Ángel Ruiz: “En ‘Miguel de Molina al desnudo’ no busco la verdad, sino la rabia, el miedo…”

· 7 de marzo, 2018

El montaje lleva tres años recogiendo aplausos por España. Y su creador y protagonista, Ángel Ruiz, recibió en la Ciutat de les Arts, en junio pasado, el Premio Max al mejor protagonista de una función teatral. Por ello y por la vinculación del cantante Miguel de Molina con València, era casi obligado programar Miguel de Molina al desnudo en la ciudad. Estará en el Teatre Talia entre mañana, día 8, y el domingo, 11 de marzo.

Ángel Ruiz llega a València (Teatre Talia, del 8 al 11 de marzo) con un espectáculo bien cargado ya de ovaciones recogidas por gran parte de la geografía española y con todo un Premio Max al mejor actor protagonista de una obra de teatro. Lo recibió justamente aquí, en el Palau de les Arts, el pasado 5 de junio, por su interpretación en Miguel de Molina al desnudo, un montaje de largo recorrido (lleva tres años en cartel) gracias a su calidad, pero también a que, «al estar sobre el escenario solamente un pianista y yo, me resulta muy fácil de compaginar con otros trabajos», nos dice el actor (y cantante).

Ángel Ruiz llega «feliz» a la capital del Turia. «Es un lugar al que tenía muchas ganas de venir, no solamente porque ya he trabajado mucho en esta tierra, sino también por el propio Miguel de Molina, que pasó en València sus últimos años antes de irse a la Argentina. Para él, València era muy importante; siempre hablaba de ella como su segunda casa. Pero es que además, claro –añade el artista riendo–, después del Max era como de cajón que tenía que venir aquí…».

Al malagueño Miguel de Molina sí, pero a Ángel Ruiz no le nacieron, precisamente, en tierra de coplas, sino en la norteña Iruñea (Pamplona). Sus padres habían emigrado a Navarra, y allí vieron la luz él y todos sus hermanos. «Regresamos relativamente pronto a Málaga, cuando tenía diez años, y yo, que siempre había culpado a mi padre por habernos ido, al final se lo he agradecido, porque en Málaga fue donde el teatro me entró en las venas».

Miguel de Molina al desnudo, o la verdad de Miguel de Molina. ¿Qué verdad es esa?
La verdad es que nunca se sabe cuál es la verdad. Miguel era muy celoso de su intimidad y se callaba muchas cosas. La función no trata de abrir los ojos a la auténtica verdad, que habría requerido un trabajo de investigación, y esa no fue jamás mi intención, ni creo que sea la función del teatro. Lo que a mí me interesó de su figura y de su historia era lo que él contaba y, sobre todo, lo que sentía: la rabia, el remordimiento, el miedo… Un cúmulo de sentimientos encontrados que, desde el punto de vista dramático, son mucho más interesantes. Por eso mismo él cuenta su verdad; una verdad que fue ocultada. Se dijeron muchas cosas de Miguel de Molina, y a él eso le mataba, por eso quiso escribir su biografía.

Hablamos, sobre todo, de la tremenda paliza que le dieron en Madrid a principios de los cuarenta, y que le decidió a autoexiliarse…
Yo creo que él sabía perfectamente por qué se la dieron, pero por miedo, o quizá por sentimiento de culpa (y esto es cosa mía), no quería decirlo. Sí desmintió rotundamente todo aquello de Concha Piquer, valenciana por cierto. Y yo también dudo mucho que Concha Piquer, por muy especial que fuera, se dedicara a hacer esas cosas.
[Se hablaba de la Piquer como instigadora de la paliza por la enconada rivalidad artística y personal entre ambos. Pero De Molina era homosexual y había actuado para los republicanos durante la guerra civil de 1936-39, dos circunstancias inexcusables para las mentes más abiertas de la época… y de ahora. Se comprueba, por ejemplo, al releer un texto de Antonio Burgos con motivo de una exposición dedicada al artista en Madrid. Lo tituló Qué pesados con Miguel de Molina, y, entre otras lindezas, decía el columnista machote:«Bueno, pues por muchas exposiciones que le hagan y por muy políticamente correcto que sea, en cuanto republicano y homosexual… Le faltaba una mijita de sida para que fuese ya el acabóse de los progres».

Ángel Ruiz, de todos modos, no habla de esto en su función: «Es lo que menos me interesa. Yo creo que el teatro no está para dar respuestas, sino para plantear preguntas». Con todo, opina que Miguel de Molina «tuvo un lío con el hijo de Mayalde [José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, identificado más adelante por él como uno de los que le pegaron. A otro de ellos lo identificó también como Sancho Dávila y Fernández de Celis]. También lo apunta en la película Las cosas del querer [Jaime Chávarri, 1989], que tanto denostaba porque decía que lo utilizaron, y en la que el personaje de Mario [Manuel Bandera] se enrolla con el hijo de una condesa».

Pero hay que insistir: Miguel de Molina al desnudo no busca la verdad, sino su verdad. «Por eso el espectáculo está planteado como si fuera una rueda de prensa –explica Ángel Ruiz–, en la que el público son los periodistas, ante los que él se va metiendo en harina».

Incuestionable es, de cualquier modo, que Miguel de Molina fue una de las incontables víctimas españolas de la intolerancia que lleva siglos tiñendo de luto la historia de España; también hoy, en pleno siglo XXI. «Efectivamente –asiente Ruiz–, y ese es uno de los pilares de la función, que no solo es un granito de arena más en la reivindicación de la memoria histórica, sino también esa apelación a la libertad de expresión y a la de creación, aún más sagrada. Por eso en el texto hay muchas referencias al aquí y ahora, lo cual dota al espectáculo de frescura y entidad propia. Esa era mi intención como dramaturgo, apelar a la actualidad desde Miguel de Molina, porque, por desgracia, casi seguimos igual que entonces».

Ángel Ruiz canta, y canta muy bien, en un espectáculo que, sin embargo, no es un musical, sino una función dramática con todas las de la ley. «Así es, y esa fue siempre mi intención –corrobora el artista–. Así está concebida también la obra desde la puesta en escena de Félix Estaire (director), que ha hecho algo tan bello como sencillo. Para mí el teatro musical es otra cosa. Esto es una función de teatro con una línea argumental. Dramática, y con sus momentos hilarantes, porque el personaje era muy gracioso y porque al fin y al cabo –explica Ruiz– lo que cuenta la obra es la vida. La música, evidentemente, también me sirve como herramienta –prosigue el actor–, pero las canciones no actúan jamás como un paréntesis en la acción, sino que surgen directamente de la línea emocional que el personaje va siguiendo. Este ha sido el verdadero encaje de bolillos del montaje, porque no están todas las canciones de Miguel de Molina, lógicamente, pero sí las más importantes, y tienen una clara conexión con cada momento de la historia». Nosotros, con permiso, lo resumiremos así: La primera canción del repertorio es La bien pagá, y Miguel de Molina se la dedica a la España que lo maltrató.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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