El mundo a sus pies

· 28 de marzo, 2018

Texto: Noelia Hermida

El diseñador Manolo Blahnik y sus famosos zapatos protagonizan una de las exposiciones más esperadas del año en el Museo de Artes Decorativas de Madrid.

Arte y moda. Dos sectores, dos palabras, dos conceptos que van de la mano. Es habitual ver cómo los diseñadores se inspiran en obras de arte. Pero a veces son autores de una obra de arte. Uno de esos casos es el de Manolo Blahnik [La Palma, 1942], el creador de los zapatos más famosos del mundo, los manolos. Él y sus zapatos son los protagonistas de una de las exposiciones más esperadas del año, que se puede visitar hasta el 8 de marzo en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid. Con sólo echar el primer vistazo a la muestra, uno se da cuenta de que lo que hace Blahnik es mucho más que calzado. No son complementos bonitos, no son aliados para hacer a la mujer más bella, no son objetos de deseo… son piezas con una historia, con un sentido, con una calidad, con una técnica meticulosa que bien merecen estar en un museo.

Durante los últimos 45 años, el creador, afincado en Londres, ha demostrado que un zapato es un objeto con personalidad propia que trasciende su mera funcionalidad. Y eso le ha valido numerosos premios y reconocimientos, incluidos la Orden del Imperio Británico y el Premio Nacional de Diseño de Moda. Ha vestido a las mujeres más sofisticadas, ha colaborado con Yves Saint Laurent, Óscar de la Renta o John Galliano, ha protagonizado portadas de las revistas de moda más influyentes, y ha enseñado al mundo que para triunfar hace falta una pizca de suerte, sí, pero sobre todo esfuerzo, investigación, curiosidad, pasión y originalidad. Tras cruzar la puerta del museo, comienza un auténtico viaje por el mundo de Blahnik gracias a 212 zapatos y 80 dibujos originales. A través de sus zapatos más emblemáticos, de fotografías de sus álbumes familiares o de los archivos de la revista Vogue, una de las organizadoras de esta muestra, se recorre la línea temporal de la trayectoria del diseñador, pero también sus obsesiones, sus inspiraciones y los aspectos más desconocidos de su proceso de creación.

Dividida en nueve áreas, la exposición arranca en el taller del diseñador. Para entender qué es un manolo, hay que conocer las décadas de estudio y trabajo que tiene sobre sus hombros su creador. Blahnik se introdujo en el mundo de la moda desde niño gracias a su madre, que solía encargar vestidos con los mejores tejidos a modistos de Madrid y París. Así, comenzó a investigar sobre materiales, a imaginar estampados y a experimentar. Fue gracias a una recomendación de la directora de Vogue Estados Unidos, Diana Vreeland, por lo que se centró en el diseño de los zapatos de mujer. Y así, en los años 70 comenzó a despuntar por la perfección de sus hormas –su pasión por las proporciones del pie le viene de estudiar a los artistas griegos Fidias y Praxíteles–, y, sobre todo, por sus tejidos y sus diseños. El brick, una sandalia de plataforma realizada en corcho y forrada de cuero negro, realizada para el desfile de Kansai Yamamoto, en 1971, es un ejemplo de su vanguardismo. Pero si hay algo que caracteriza a Manolo Blahnik es la elegancia.

Por las vitrinas aparecen sus maravillosos stilettos. De tartán, de seda, con pedrería incrustada, de encaje, de serraje, de rafia, de ante, de cuero… un universo de colores y mezclas que hacen referencia a las diferentes temáticas que marcan la vida de Blahnik: la arquitectura, el cine, el arte, la naturaleza, la cultura española y la británica, Italia, África, Oriente, las cenas de gala, las mujeres, la literatura y la belleza. Desde los bocetos realizados en tinta que cuelgan de las paredes hasta la muestra de todas las piezas que componen uno de sus modelos – Josefa, de la colección verano 2017 realizado en honor a la arquitecta Zaha Hadid– y el resultado final, se ve el nivel de artesanía que hay en cada zapato. Sus diseños, además de convertirse en objeto de deseo para muchas mujeres, en parte por la adoración que profesaba por ellos la protagonista de Sexo en Nueva York, también son un ejemplo de diferenciación.

Un salvavidas basado en la artesanía –no se fabrican más de 100 pares de manolos al día–. Sandalias enredadera llenas de flores o con lagartijas de piel,stilettos arquitectónicos o inspirados en los samuráis, botines con cristales bordados o con pieles de animales exóticos, botas XXL de satén en neón o de tela vaquera y con pedrería que el diseñador realizó en colaboración con Rihanna; sandalias con piedras preciosas o abotinadas con piel e incrustaciones de pelo; el campari de charol de Kate Moss o los diseños personalizados para Linda Evangelista y del vestuario de María Antonieta. Manolo Blahnik ya se merece en vida el reconocimiento de mito.


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