Meritxell Colell: «La danza es una de las artes más bellas para expresar una transformación interior»

· 17 de febrero, 2018

Las jóvenes cineastas españolas pisan fuerte. Algunas están presentes en la Berlinale 2018, en marcha desde el pasado jueves. Una de ellas es Meritxell Colell, que estrena hoy, sábado, en la sección Forum, su primer largometraje de ficción como directora. Es Con el viento, una bella historia familiar que une el cine y la danza.

Con el viento cuenta la historia de Mónica, una bailarina de 47 años que vive en Argentina y recibe una llamada desde España: su padre está muy enfermo. Tras veinte años fuera, debe volver al remoto pueblo de Burgos donde nació. Pero cuando llega, su padre ya ha muerto y su madre le pide que la ayude a vender la casa familiar. Con el viento se estrena hoy, sábado,en la Berlinale. Y a Meritxell Colell no es que le tiemblen las piernas, pero sí confiesa que «estoy pasando muchos nervios, porque es una película pequeña, muy familiar, hecha de una forma muy artesanal y con un equipo muy reducido. De repente, te ves en Berlín y lo ves todo muy grande…».

Bien, pero, en nuestra opinión, Con el viento es una pequeña gran película. Cuando hablamos de tamaño siempre pensamos en dinero y medios…
Sí, yo diría que es una película muy familiar. Una película hecha con mucho cariño y desde un lugar muy íntimo, esta es la palabra.

En ella trabaja Elena Martín [Júlia ist, 2017. Premio Un Futuro de Cine en la última edición de Cinema Jove], otra actriz y directora con mucho que aportar, y además coincidirá también con Carla Simón [Verano 1993, premiada en el pasado festival germano y en los Goya]. Jóvenes mujeres cineastas que pisan muy fuerte.
Sí, sí, y además somos amigas. También estará Diana Toucedo, que ha hecho una película maravillosa [Toucedo es una realizadora gallega que va a la sección Panorama con el filme Trinta lumes, que se estrenará mañana, domingo, día 18].

Dice usted que la suya es una película familiar. Y, efectivamente, se la dedica a sus abuelos burgaleses. ¿Por qué?
Porque, de hecho, la película nace de ese impulso personal de retratar el pueblo de mis abuelos y su forma de entender la vida. Es un pueblo al que yo le tengo mucho cariño, donde con los años he visto cómo va desapareciendo un modo de vida. Está dedicado a ellos, a esa generación, y más en concreto a mi abuela, que ha sido la inspiración de la película.

Usted quería, en principio, que ella protagonizara la película, pero no pudo ser. ¿No daba la talla como actriz…?
Sí, sí daba la talla. Pero tiene ya 91 años y, justo antes de rodar, tuvo un bajón. Ahora está fantástica, pero entonces nos dio miedo, porque el invierno ahí es muy duro.

Debut suyo como directora y debut también como actriz de la bailarina y coreógrafa Mónica García. La danza tiene un gran protagonismo en Con el viento, y además está preparando una segunda película también con ella, que rodará en Argentina…
Como he dicho antes, Con el viento surge de un impulso personal de retratar el pueblo. Al principio pensaba en un documental, pero no quería contar nada en primera persona. Así que al pensar en la ficción, me pareció que la danza es una de las artes más bellas para expresar una transformación interior, que es de lo que va la película. Hay algo muy fuerte entre cine y danza, justamente por esa idea del cuerpo en movimiento. Y eso mismo es lo que quiero seguir explorando ahora en mi próxima película, Dúo, porque hay una potencia muy fuerte entre ambos campos.

La danza, el movimiento. Y el viento, otro absoluto protagonista no humano de su película…
Sí, porque el viento, por un lado, está presente en esa zona del norte. Para mí el viento, además, da visibilidad a los cambios de todo tipo. El viento es muchas cosas, y en la película lo hemos trabajado a nivel emocional de formas muy distintas, en función de por dónde transitaba el personaje; pero siempre es un motor de cambio, de transformación.

Una transformación que, corríjame si me equivoco, se da en tres fases: distancia, encuentro y reunión de nuevo, como si todo acabara con una cremallera que se cierra y une lo que estaba separado desde hacía mucho tiempo; una reconexión con la tierra, con la madre, con la vida…
Tal cual. Con el viento es una película sobre la aproximación, sobre el acercamiento. De hecho, cuando pensamos en el dispositivo fílmico también lo vimos así: empezar con teleobjetivo, con planos muy fijos…, y terminar con una cámara física, cercana, en esa reconciliación. De manera que nosotros, en la forma de filmar, siguiéramos el proceso de transformación y reconexión del personaje, hasta poder bailar con el otro. La película empieza con un solo muy roto y termina con un dúo con el viento, con el espacio…

Un acercamiento entre las protagonistas, madre e hija, que llega incluso a ser tan físico que podríamos calificarlo de animal, que no necesita la palabra.
Sí, totalmente. Funciona por el tacto, que es lo que al final te conecta profundamente con las cosas y las personas. Si no tocas y te dejas tocar… De hecho, con Mónica trabajamos mucho en ese sentido. Tú antes hablabas de tres partes, y hay claramente tres partes en la película. Una primera que podríamos definir como la noche, con un personaje que vive desconectado; una segunda parte que tiene que ver con el silencio y dejarse atravesar por él, y una tercera en la que ella aprende a mirar y a dejarse tocar.

