José Díaz: “La naturaleza, por muy dura que sea, te da mucho más de lo que te quita”

· 30 de marzo, 2018

Cien días en completo aislamiento en la alta montaña asturiana del Parque de Redes, Reserva de la Biosfera. El ovetense José Díaz ha estrenado el documental que grabó mientras vivió esa extraordinaria y dura comunión con la naturaleza suguiendo la estela de hombres como H. D. Thoreau.

Primero fueron los libros (una trilogía con textos y fotos que cerró recientemente Entradas al Paraíso, tras Mi cabaña, mi mundo y Sentidos: Asturias a flor de piel). Y después llegó el documental que ahora está en un puñado de cines españoles, firmado por Gerardo Olivares y José Díaz, aunque es este último quien vivió y grabó los 100 días de soledad en las agrestes y bellísimas alturas del Parque Natural de Redes, que comparten los concejos asturianos de Caso y Sobrescobio. Toda una aventura en la estela de hombres singulares, como Richard Proenneke, Syvain Tesson y, muy especialmente, H. D. Thoreau, por el lado de la realidad, o, por el de la arrolladora fantasía, de obras literarias (Robinson Crusoe) y cinematográficas (El cazador, Dersu Usala, Náufrago…).

El ovetense José Díaz fue, en fin, quien decidió un día emprender la aventura de vivir aislado en la alta montaña durante cien días, entre el 13 de septiembre y el 21 de diciembre de 2015: «Elegí este periodo porque es en el que más cambios se producen en la naturaleza, para el disfrute de los espectadores. Tendríamos días todavía de verano, el otoño –la estación de los colores, la recolección de frutos secos y bayas, la berrea del ciervo…–, hasta llegar al mes más duro del año, en el que las fuertes nevadas cubren el paisaje y la luz del día brilla por su ausencia».

¿Cómo y por qué se plantea la aventura?
Bueno, a mí me cuesta muy poco decidirme a hacer las cosas, o sea, que por esa parte ni lo pensé, que es lo que suelo hacer habitualmente. Tampoco hubo resistencias familiares; casi al contrario, porque mi mujer siempre me dice que cuando bajo del monte siempre estoy mucho mejor que cuando subo…, así que incluso me empuja. El porqué es un cúmulo de casualidades. Yo subo habitualmente a la montaña. Conocí a José María Morales, productor de Wanda Films, entablamos amistad y me ofreció la posibilidad de emprender un proyecto juntos. Yo le ofrecí este, que me parecía muy interesante y me atraía mucho después de haber leído obras como Walden [el ensayo de Thoreau donde relata su experiencia de vida en soledad durante más de dos años en una cabaña construida por él mismo]. Y, bueno, básicamente, eso fue todo y tiramos p’alante.

Pero una cosa es pensar y otra hacer. ¿Cómo estaba de ánimo cuando ya era una decisión tomada?
Atravesé diferentes fases. La primera, cuando le planteé el proyecto y me dijo que sí, fue muy emocionante y muy ilusionante. Después, cuando empecé con los preparativos, me sobrevino un poco de confusión, porque tampoco me sentía muy capaz de hacerlo con tan pocos medios, por mi falta de experiencia: había que preparar una huerta en zona de montaña, había que trabajar con gallinas; tampoco tenía experiencia con un caballo… Y, en fin, cuando llegó el último momento, en la cabaña, una vez que ya me había despedido de mi familia…, eso fue algo más complicado todavía. Pero a partir de ahí todo fueron momentos buenos. Muy duros de trabajo, de mucho esfuerzo y sacrificio, con muy poco tiempo libre, pero muy interesantes y gratificantes.

Saltemos el tiempo. ¿Era usted otro cuando bajó?
Quizá no sea yo la persona indicada para decirlo, pero creo que volví mucho más convencido de todo lo que ya pensaba antes. Fui consciente de que puedes conseguirlo todo si pones ilusión en ello; de que la naturaleza, por muy dura que pueda ser en momentos puntuales, te da mucho más de lo que te quita; y de que con muy muy pocas cosas, pero muy muy pocas, se vive mucho más feliz que con muchas.

Sí, pero también hablamos de Asturias, donde la naturaleza proporciona recursos. ¿Cree que hubiera podido con la misma experiencia en otro lugar mucho más hostil?
Yo creo que sí, aunque sería mucho más complicado, sin duda. Si habláramos de alguna zona sin este tipo de naturaleza, como un desierto, no lo sé…

¿Hubo momentos malos desde el punto de vista físico?
Físicamente, el momento más duro fue la primera salida larga que hice. Cargaba unos cuarenta kilos de material (el caballo otros ochenta). Era la primera vez que ensillaba y manejaba un caballo, y había que subir a una zona a la cual el acceso a pie ya es muy complicado. Sí, recuerdo ese día como francamente malo. Llegué arriba con una pájara considerable.

¿Algún momento de peligro?
Te diría que sí, pero se enteraría mi mujer y quizá no me dejaría ir más al monte… No, bueno, cosas como que te pase una víbora entre las piernas, pero eso le puede suceder a cualquiera que ande por el campo. O quizá un día que me metí en una zona complicada para grabar una berrea y cuando llegué me di cuenta de que salir de allí no sería nada fácil…

Después de su experiencia, ¿qué piensa de sus antepasados de… no sé, el siglo XIX, que vivían en lugares semejantes con muchos menos medios?
Tenía que ser una auténtica locura. Ten en cuenta que incluso algunas personas mayores que yo conozco caminaban descalzas por el monte. Con muy pocos medios, mal vestidos, mal alimentados muchas veces, y trabajando como mulos. Eran prácticamente superhombres.

Renunció usted a la caza. ¿Por motivos éticos?
Tengo muy claro que en estos tiempos se puede vivir sin recurrir a la caza. Pero también es cierto que, aunque hubiera sido por eso, Redes es una Reserva de la Biosfera y rigen unas normas muy estrictas. De hecho, ni siquiera se me pasó por la cabeza comer las gallinas cuando dejaban de poner. Las proteínas las ingerí comiendo muchos huevos. Después de varios días sin comer, me metí entre pecho y espalda unos huevos con patatas y abrí una lata que encontré en la cabaña (llevaba años allí), y resulta que eran carrilleras. Fue la única carne que comí. Y me sentó fatal.

¿Algún mensaje para esta humanidad desbocada…?
Si la película consigue despertar la conciencia de algún espectador sobre la naturaleza, ya me daré por satisfecho.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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