Xavier Puchades: “Buen teatro. Un problema llevado a lo sencillo e intenso. Eso es ‘Classe'”

· 7 de marzo, 2018

Última oportunidad para disfrutar con una de las obras más interesantes de la actual cartelera valenciana. Se trata de Classe, la adaptación valenciana (Xavier Puchades) que traslada a la realidad española el texto homónimo escrito por el chileno Guillermo Calderón sobre La Revolución de los Pingüinos, que tuvo lugar en 2006, y en la que los estudiantes de secundaria se alzaron contra la privatización del sistema educativo de su país. Las últimas cuatro funciones de Classe  se representan en Carme Teatre, del 8 al 11 de marzo, con Àngel Fígols y Maria Andrés como pareja de intérpretes. La obra es una producción de La Medusa y Teatrencompanyia, que continúa así su línea de trabajo centrada en la investigación sobre dramaturgia contemporánea y la producción de obras de autores internacionales que difícilmente llegan a València.

“Ángel Fígols interpreta en Classe a un profesor nacido durante el franquismo y educado en la Transición, cuando las luchas sociales se transformaban en democracia y frustración. Frente a él, Maria Andrés se pone en la piel de una joven nacida en democracia, en busca de un camino alternativo y diferente al de sus compañeros. Ambos son testigos directos de la progresiva degradación de la escuela pública en beneficio de la privada, con la consiguiente desigualdad social”.

A Xavier Puchades basta con darle el pie para que se lance a tumba abierta por el tobogán de la reflexión. Y aquí va la prueba:

La obra se estrenó en 2008. Han pasado, por lo tanto, diez años, lo cual nos dice claramente que las cosas no han mejorado lo suficiente como para que el texto haya perdido actualidad. Quizá podemos empezar lamentándonos un poquito…
De hecho, el montaje original, que se estrenó, efectivamente, en 2008-2009, se volvió a hacer prácticamente con el mismo elenco el año pasado. Y el autor decía exactamente lo mismo, que han pasado diez años desde La Revolución Pingüina chilena [así se ha dado en llamar a la masiva movilización de protesta de los estudiantes del país latinoamericano por el derecho a la educación y contra la privatización del sistema. El nombre de pingüinos deriva del uniforme escolar blanco y negro de estos estudiantes de primaria y secundaria], y sí, es cierto que se consiguieron algunas cosas, pero otros muchos aspectos importantes de la reforma no se consiguieron evitar. Se iba en contra, además, de un sistema impuesto por Pinochet, quien, antes de retirarse, como algunos otros en España, había dejado la cosa atada y bien atada, en este caso la educación privatizada. Hay paralelismos evidentes con la situación de España, porque aquí, en los años ochenta, hubo reacciones contra las reformas educativas y numerosas protestas estudiantiles desde la época de las concertaciones, la Logse, hasta la implantación del Plan Bolonia. Los procesos de transición de ambos países, Chile y España, son similares, aunque a nosotros el dictador se nos murió en la cama y a ellos no. A nivel educativo, allí la politica de privatización fue mucho más agresiva que aquí, y ahora se va haciendo más lentamente, de manera solapada, como se hacen estas cosas de un tiempo a esta parte.

O sea, que los procesos son lentos, pero seguros… Lo cual nos lleva a pensar que Classe quizá también nos presenta un gran fracaso en cuanto a progreso social se refiere, y, con él, el del sueño político vinculado con el centro-izquierda socialdemócrata.
Indudablemente, porque el resto de la izquierda se quedó completamente fuera de ese proceso por múltiples razones. Este magnífico autor chileno, Guillermo Calderón, tiene unos fantásticos textos de reflexión no solo política, porque van mucho más allá. Tiene uno concretamente, titulado Discurso, sobre el discurso estrella de Michelle Bachelet, que es una maravilla; de un sarcasmo y una mala leche impresionantes. Es también el discurso que aquí se podría haber hecho sobre Felipe González en un momento dado. Es brutal lo acertado de lo que plantea, cómo la socialdemocracia se arrodilla ante los poderes fácticos.

Àngel Fígols y Maria Andrés.

Quizá se deba todo en buena medida a la gran fuerza fagocitadora de la maquinaria del poder, ¿no le parece?
Sí, pero de todos modos tiene algo muy interesante esta obra, y es que habla de la minoría. Aquí mismo, en los años ochenta, fue una minoría de profesores la que consiguió cambiar y revitalizar el sistema educativo tras el franquismo. Yo creo que la minoría de estudiantes que se manifiestan (nos manifestamos en su día) en la creencia de que así se puede promover cambios o, en su caso, evitarlos, es muy importante. Yo tengo verdadera obsesión por ese tema, que hemos trabajado antes en cosas como Zero Responsables, en el Cabanyal… Son minorías ejemplares que mantienen viva la lucha.

¿No estamos hablando, en definitiva, de la parálisis del reformismo ante el avance neoliberal?
Sí, y de hecho el reformismo sale relucir también en la obra, de una forma muy paródica. Hay una avanzadilla, o una minoría popular, no vinculada a intereses políticos concretos y muy luchadora. A mí me interesa muy especialmente. Me interesa esta gente no adscrita a ningún partido político y que lucha por sus derechos, como ocurre con los estudiantes. Es gente muy necesaria para detener o, al menos, para ralentizar de vez en cuando la apisonadora del neoliberalismo: las privatizaciones, los másters, los contenedores en lugar de escuelas, las divisiones de clase, los lugares donde se levantan las escuelas públicas… Dinero. La estrategia del neoliberalismo es siempre y en todas partes la misma, arruinar lo público.

¿Y al final de Classe qué nos queda, quizá una gran frustración?
No. Calderón no engaña a nadie. Dice muy claramente que las cosas funcionan así. La obra tiene al final un momento climático maravilloso, que no sé si da pie a la esperanza o… En Classe hay una gran tensión. Tensiones. Una de ellas, la generacional, claro, entre ese profesor que ha pasado por todo y está de vuelta, y la alumna joven. Y es fantástico que esa tensión también se traspasa al público. Una tensión que provoca el diálogo. A mí me parece que esta obra propone claramente eso, la necesidad de un diálogo intergeneracional. Es también un diálogo movilizador… Classe, en definitiva, es eso: una sintesis del enfrentamiento entre dos personas desde lo muy íntimo y lo muy emocional, con lo político sobrevolándolo todo. Classe es buen teatro, es decir, teatro que coge un problema social y lo lleva a lo más sencillo e intenso a la vez. Y esa intensidad te atrapa de una manera tremenda. Es una obra donde, como he dicho, se produce un enfrentamiento generacional (mayor y joven), pero también de género (hombre y mujer), de poder (profesor y alumna)… En este sentido, resulta de lo más interesante el ver cómo ese profesor provoca a la alumna casi desde la desesperación, gritándole que, por favor, le enseñe algo, y cómo reacciona ella ante eso. Es fantástico ese enfrentamiento, que se ha dado también en los ensayos entre Fígols, un actor hecho y con gran experiencia, y la casi recién salida del horno Maria Andrés, que es un auténtico descubrimiento, joven y potente.

 

 

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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