Ricardo Iniesta (Premio Nacional de Teatro): “España está de capa caída como país”

· 20 de febrero, 2018

La prestigiosa compañía Atalaya-TNT recala por primera vez en su historia, por sorprendente que sea, en el Teatro Principal de València. Y lo hace nada menos con una de las obras más interesantes y menos conocidas de Federico García Lorca, Así que pasen cinco años, en coproducción con el Centro Dramático Nacional. Estrenado con gran éxito en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, este montaje es el tercero que aborda la compañía sevillana desde que, en el año 1986, entró en el panorama teatral español con el mismo título. Ahora, treinta y dos años después y bajo la autoridad artística (dirección, dramaturgia y espacio escénico) del Premio Nacional de Teatro y fundador de la compañía, Ricardo Iniesta, el texto, que en su momento el poeta andaluz calificó como teatro imposible (dijo que se entendería bien pasados cincuenta años), podrá ser disfrutado por los valencianos entre el 21 (miércoles) y el 25 (domingo) de este mes de febrero. “Así que pasen cinco años fue escrito por Federico García Lorca justamente cinco años antes de su muerte, lo que resulta de una tremenda inquietud -se afirma en la nota explicativa de la compañía sevillana-. La obra es una de las más mágicas y con mayor calidad poética-onírica del teatro universal”. Es el propio Ricardo Iniesta profundiza en las cualidades y las características de este sugerente montaje.

 

Así que pasen cinco años es una de las obras menos conocidas de Lorca, quizá por su dificultad. ¿Por que no empezamos animando al público para que no deje pasar una oportunidad tan escasa?
Ian Gibson, el máximo estudioso y conocedor de esta obra de Lorca, cuando vio nuestro estreno dijo que este el teatro que Federico querría ver, que ya está bien de Yerma, de La casa de Bernarda Alba, de Bodas de sangre, y no digamos ya de La zapatera prodigiosa… Que ya está bien de ese teatro de Lorca, que está un poquito pasado, ¿no? No quiero decir que ahí no haya grandes textos, que los hay, pero ya se han hecho por activa y por pasiva. En cambio, Así que pasen cinco años es una obra tremendamente moderna. Claro, asusta a los pacatos, a los antiguos, a los carcas; pero ocurre todo lo contrario con las personas modernas, abiertas, progresistas… Para esta gente es todo lo contrario, es una obra actual, con la que Lorca se adelantó a su tiempo, y que tiene una capacidad de emoción tremenda. Es un lenguaje onírico, universal, no ese otro de los dramas rurales de venga navajas y venga sangre… A Lorca le influyeron dos grandes genios a la hora de hacer este espectáculo, nada menos que Freud y Einstein. La teoría sobre la interpretación de los sueños y la Teoría de la Relatividad son lo que a él le inspira de alguna manera esta obra, donde está el misterio del tiempo, y a la que incluso Camarón de la Isla puso música. Einstein, Freud, Camarón… Estamos hablando de gente que no es como para que el público se asuste, ¿no? Vivimos en el siglo XXI y no podemos seguir haciendo el mismo teatro que a mediados del siglo XX. Claro, la idea del teatro imposible era de aquel momento, porque Lorca escribe la obra en el año 1931 y dice: ¡Uy, esto es teatro del futuro! Pero es que ya casi ha pasado un siglo… Date cuenta de que en aquel momento estaba dando sus primeros balbuceos el cine sonoro. Ya te digo, desde Ian Gibson a todos los críticos que comentan este espectáculo allá donde va, ccoinciden en que Lorca vuelve a revivir de la mano de Atalaya.

Ha hablado de Einstein, de Freud… Pero también hay quien, como Antonio Cao [Hofstra University, Hempstead, Nueva York], comenta que Lorca incorpora en esta obra la tradición teatral. Y habla de intertextualidad, de Strindberg, de la vanguardia rusa de Evreinov, de la Commedia dell’Arte…
Claro, efectivamente. Lorca se anticipa claramente a Ionesco, a Beckett… En este texto, como te decía, la fuerza de las imágenes es… La escena del Maniquí, lo digo por activa y por pasiva, es la escena con un mayor poder hipnótico que yo haya leído jamás en el teatro. Y fíjate que nosotros estamos montando a Shakespeare [en estos momentos precismente, Atalaya ensaya una nueva versión de El rey Lear] , a los clásicos griegos, a Brecht, a Valle Inclán a Fernando de Rojas, a Peter Weiss… Pero yo no he visto otra escena de la escritura del teatro universal y de todos los tiempos con esa capacidad hipnótica.

