Samu Fuentes: “‘Bajo la piel de lobo’ es una película muy seca. Y muy real”

· 13 de marzo, 2018

Fotografía: Samu Fuentes (a la izquierda), con Mario Casas.


Las montañas de Asturias y Huesca son el escenario natural de Bajo la piel de lobo, el debut en el largometraje de ficción del realizador asturiano Samu Fuentes. Una historia sobre la soledad y la condición humana, y con referentes en La bella y la bestia, “aunque mucho menos romántica”, afirma el cineasta.

José Manuel Fuentes firma Samu Fuentes (así le conoce todo el mundo desde que era pequeño –«no sé por qué»–) su primer largometraje de ficción, Bajo la piel de lobo. En él cuenta (también es suyo el guion) la peripecia de Martinón, el último habitante de un remoto pueblo montañés; un alimañero que solo contacta con otros humanos en primavera, cuando baja al valle para comerciar con las pieles de las piezas que ha cobrado. Sin embargo, la irrupción de una mujer en su vida le sacudirá en lo más íntimo y le forzará a elegir entre su vulnerabilidad como ser humano y su lado salvaje.

Samu Fuentes no es un jovencito recién salido del Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya, donde estudió cine. De tal manera que sus cuarenta y cinco años dejan claro lo que cuesta en España levantar un primer proyecto cinematográfico de cierta envergadura. En el caso de Bajo la piel de lobo fueron nada menos que nueve años, un tiempo en el que, no obstante, el realizador de Noreña se bregó en distintos equipos de producción y dirección (con Tom Fernández, José Antonio Quirós, Woody AllenVicky Cristina Barcelona–, o, más recientemente, Sergio G. SánchezEl secreto de Marrowbone–).

¿Por qué esta película en concreto para debutar?
Con otra habría sido más fácil, sin duda. Ya sabes lo que se dice siempre de una primera película: que no tenga actores conocidos, que no tenga animales, que sea en interiores, que no sea de época… Y hemos hecho todo lo contrario. Pero es la película que queríamos hacer. Fue muy duro, pero también muy ilusionante.

¿Cómo ha reaccionado la gente que la ha visto ya?
A unos les gusta muchísimo; otros no acaban de entrar, creo que en parte porque tiene pocos diálogos. Pero, claro, que tenga pocos diálogos no quiere decir que no cuente nada, ¿verdad? Muchas veces, es justamente al revés, y aquí es el lenguaje cinematográfico el que intentamos utilizar.

¿Y qué nos cuenta con él?
Todo nace de una historia que un amigo me contó yendo de monte por la zona de Ponga (Asturias). Allí vivía, a finales del siglo XIX, un tal Martinón, que había comprado a una mujer (las cosas de los pueblos y las dotes…). Cuando ella falleció, la nieve le impidió a Martinón bajar al pueblo a enterrarla, y optó por darle sepultura allí mismo. Sin embargo, se dice que, misteriosamente, los lobos iban todas las noches a desenterrar el cadáver, y el hombre se vio obligado a vivir con él en su cabaña. Primero pensé en esta idea como un documental, pero después vi que tenía mucha fuerza dramática…

¿Y cómo quedó la historia finalmente?
Habla de la soledad y de la condición humana, del choque entre lo salvaje y lo civilizado. Y hay en la película una tensión dramática que incluye también reflexiones sobre cuestiones como la bondad y la maldad. Es una historia con elementos que también están en La bella y la bestia, aunque, desde luego, no tanto romanticismo…

¿Una película dura?
Una película seca. Y muy real: hemos hecho (también los actores) un trabajo antropológico importante. Para empezar, porque es una historia que tiene lugar en la década de los años veinte del siglo pasado, un tiempo en el que las cosas no se hacían ni mucho menos como ahora, desde las lámparas de tuétano a la limpieza de una piel animal, pasando por la colocación de cepos… Trabajamos mucho con los actores en estas cuestiones, para que fueran ellos mismos quienes hicieran todas esas cosas. Esto influyó también en la puesta en situación, en la forma de rodar. Apostamos mucho por los planos secuencia, para evitar las trampas de los cortes que pudieran restar autenticidad a lo que se ve en la pantalla.

¿Ya tenía usted conocimientos antropológicos previos?
La verdad es que no. Me documenté mucho. Hablamos con pastores, con alimañeros… Incluso, con Mario Casas ensayamos en Picos de Europa con unos pastores que viven allí diez meses del año, y cuyo padre había sido alimañero. Le enseñaron a seguir rastros, a leer los excrementos de los animales… Un trabajo de campo muy potente.

Las localizaciones habrán sido también importantes…
Sí, hubo mucho trabajo de localización. Una parte de la película, donde vive el protagonista, en alta montaña, la rodamos en Huesca, y la parte correspondiente al valle se rodó en el suroccidente de Asturias (Teixois, Taramundi, Santa Eulalia de Oscos, Villayón). El pueblo es Argul (concejo de Pesoz).

¿Un asturiano busca la alta montaña en Huesca?
En Asturias hay sitios que a mí me encantaban, y ya habíamos localizado incluso, pero en ese momento no teníamos asegurada la nieve y estaba el problema de la dificultad de los accesos. En cambio, nos decían que en esa zona del Pirineo iban a tener el invierno más duro de los últimos cien años; al final no fue tanto, pero bueno… Encontramos un pueblo espectacular, arreglaron los accesos…, y en fin, acabamos rodando allí.

Mario Casas, Irene Escolar, Ruth Díaz… ¿Por qué esos actores?
Si te digo la verdad, el casting ha cambiado desde el principio del proyecto, algo lógico si tenemos en cuenta el tiempo que ha pasado. En el primero, por ejemplo, estaba el pobre Álex Angulo…

Se ha hablado bastante del cambio físico de Mario Casas para rodar esta película. Dicen que engordó diez kilos…
Sí, y cuando se lo comentamos no puso ningún inconveniente, al contrario. ¿Diez kilos? Yo creo que más, porque comía muy a gusto la comida asturiana. Normalmente, en las películas los actores simulan comer, pero él comió y bebió todas las veces que hacía falta. De hecho, en Taramundi, el último día de rodaje, repetimos una secuencia seis veces, y seis veces que comió pote asturiano. Como un campeón.

Seguro que también se llevó alguna navaja típica de la zona…
Claro, compró y le regalaron. Creo que se fue con cuatro.

¿Qué experiencia se lleva usted del rodaje?
Sobre todo, lo mucho que aprendí. Y también la satisfacción de los equipos, el artístico y el técnico. El set de rodaje funcionó como una piña. Para mí dirigir no es mandar, y tuve la suerte de contar con unos equipos estupendos, perfectamente capaces de entender lo que quieres y de ofrecerte diferentes posibilidades.

¿Qué idea podría resumir su película?
Quizá dos: Que muchas veces las personas no son lo que parecen, una, y la otra, la famosa locución de Plauto: homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre).

¿Y ahora?
Pues ya estoy con dos proyectos, un guion que estoy reescribiendo y que habla de una pandilla de amigos en el paso del colegio al instituto, y otro que ya tenía sobre unos ancianos que deciden que no quieren terminar sus días en la residencia.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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