Bárbara Lennie: “Estoy totalmente a favor de que uno pueda elegir cuándo y cómo morir”

· 26 de febrero, 2018

Los amantes del cine que no hayan visto todavía La enfermedad del domingo ya están tardando. La película escrita y dirigida por Ramón Salazar, en cartelera desde el pasado viernes, 23 de febrero, será una de las joyas del año cinematográfico español, y lo decimos cuando todavía no ha empezado marzo. Lo será y, lógicamente, lo es ya por muchas razones. Entre ellas, sin duda alguna, un duelo de actrices de los que hacen época: el que protagonizan la valenciana (afincada en Madrid) Susi Sánchez, de tan solvente como amplia y conocida trayectoria, pero verdaderamente tremenda en este su tardío debut como protagonista en la gran pantalla, y la bella madrileña de ascendencia argentina Bárbara Lennie, una de nuestras más sólidas realidades interpretativas y quien, toda serenidad, sencillez y amabilidad, nos atiende después de una jornada de trabajo que ha terminado con un ensayo teatral.

Aquí no se libra prácticamente nadie. De manera que, por muy consagrada que esté, Bárbara Lennie también tuvo que superar un cásting para hacerse con el papel de Chiara en La enfermedad del domingo. «Nada raro –nos dice la actriz–. También lo hice para la siguiente película que rodé, la de Asghar Farhadi [Everybody Knows. Todos lo saben, en castellano. Un drama escrito por Alberto Iglesias, y que incluye también en el reparto a Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín y Eduard Fernández, entre otros nombres señeros del cine español]. E igual para la de Jaime Rosales –añade la madrileña– [Petra. Drama igualmente, en esta ocasión con Àlex Brendemühl y Marisa Paredes en el reparto, ni más ni menos. Y Bárbara Lennie aún tiene otro título más en fase de preproducción, rodado con posterioridad a La enfermedad del domingo. Se trata de El Reino, un thriller esta vez, en el que vuelve a estar acompañada por pesos pesados de la interpretación española, como lo son Antonio de la Torre y Josep Maria Pou].

Bárbara Lennie y Susi Sánchez protagonizan un intenso e hipnótico duelo dramático en “La enfermedad del domingo”.

De manera que estaba usted interesada en esa enfermedad dominguera. ¿Cómo supo de ella y por qué le interesó?
Sabía de ella por mi agente, que había leído el guion y me dijo que era maravilloso, con un personaje muy bonito. Complicado, porque tenía diez años más que yo; pero, aún así, Ramón [Ramón Salazar] quería verme y probar. De manera que me hizo la prueba con una escena muy complicada, yo hice mi propuesta y le gustó. Fíjate que estaba tan nerviosa que no me acuerdo muy bien. Además, a mí me da siempre mucho pudor ese tipo de situación, así que, en cuanto acabé, me dije: Bueno, ya está, ya lo he hecho; y salí corriendo. Fue un momento bastante emocionante.

[No se dejen engañar. Sabemos de fuente  inmejorable que Bárbara Lennie está en pleno arrebato de modestia. Ramón Salazar ha escrito esto para la posteridad: «Me parecía demasiado joven para el personaje. Pero llegó y, sin muchas palabras de por medio, agarró una pelota de tenis que le di para la escena (en la realidad es una taza de té caliente). Es, con diferencia, la secuencia más difícil de la película. Empezó a hablar mirando por una ventana que no existía (por la que el otro día veía volar al equipo de eléctricos) y a decir –cargada de odio, asco y mesura– las palabras que yo había escrito un año antes. Arrasó como el huracán del viernes. Cuando intenté hablar con ella después, cogió su mochila como si estuviera ruborizada y se marchó. Yo me quedé mudo, con esa sensación de congoja al ver que algo que has escrito ya tiene voz y cuerpo…].

¿No conocía usted al director?
Le conocía, pero de cruzarnos en algún sitio…

¿Tampoco su cine?
Solo había visto 10.000 noches… [10.000 noches en ninguna parte, un drama de 2013, por el que la valenciana Susi Sánchez, coprotagonista de La enfermedad del domingo, fue nominada como mejor actriz de reparto]. Pero no había visto Piedras [2002], no había visto sus cortos… Llevaba mucho tiempo sin rodar, y yo creo que Ramón ha madurado mucho, ha hecho un crecimiento importante como director, que lo ha colocado en otro lugar.

