Ferenc Török: “La Unión Europea no actúa contra la manipulación de los populismos”

· 28 de marzo, 2018

El realizador , escritor y director teatral húngaro Ferenc Török tiene en las pantallas españolas su sexto largometraje. Titulado 1945 y rodado en blanco y negro, con maneras de western, el film se desarrolla durante una jornada de agosto de 1945, recién terminada la II Guerra Mundial, cuando la llegada a un pueblo de dos judíos desata la inquietud e incluso el miedo entre sus habitantes. ¿Por qué…?

El Estado y buena parte de la población húngara aprovecharon las circunstancias de la II Guerra Mundial para despojar de sus pertenencias a la minoría judía, reflejo de un desencuentro que todavía hoy, bien entrado el siglo XXI, está lejos de una solución satisfactoria. Esta es la base argumental de la austera y absorbente nueva película del realizador Ferenc Törok, 1945, sobre el regreso a un pueblo de una pareja de esos judíos recién terminado el conflicto bélico.

Su película muestra un llamativo paralelismo entre Hungría y España en cuanto a heridas históricas sin cerrar. En el caso de Hungría, la relación de la población en general con la minoría judía a raíz de lo sucedido durante la II Guerra Mundial. ¿Por qué no han podido superar esa cuestión en su país?
El año 1945 es, sin duda, la época menos estudiada y debatida de nuestra historia. He pensado mucho sobre lo que sucedió después de la guerra y el Holocausto, y es un espacio en blanco en la historia húngara: Se trataba de enterrar secretos y aceptar lo que sucedió. También de hacer algo, como independizarse, pero no fue tan fácil. No, no hubo restitución en Hungría, sino, principalmente, compensación simbólica: El Estado aceptó la responsabilidad legal por las propiedades confiscadas, pero decidió que no había datos económicos reales para pagar las antiguas propiedades que fueron confiscadas y nacionalizadas durante la guerra y bajo el régimen comunista. En los años noventa, este fue un debate común en toda Europa.

Una Europa en la que hoy suben preocupantemente los populismos ultraconservadores. En el caso de Hungría, en 2014, incluso hubo un boicot judío de las conmemoraciones oficiales del Holocausto. ¿Ante qué perspectiva les coloca a ustedes (y al conjunto de Europa) esa deriva política?
El populismo manipula a la gente. Este pueblo húngaro es un modelo de la sociedad posfeudal, donde muy pocos poderosos manipulaban a la multitud impotente. En esta era poscomunista, especialmente en Europa oriental y central, vivimos la regeneración del odio y la demonización de las minorías. Es por eso que deberíamos hablar sobre estos temas, darnos cuenta de los problemas del presente. El año 2014 fue bastante controvertido en nuestro país. El gobierno nacionalista levantó una estatua en el corazón de Pest, al lado del Parlamento, sugiriendo que Alemania ocupó Hungría, que de ese modo sería un país inocente. Nuestra película se opone radicalmente a esta idea y muestra cómo realmente funcionó la colaboración.

¿Cómo valora la actitud de la Unión Europea ante el problema?
La Unión Europea no actúa realmente contra la manipulación del populismo, ya que todas las políticas lo usan en su beneficio.

1945 está basada en un relato de Gábor T. Szántó Vuelta a casa, que, a su vez, se inspira en el pogromo de Miskolc (1946). ¿Hasta qué punto es fiel su película a esos precedentes?
El de 1945 es un pueblo ficticio, sin nombre, y la película, por lo tanto, no tiene nada que ver con Miskolc; pero somos conscientes de lo que sucedió allí. Si hubiéramos hecho un documental, habríamos sido más sangrientos y más duros con los húngaros, pero esta película presenta un pueblo normal y corriente, así que, en cierto sentido, es educada. En Hungría suscitó mucha polémica: para unos era antihúngara y para otros demasiado húngara. Pero suscitó el diálogo, lo cual es bueno, porque la responsabilidad de las artes es abrir nuevas puertas, y no cerrarlas.

¿Pretende contribuir con 1945 a cerrar las heridas, o han pesado más en usted los motivos artísticos? En todo caso, ¿cómo cree que se podría solucionar de una vez por todas el problema?
Recordar es una posición activa, lo contrario de olvidar. No hay otra opción. Nosotros hemos querido mostrar una nueva cara de lo que pasó en Europa: el drama de los supervivientes que regresaron y encontraron una sociedad mayoritaria o parcialmente hostil, que poseía buena parte de sus antiguas propiedades. Ese fue uno de los aspectos más perversos de la Shoah: el Estado entregó las propiedades judías a los ciudadanos locales en subastas con descuento, y así los convirtió en colaboradores. Sucedió incluso con quienes no tenían sentimientos antisemitas, y lo hicieron por motivos económicos; así se comporta la mayoría de los seres humanos… Y además ese drama moral causó un antisemitismo secundario, porque tras la guerra la población desarrolló un nuevo tipo de odio contra los supervivientes causado por su propia vergüenza o sentimiento de culpa.

En 1945 escasean los diálogos y son parcos los medios de producción. Al contrario, despliega una intensa fuerza dramática y un grado de suspense que atrapa al espectador. ¿Fue una elección estilística o todo vino forzado, al menos parcialmente, por el presupuesto?
Primero me enamoré del cuento Homecoming, de Gábor T. Szántó, luego me interesó ese tema. Trabajamos en el guion durante años con Gábor. Después, empezamos a visualizar la película. Para mí, era y es blanco y negro porque así es auténtica, y esto, en cierto sentido, facilitó el trabajo porque no hubo necesidad de concentrarse en los colores y tuvimos más tiempo para la composición y la interpretación. Queríamos que el público se centrara más en la historia, en el drama humano.

Hablando de sus eficaces actores, ¿cómo fue su proceso de elección?
Para el papel principal, ni siquiera hice un casting. Péter Rudolf ha trabajado en comedia, pero lo vi claramente como esa figura malvada de 1945 y engordó más de quince kilos, lo cual lo transformó mucho. En cuanto al resto, Hungría es un país pequeño, así que conozco a todos los actores y actrices. Solo hice un casting para los más jóvenes, aunque fue suficiente con llamar a los estudiantes de la Academia de Cine y Drama.

Su película ilumina una injusticia sufrida por los judíos. ¿Cuál es su punto de vista sobre el conflicto entre Israel y Palestina, y cuál cree que podría ser la solución?
Lo siento, no tengo ni idea. Me gusta mucho Israel, es un país fuerte y bello. Jerusalén es una de las ciudades más importantes del mundo. Moisés, Jesús, historia, cultura. Estoy realmente preocupado por la gente palestina, pero necesitan aceptar la realidad. Por favor, ninguna guerra.

¿Algún otro proyecto ya en marcha?
Estoy trabajando en otro drama de época. Es una historia real, sobre un nadador, sobre la madurez. Habla de nuestro primer ganador olímpico, Alfréd Hajós, que ganó en Atenas. Era un pobre muchacho judío, que más tarde terminaría convertido en un famoso arquitecto.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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