque todos los actores teníamos tan claros nuestros personajes que no nos hacía falta ni ensayar. Eso nos daba pie a poder jugar, a levantar la mano y a improvisar. Pero bueno, también es verdad que una secuencia como esa de la cena puede durar cinco minutos, mientras que nosotros estuvimos tres horas y el director tuvo que sacar las perlas de ahí.

Ya, ya, pero también se dice que se diviertieron ustedes bastante y de verdad. Vamos, que en algún momento empinaron el codo sin disimulo y que hay algunos miembros del equipo que han sido declarados personas no gratas en un par de cadenas hoteleras por la envergadura de la fiesta que montaron…
Sí, bueno, la fiesta en la habitación del hotel fue un desmadre. Esa secuencia sí que fue toda improvisada y además la rodamos el primer día. Creo que ahí se produjo una especie de catarsis colectiva… Pero, bueno, también repito lo mismo: eso son cinco minutos de película y estuvimos grabando una noche entera, de manera que al final se sacó lo más bestia…

Bueno, vamos a hablar de cosas menos comprometidas, no vaya a ser que… ¿En qué momento de su carrera se encuentra, cómo ve el panorama a estas alturas?
Pues en lo personal estoy perfectamente. Creo que, después de veintitantos años, he alcanzado un punto en el que uno ya dispone de suficientes herramientas, en el que puede echar mano de la intuición… La verdad es que estoy muy feliz con el momento que estoy viviendo, tanto a nivel profesional como personal. Vamos, que no lo cambiaría por nada del mundo.

¿Sigue dedicándose también a sus aficiones culinarias y musicales?
Ahí estamos, dándole un poquito, sí, señor. Sin ir más lejos, el día 2 de abril hicimos la última función en el Café Berlín de un musical que estamos haciendo, en el que yo, efectivamente, toco el bajo, y bueno, es como la última función antes de dar el salto al teatro, porque el 9 de junio vamos a hacerlo en el Principal de Alicante, ojo, un salto cualitativo importante.
[Fele Martíneza habla de Mueblofilia, un musical punk de Rulo Pardo, con once actores/músicos en escena. Una comedia en la que el señor Pino está enamorado de una silla. La silla está enamorada del señor Pino. Hacen el amor. Ella se queda embarazada y tienen una niña-mecedora preciosa. Pero alguien vio a Pino practicando posturas extrañas con un armario. Lo denuncian, lo encierran, lo juzgan y lo condenan a muerte…].

Bueno, en Alicante tendrá al público ganado…
No te creas. Al revés, ahí es donde yo, personalmente, tengo que echar el resto.

¿Algún otro proyecto más en ciernes?
Sí, para agosto-septiembre empiezo con otra función de teatro, pero antes, a primeros de junio, ya empezamos a grabar la segunda temporada de Estoy vivo [serie sobrenatural de La 1 de TVE].

Adelántenos algo…
Ya me gustaría, pero no me dejan, así que, sintiéndolo mucho, mis labios están sellados.

Pues nada, termine usted, si quiere.
Bueno, pues enlazando con la primera pregunta que me has hecho, que la gente se deje de historias y venga al cine sin ningún prejuicio, que esta es una película para divertirse sin más.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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