¿Pero él no había hecho un cortometraje previo a la película, titulado, precisamente, El domingo?
En realidad, el corto es posterior a la película, sale de ella. Es material obtenido durante el rodaje de la película, que incluso pertenecía a ella y desechó en el montaje. Pero como es bonito y tiene entidad propia, Ramón decidió hacer un corto con él.

Las actrices, con el director durante el rodaje.

La enfermedad del domingo presenta un especialísimo reencuentro entre dos mujeres, en el que usted, Chiara, le pide a Anabel [Susi Sánchez], la madre que la abandonó cuando tenía solo ocho años, que pase diez días con ella… y algo infinitamente más importante.
[La sinopsis corta dice así: “Anabel abandonó a su hija Chiara cuando esta apenas tenía ocho años. Treinta y cinco años después, Chiara regresa con una extraña petición para su madre. Le pide que pasen diez días juntas. Anabel ve en ese viaje la oportunidad para recuperar a su hija, pero no sabe que Chiara tiene un propósito oculto y que tendrá que enfrentarse a la decisión más importante de su vida.]
Sí, es algo muy complejo. Complejo de articular y complejo de llevar a cabo. Para Chiara, su madre es la única persona que puede hacer lo que ella pretende, que es un gran acto de amor.

También muy difícil de interpretar, por la tremenda carga de emociones que tienen ambos personajes. Susi Sánchez había trabajado ya con el director incluso durante la elaboración del guion, puesto que Salazar tenía muy claro que la quería a ella para el papel desde que trabajaron juntos en 10.000 noches… Digamos entonces que su colega valenciana jugaba con ventaja. ¿Eso supuso alguna dificultad añadida para usted?; al fin y al cabo, toda la película es un tremendo mano a mano entre ambas.
Sí, sí, bueno, repercutió, pero para bien, porque Susi llevaba metida en la película muchos meses y lo tenía todo muy claro. Aun con todas las incertidumbres que ello conlleva, porque, claro, es una actriz con una trayectoria enorme, pero se enfrentaba por primera vez a un personaje protagonista así. En este sentido, fue muy emocionante ver a una actriz con su trayectoria y de su nivel con todos los nervios de alguien que empieza. Pero, vamos, Susi ha sido tremendamente generosa conmigo en todo momento: compartía, charlábamos sobre mis dudas… Pero es que además, por otro lado, no sé muy bien por qué, me pasó con este guion que rápidamente intuí lo que se tenía que contar y lo que se estaba proponiendo. Si a esto le sumamos que Ramón es un tipo que tiene las cosas muy claras, que lleva mucho trabajo detrás cuando llega al set de rodaje y lo pone fácil, la verdad…

Lo que usted diga, pero hay que hacerlo… Y una de las grandes cualidades de la película, luego está claro que también de su dificultad, es la enorme importancia y profundidad de los silencios, la elocuencia de las miradas y los gestos… ¿Se siente usted cómoda en este tipo de papel?
Me siento cómoda si está bien escrito, porque lo que es muy difícil es el tener que llenar vacíos de una manera forzada. En esta película pasa eso, que se dice mucho menos de lo que a los personajes les gustaría, o incluso dicen lo contrario de lo que querrían decir. Hay que tener en cuenta que madre e hija son dos desconocidas. Se encuentran después de muchísimos años, pero tienen un vínculo poderosísimo que, se quiera o no, sigue ahí durante todo ese tiempo en el que están intentando reencontrarse.

Bárbara Lennie interpreta un personaje con un insondable mundo interior.