En este tipo de obra, dada sus características, y entre ellas el manejo del tiempo, es de suponer que tiene una especial importancia la puesta en escena.
Sí, hombre. Queda feo que lo diga yo, que soy el director de escena… Esta es la sexta versión de la obra que se ha hecho en el teatro profesional, y de esas seis, tres las ha hecho Atalaya. La primera la hicimos en 1986, la segunda en el 94, Narros hizo dos, y otra la hizo Joan Ollé, con Àlex Rigola como actor. Quiero decir que realmente es muy especial, y para mí, que soy un buen conocedor de la obra, ha sido fácil y, al mismo tiempo, un lujo llevarla a la escena. Todos los personajes que están en la obra están en la mente del Joven. Son o él mismo o sus antagónicos. Son todos proyecciones poéticas del Joven o de él mismo, o de sus personajes más antagónicos, como la propia Muerte (hay personajes que casi parecen salidos de El séptimo sello, de Ingmar Bergman… Y la idea del teatro bajo la arena, que también él plantea en El público, también está aquí en el Arlequín y en el Payaso, que son personajes malditos; personajes que parecen sacados de la Commedia dell’Arte, pero no, son mucho más terroríficos. Quiero decir que todo lo que ahora se habla sobre los payasos terroríficos según esta idea nortamericana, todo eso ya lo plantea Lorca en el año treinta. O la imagen del niño muerto que muchas veces hemos visto en películas expresionistas, del renacer de la muerte, de los muertos vivientes… Él ya la tiene ahí.

Al fin y al cabo, la obra trata del tiempo y la muerte…
Exactamente, sobre la relatividad del tiempo, por eso te decía. En el año 23, Lorca asistió a una conferencia que dio Albert Einstein en la Residencia de Estudiantes. Entonces tenía 25 años y [el 5 de junio se cumplirá el 120 aniversario del nacimiento de Lorca] quedó impresionado por esa idea del tiempo como algo relativo, que es algo muy moderno. Pero lejos de entrar en cientifismos, Lorca entra en la poesía. El tiempo es muy relativo, y además ese lapso de cinco años que él plantea en la obra es una premonición terrible, porque justamente cinco años después [el 18 de agosto de 1936] sería fusilado.

¿Premonición o casualidad?
Bueno, yo creo que es casualidad. Pero él tenía cierto punto premonitorio sobre su muerte… Tenía la obsesión de que iba a morir violentamente. De todos modos, la coincidencia es terrible. Yo no tengo creencias metafísicas ni religiosas, pero puedo decir que es algo que te pone los vellos de punta. Como esa frase de la obra en la que se dice que en cinco años todos caeríamos en un pozo, y justo cinco años después estalla la guerra civil. Un pozo, por cierto, del que él todavía no ha salido, porque sigue enterrado en el barranco de Víznar.

¿Podemos decir también de que Lorca habla en esta obra del individuo?
Sí, pero en realidad Lorca, que tuvo siempre una visión de la vida muy colectivista (y en ese sentido coincide con la mía), creo que tomó la referencia de un individuo como metáfora o referente de este joven poeta que viene a ser el colectivo universal, da igual el sexo, la clase social… Él, lógicamente, parte de algo muy cercano a sí mismo, un joven de clase social acomodada, para no irse a algo con lo que no tenía nada que ver, como sucede en el caso de Mariana Pineda. Parte de alguien muy cercano a él para expresarnos sus inquietudes, esa idea de lo efímero de la vida, de lo absurdo de que uno se crea algo muy importante en el cosmos cuando en realidad somos polvo de estrellas. Es la idea de la relatividad de la existencia, pero sin caer en ningún nihilismo existencialista más cercano quizá a Bernhard [Thomas Bernhard] o a Miller [Arthur Miller]. No, Lorca lo plantea desde un punto de vista muy poético, de una gran calidad musical. Y esta es una palabra muy importante en Lorca, y más claramente en este espectáculo: la música que tienen los textos, la sinfonía de colores. Pero es que, además, hay otro elemento muy importante en esta obra, muy cercano a Atalaya, que son los objetos como elementos poéticos: pulseras, espejos, pañuelos, guantes, naipes, pañuelos… Y no digamos la escalera como elemento escénico. Claro, porque Lorca quedó muy influido también, aparte de la teoría de los sueños de Freud que mencionábamos antes, por un estudio de Freud sobre escaleras. Su hermana Isabel me lo dijo, que ese tratado de Freud le influyó muchísimo. También hay que saber que la interpretación de los sueños, para que tengamos en cuenta lo que era la España anterior a la guerra civil, se tradujo antes aquí que en Francia. Imagínate como estaban las cosas; como que ahora sucede igual, ¿no…? Claro, lo que era la Residencia de Estudiantes, el movimiento que había de intelectuales y artistas… Ahora no existe para nada algo así, porque estamos de capa caída como país.

