Mathieu Amalric: “Ser espectador de cine es un acto de fe, hay que creer en lo que vemos”

· 2 de abril, 2018

Mathieu Amalric estrena la película Barbara, un singular y personal biofilm protagonizado por Jeanne Balibar y él mismo, sobre la venerada cantante y compositora de la Chanson francesa. La película, con un argumento que plantea una historia de cine dentro del cine, fue premiada en Cannes (Mejor narrativa poética-Un Certain Regard), con el galardón a la Mejor dirección en Sevilla, y con los César a la Mejor actriz y al Mejor sonido.

Barbara es una película de encargo. ¿Por qué le eligieron a usted y qué le atrajo del proyecto?
Es cierto que no era yo quien tenía que hacer la película, sino Pierre Léon. Lo intentó durante ocho años, y ya estaba Jeanne [Jeanne Balibar, la protagonista] en el proyecto, pero no lo consiguieron. Hace tres años, me sugirieron que probara yo. Ellos estaban totalmente enamorados de Barbara, habían visto todos sus conciertos… Bueno, evidentemente, yo les dije que era una idea muy muy mala, que no sabía si lo conseguiríamos… Pero, como he dicho, estaba Jeanne en el proyecto, así que me puse a trabajar para tratar de encontrar algo con lo que ella pudiera divertirse. Yo, por mi parte, traté de hacer algo que me inspirara con las canciones de Barbara, y me inspiré en Pierre para mi personaje de Yves.

Uno de los atractivos de la película es lo peculiar del guion, que, más que mostrar a Barbara, la pinta con gestos, música y emociones propias y ajenas (las de su personaje, el realizador Yves Zand, por ejemplo). ¿Por qué concibe así la historia?
Me parecía más divertido y emocionante filmar a una actriz trabajando de actriz. Lo que me atraía eran las canciones, la música, las palabras de Barbara, y me dije que era un misterio el cómo a ella se le ocurrían todas esas canciones. De manera que haciendo que Jeanne representara a una actriz que debe representar a Barbara, pude filmar a la auténtica Barbara manos a la obra.

Una curiosidad: ese director ficticio al que usted interpreta se llama Yves Zand, es decir, lleva el apellido de su madre…
Bueno, eso ya lo había hecho antes en Tournée [2010], en la que mi personaje se llamaba Joachim Zand. No hay un motivo especial, solo sé que a mi madre le gusta.

Yves Zand siente verdadera devoción por Barbara. ¿Ficción o realidad? ¿La conocía usted bien antes de rodar la película?
Es algo totalmente inventado. Como he dicho, me inspiré en Pierre Léon, y también en muchos amigos de mi edad que sí vieron a Barbara sobre el escenario, cosa que yo no había hecho, como tampoco Jeanne. Pero escuchaba sus canciones durante la infancia, en el coche de mis padres…, y pensé que podía ser interesante que ese director fuera fetichista, porque Barbara era muy capaz de inspirar algo así, sobre todo entre los hombres: Barbara les daba miedo a los hombres, y eso me interesaba mucho. Actores y actrices tienen un acceso inmediato a los personajes que representan, mientras que el director no parece saber muy bien lo que hace. Por eso al final de Barbara el director se queda en la puerta, mientras que a actriz que la interpreta, ha realizado un viaje mucho más íntimo.

Un guion complejo y poco convencional podría crear dificultades entre un director y una actriz que no se entiendan a la perfección. ¿Cómo fue su trabajo con Jeanne Balibar, dada su relación?
Jeanne y yo nos hemos inventado completamente los personajes. No pretendíamos contar una historia de examantes que de repente se encuentran en el rodaje de una película, que es lo que ha pasado entre Jeanne y yo, que hemos tenido una historia durante mucho tiempo, e incluso hemos hecho dos hijos juntos. Era mucho más divertido inventarse los personajes, porque nuestro objetivo, al fin y al cabo, era hablar de Barbara. En la realidad, ni Jeanne ni yo somos así, de manera que nos hemos divertido. Yo mismo, cuando aparezco en mis películas, me río mucho de mí mismo.