Un reencuentro doloroso e incluso violento por momentos. Ahí está esa estupenda escena que hizo para el cásting, en la que, pasa en un insante de la calma aparente a una explosión de odio, y del odio al arrepentimiento…
Sí, esa ambivalencia está siempre presente, y yo creo que es lo interesante. Chiara está todo el tiempo retando a su madre a desenmascararse, a quitarse todos los disfraces que se ha ido poniendo a lo largo de los años. ¿Quién eres tú realmente?, ¡déjate de historias!, le está diciendo en el fondo. Y en ese déjate de historias entra incluso la violencia, porque tampoco sabe muy bien cuáles son sus herramientas. Creo que, del mismo modo, influye el que Chiara sea una mujer que lleva mucho tiempo sin estar en contacto con la gente, de modo que ha perdido sus capacidad de relacionarse, la cordialidad… Es más un animal del campo que una mujer que se desenvuelve bien en el terreno de lo social.

¿Usted qué necesita saber para crear un personaje así de complejo?
Una pregunta complicada. En realidad, como dije antes, un buen guion ayuda mucho. Parece una obviedad, pero construir desde algo que ya está bien construido es mucho más fácil, porque te abre muchas puertas y tú lo que haces después es intentar buscar lo que necesitas para poner la carne en lo que cuenta la película. A la hora de crear este personaje, yo le preguntaba a Ramón algunas cosas que me servían más para encontrar desde dónde mira la vida Chiara. Cosas que, a lo mejor, tenían más que ver con dónde y cómo ha vivido, con su relación o no relación con los hombres… Y también me vino muy bien el pensar en los sonidos y los movimientos de la naturaleza, más que en cuestiones psicológicas.

Formar parte orgánica del paisaje…
Sí, era importante eso: es su hábitat. También el dolor físico, la energía que manejas, cómo te mueves…

Una madre que la abandonó. ¿Usted cree que es posible perdonarlo absolutamente todo?
Yo creo que en el perdón hay algo que tiene mucho que ver con la voluntad y con la fe. Creo que el perdón es posible si por el otro lado hay una respuesta que te compense. Si eso no se da, lo mejor que uno puede hacer es intentar vivir en paz consigo mismo, asumiendo el dolor que te haya producido equis persona. Me imagino que hay cosas muy difíciles de perdonar…

Sin destripar el argumento, la película plantea también unos cuantos problemas peliagudos, entre ellos la eutanasia. ¿Qué piensa usted de esto?
Estoy totalmente a favor de que uno pueda decidir cuándo y cómo morir. Incluso, a mi alrededor he tenido casos en los que esto ha sido evidente. Fíjate que en esta película, seguramente por lo complicado y doloroso que era meterme en este universo, no he sido tan consciente de él durante el rodaje. Fue después cuando me di cuenta en realidad. Me sobrevino como una especie de resaca… Pero durante el rodaje, porque tienes que ir, tienes que cumplir, mi aproximación a esto ha sido desde un lugar diferente: desde la imaginación, desde el juego… Y al terminar, entre el cansancio y todo lo demás…

Ha tenido que practicar algún ritual para salir…
Exorcizarme de alguna manera, sí. Agarrándome a lo vital, a la alegría, al día a día, a las perspectivas de futuro… Sí, sí, sería un poco mentirosa si dijera que no. No soy actriz que me cueste hacer desaparecer o quitarme el personaje de encima, pero, inevitablemente, hay algo en ti de todo ese material que has estado manejando durante tanto tiempo. Sí, necesité un tiempo para sacudírmelo.

Pues sigamos agarrados al futuro. Está ensayando una obra para el teatro…
Sí, una obra que se titula El tratamiento, escrita y dirigida por Pablo Remón, que este año ha sido nominado al Goya al mejor guion original por No sé decir adiós [la película, dirigida por Lino Escalera, logró dos nominaciones más, a la mejor película y a la mejor dirección novel, y por su actuación en la misma obtuvo Nathalie Poza el Goya a la mejor actriz protagonista]. Es su cuarto montaje, una comedia que estrenaremos en el Teatro Pavón el 12 de marzo.

¿Algún otro proyecto personal?
En cuanto a rodajes, este año voy a descansar un poco. Será más teatral y más de escritura, de creación propia quizá.

¡No me diga! ¿Un guion, quizá. Y piensa dirigir también?
Sí, una ficción para rodarla. No sé si dirigiré yo, o si produciré y no dirigiré… Estoy como gestando qué y cómo hacer, pero sí, tengo ganas de un proyecto personal.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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