Ya que lo menciona, y conociendo su trayectoria de compromiso político y social, díganos qué opina de la situación de esta España que se encamina ya hacia el primer cuarto de siglo.
Mira, hay titulares que me han sacado por ahí, en una entrevista en Málaga, en la que decía que “España ha cambiado, como su teatro, de lo naif a lo oscuro”. En 1986, hace más de treinta años, cuando hicimos la primera versión de esta obra de Lorca, lo que había pasado en España es que era un país joven, esperanzado, ingenuo, con una explosión de júbilo por haber acabado con los vestigios del golpe del 23F; esa España que se suponía que en manos del PSOE iba a ser un referente para Europa…

La España de Felipe González…
Sí, efectivamente, Felipe González Márquez y su yate… Bueno, pues eso ha reventado completamente, ha colapsado, y hoy vemos una España en la que Felipe González Márquez ha cambiado la chaqueta de pana por su yate y su panza… Culturalmente, España ha retrocedido mucho. Te voy a dar un dato: entre el 86 y el 88, en dos años, este montaje había recorrido setenta y una ciudades de España. Un montaje de una compañía incipiente, Atalaya, que no conocía casi nadie y que, a mi modo de ver, era más primaria, más básica que ahora. Ahora, treinta años después, con el Premio Nacional de Teatro, siendo referentes teatrales en España, con una coproducción del Centro Dramático Nacional, con nueve actores en lugar de seis…, o sea, con un nivel artístico de primer nivel, llevamos diecinueve ciudades recorridas, València será la vigésima. Es la tercera parte de las ciudades que recorrimos en el bienio 86-88, lo que quiere decir que está muy mal el país.

Bueno, quizá también se olvidan de decirle al público que también tendrá su huequecito para le humor…
Pues sí, puede ser, porque también hay un personaje, que interpreta Carmen Gallardo (una actriz con varias nominaciones al Max, y que no tiene más porque no vive en Madrid o Barcelona), la Criada, con el que te ríes; eso sí, teniendo en cuenta que no es un humor de los Morancos de Triana, con todo mis respetos para ellos.

Pocos teatros, pero selectos.
Sí, muy selectos. Entre ellos, el Principal de València, al cual, por cierto, vamos por primera vez. E iremos al Arriaga, al Lliure… Sí, Así que pasen cinco años es un espectáculo que ha ido y va a ir a los principales teatros de este país, sobre el que mi esperanza es como la esperanza del protagonista, el Joven, que sea otro dentro de cinco años, en el 2023.

Ojalá. Pero no quiero dejarle ir sin que, por ser vos quien sois, una de las voces más autorizadas de España, nos dé su opinión sobre el estado de nuestra dramaturgia actual.
Bueno, yo he tenido una experiencia personal con Borja Ortiz de Gondra. Hicimos Exiliadas, y al ser un autor español, vivo, y no llevar actores televisivos (algo que no haremos nunca), pues es un espectáculo que se ha hecho poco… Poco, relativament hablando, cuidado, porque se hicieron ochenta y tantas funciones, que tampoco son moco de pavo. Pero el problema de la dramaturgia española actual es que tiene difícil salida en giras, con lo cual es la pescadilla que se muerde la cola. Yo creo que hay que tirar hacia una línea de teatro más interesante, más en la línea de Heiner Müller, de Thomas Bernhard, de Sarah Kane, de Koltès… Es producto de la situación que vive este país, tan ramplona, tan facilona, tan de reality show… En el 86 había solo dos cadenas de televisión, pero programas como La clave, y ponían ciclos de Bergman… Ahora mismo hay ochenta cadenas y, salvo excepciones, todas emiten la misma… Esto es lo que ha avanzado España. Entonces, los dramaturgos españoles que, por talento, podrían escribir otro tipo de teatro, están escribiendo para comer. Yo no puedo hablar mal de ellos, porque hay una explosión de talento, pero tampoco te puedo hablar muy bien de lo que se escribe. No tanto en cuanto al contenido, que sí que hay alguna cosa interesante, pero sí en cuanto a la forma, aspecto en el que creo que hemos retrocedido. En los ochenta en España es escribía un teatro mucho más interesante que el de ahora. Además, nosotros mismos nos levantamos todos los días con el terror de tener que pagar veinte nóminas… En fin, creo que hay autores con gran talento, y que creo que deberían tirar del carro. Como también te digo que yo mismo no puedo hacer obras de autores actuales con nueve actores. Marat-Sade, ojo, todavía no ha llegado a las sesenta funciones, y es Peter Weiss. Claro, esto te limita mucho. Aunque hacemos apuestas muy contemporáneas, tiene que ser con un Shakespeare, un Rey Lear. No puedo hacer a un autor español contemporáneo o algún otro que a mí me interesara, como esos que decía antes, Kane, Koltès, o incluso un Mayorga… Hay que tirar de grandes nombers, porque incluso Peter Weiss es demasiado difícil para la gente.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


Te puede interesar...