En la película, las canciones se van integrando de manera orgánica en el argumento. Hasta el punto de que son esas canciones las que narran los elementos estrictamente biográficos de la historia.
Me gusta que mencione la palabra ‘orgánico’, porque se trata realmente de eso, de inventar situaciones para que las que canciones no funcionaran solo como interludios, sino que fueran sensaciones en sí mismas. Así, he podido filmar a la actriz repitiendo las canciones, ensayando… Pude filmar a Jeanne en fomato documental, y así mezclar una especie de apariciones que son como reflejos en un espejo. Eso producía situaciones semejantes a cuando uno hace espiritismo, con la tabla de la uija girando, a la espera de que el espíritu de Barbara pudiera aparecer en un momento determinado. Pero también he de decir que pude combinar todo eso porque realmente es Jeanne la que toca el piano y canta las canciones de Barbara, con momentos en los que su imagen se proyecta en la pared, lo que nos permite escuchar también su verdadera voz. Por supuesto, también he escogido las canciones de manera que fueran aportando información a la película, por ejemplo, en el caso de Amor incestuoso, un título que ya lo dice todo.

La estructura narrativa mezcla con mucha naturalidad a la actriz que estudia a Barbara con la actriz que la interpreta, e incluso introduce imágenes reales de la cantante. ¿Por qué decidió hacerlo así?
Muy sencillo, he intentado utilizar todas las herramientas con las que el cine permite la encarnación. Por ejemplo, hay diez minutos en los que se mezclan la realidad y la ficción. Ser espectador de cine también es un acto de fe, hay que creer en lo que vemos. Cuando entramos en una iglesia y contemplamos los frescos que representan a Cristo, a la Virgen, a los santos, llegamos a creer. Pues bien, el cine es algo parecido, algo que nos permite lograr que la gente se lo crea todo, lo que sea.

La película nos aproxima a Barbara por medio de formas, de gestos, de la respiración interior de la protagonista. ¿Es la mejor forma de buscar al personaje, incluso a riesgo de no ser fiel al original?
Me gusta también que me pregunte eso, porque es precisamente lo que buscaba, la respiración de Barbara. Y un poco la fantasía, lo divertido que pudiera tener. Es una manera de tratar de acercarse a esa realidad, a la manera como ella escribía sus canciones, que es lo que refleja la película. Eso, además, me ha ayudado también a adoptar una actitud muy crítica respecto del camino que Barbara recorrió y, al mismo tiempo, adoptar una actitud muy cercana, muy íntima, como sus canciones, que dejan entrever la realidad, que dejan escuchar cosas.

Barbara tiene también un especial sentido del humor…
Es cierto, porque Barbara era una mujer muy muy divertida, pero solamente en la vida. Después se ponía máscaras, que también ocupan un lugar importante en la película. Ella se llamaba a sí misma le clown noir (el payaso negro). Se ponía un maquillaje muy blanco, con muchas capas, y se vestía de negro, como los personajes del cine expresionista alemán de los años veinte. Pero yo también estaba filmando a una mujer a la que he querido y a la que quiero, que es Jeanne, y que también es muy divertida, lo que me permitía vibrar con el personaje y hacer que todo fuera un poco menos siniestro. Barbara se sumergía en el sueño de sus pesadillas, pero no solamente hacía eso, también podía escribir canciones sobre la alegría de vivir.

¿Qué podemos esperar ahora de Mathieu Amalric?
He hecho muchas cosas diferentes. Como actor, he participado en una serie que está muy bien, por ejemplo, pero también hago documentales musicales, y esto es algo que filmo en solitario, incluso me ocupo personalmente de la música. Por ejemplo, con otra Barbara, Barbara Hannigan, que es una soprano y además directora de orquesta. Si pones ‘Amalric ópera‘ en YouTube, lo encontrarás. Si no, estoy en un mi casa de la Bretaña, escribiendo otra película.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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