La pena

· 9 de febrero, 2018

Volumen 106

«Sufro la inmensa pena de tu extravío

siento el dolor profundo de tu partida

y lloro sin que tú sepas que el llanto mío

tiene lágrimas negras, tiene lágrimas negras

como mi vida»

(Lágrimas negras, Bebo Valdés&Diego el Cigala)

Dicen que a veces escribo triste. Con un pesar dulce y blando, lento y pegajoso, que resbala como un hilo de mermelada. Será que ahí anda. La tristeza. Un ratito al día. Que dura nada, segundos, minutos lo más, pero qué largos. Una tristeza-tristeza que te ciega cada poro de la piel y te vela la córnea de los ojos y te aja y te reseca cada gota de humedad. Luego nada. Dejarlo correr. Seguir tomando café, mirando la lluvia caer, acelerando tras de qué, riendo a ratos y a quién.

Dicen que escribo triste pero soy alegre. Solo que cuando lo dicen, y yo lo creo, va la pena, la puñetera pena, y trepa en un instante, de víscera en víscera, o diluida en la sangre, no sé. Salta o trepa o se arrastra -lo que sea que hagan las malditas penas- y se me asoma toda a los ojos. Hace clic y los apaga de golpe. Nadie, o casi, se da cuenta, nadie más que yo lo nota. Pero me cambia el mirar y detrás la boca y la cara entera, y las manos y las piernas y el vientre y una a una las vértebras. Después con otro clic la pena se va de vuelta y regresan el brillo a la mirada y la sonrisa a los labios. Y no pasa nada. Lo dejo correr. Sigo tomando café, mirando la lluvia caer…

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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