Ha mecionado los planos. Llega un momento en que estos son muy cercanos, agobiantes incluso, y abundan también en esa fase los que toman a los personajes de espaldas…
Sí, es el otoño, el momento de la llegada al pueblo. Estábamos en un espacio muy mental, por un lado, sobre cómo el personaje vive la claustrofobia, el aislamiento, el encierro. Y, por otro lado, la espalda habla de una forma muy clara de la incomunicación entre personajes que se hablan, pero no se miran; que están en el mismo lugar, pero muy separados.

¿Es especialmente difícil filmar la danza, incluir ese lenguaje artístico dentro de otro código como el cinematográfico?
Claro, yo he trabajado muy directamente con Mónica, que es coreógrafa. Cuando se habla de filmar la danza, lo que se piensa en general es que la cámara está quieta, como para ilustrar un movimiento, y eso sí es complicado, porque estamos hablando de artes escénicas, que se mueven por otro lado. Pero nosotras nos planteamos esto como una interrelación, en el sentido de cómo actúa la cámara y transforma la danza, y viceversa. No sé si es difícil, se trata de entrar en el juego, de que la cámara también baile un poco. Porque la intención es llegar y transmitir cosas que tanto tienen que ver con lo narrativo y emocional como con el movimiento, y ahí ya creo que no es tan complejo. Pero, ya te digo, creo que se tiene que pensar conjuntamente, y no en función de ilustrar la danza, porque es imposible.

Creo que también hay mucha apuesta en su película por un tipo de foto muy determinado, con luces que a veces recuerdan a Caravaggio.
He tenido la suerte de trabajar con Aurélien Py y Julián Elizalde, que son muy sensibles. Y lo que sí había en el guion era también una idea sobre la evolución de la luz. Hablábamos de ese inicio de noche, de ese aislamiento, con personajes que viven rodeados de oscuridad… Lo que quería también era jugar con las texturas de la luz para transmitir los sentimientos, el cambio de las estaciones,de las relaciones, el pasar por el frío, terminar con tonos más cálidos… Claro, la luz es pura sensibilidad, y cuando se trabaja desde lo emocional y lo atmosférico se pueden transmitir muchas cosas. Quizá la complejidad del guion es esa, que era muy atmosférico, alejado de la narrativa clásica, y había que plasmarlo en imágenes. Teníamos un abanico de referentes muy amplio, y además la luz del lugar también te da eso, porque es un sitio con una luz y unos colores muy especiales. El rojo está presente en todas las tonalidades, pasando por el azul… Tiene que ver con la tierra, con la intensidad… No es algo simbólico, es muy terrenal.

Con todo, damos por hecho que no ha rodado usted esta película para que bata récords de taquilla…
Esa es una contradicción que uno tiene. A mí sí que me gustaría que la viera todo el mundo, y estamos pensando en la posibilidad de hacer pequeñas giras, de acompañar la película. Creo que esta es una película que necesita ser acompañada. Sin embargo, hicimos un preestreno en el pueblo y me sorprendió muy positivamente la reacción de la gente. Quiero decir que es cierto que no es una película comercial, pero sí tiene un público si se acompaña. Me parece que esto es algo que tendríamos que hacer en España, acompañar a las películas para ampliar el universo del espectador, que está muy limitado por lo que ofrecen las distribuidoras.

Sus actrices también viven el cine por primera vez…
Sí, Mónica García nunca había hecho cine, ni Concha Canal, que es una actriz nata. Al no poder actuar mi abuela, visité los pueblos vecinos y a Concha la conocí en el hogar del jubilado de Aguilar de Campoo. Es una mujer con gran sensibilidad y empatía, muy potente. Además hay que tener en cuenta que trabajábamos sin guion. Trabajábamos mucho sobre los personajes, dando pautas, sobre todo, atmosféricas…

Eso significa también que es una película con mucho trabajo de montaje…
Sí, primero hay mucha reescritura durante el rodaje, y hay mucha reescritura durante el montaje, sobre todo en la primera parte, de otoño e invierno.

Porque el rodaje fue cronológico, claro.
Sí, rodamos durante doce semanas repartidas a lo largo del año. Y esto también juega a favor, porque permite ver la evolución de ellas como actrices desde el principio, cuando están más tensas, hasta el final, que están mucho más sueltas. Queríamos jugar también con eso desde el punto de vista emocional.

Y aporta verdad y acerca un poquito la película al documental.
Exacto. De hecho, los ensayos que hacíamos, en general, no tenían que ver con lo que íbamos a rodar, sino con lo que no se veía, con lo que no se rodaba. Ensayábamos lo que pasaba entre las escenas, porque, al ser una película tan elíptica, contaba mucho eso, lo que no se ve.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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