Alicia Sánchez: “Después de ‘Furtivos’ me llamaban para ponerme en pelotas desde el minuto uno”

· 8 de febrero, 2018

El Teatro Olympia de València acoge hasta el próximo domingo, día 11, uno de los grandes clásicos de la dramaturgia contemporánea. Se trata de Una gata sobre un tejado de zinc caliente, la obra con la que Tennessee Williams ganó su segundo Premio Pulitzer de Drama, en 1955, después del logrado con Un tranvía llamado Deseo, y que muchos conocerán gracias a la gran película del mismo título firmada por Richard Brooks en 1958, con Elizabeth Taylor y Paul Newman en los papeles protagonistas. La que ahora ha recalado en la capital del Turia es la última versión del autor norteamericano, versionada y dirigida a su vez por Amelia Ochandiano. Y con un reparto con auténticos nombres de lujo de la escena española, encabezado por el andaluz Juan Diego. A su lado e interpretando a su esposa, la señora Pollitt, la Gran Madre, la Big Momma, otra fantástica actriz como Alicia Sánchez, avalada por una trayectoria que empezó a despuntar allá por 1975, cuando protagonizó junto a Ovidi Montllor y Lola Gaos la película Furtivos, de José Luis Borau.

Una gata sobre un tejado de zinc caliente es un intenso drama familiar (no exento de humor) que arranca cuando al padre de familia le están preparando una fiesta de cumpleaños. Sus dos hijos, con sus respectivas esposas, han acudido a la casa familiar para celebrar la onomástica y la, aparentemente, recuperada salud del padre. Brick, el hijo menor,con problemas con el alcohol desde hace unos meses y despreciando a su mujer; Gooper, el mayor, con su esposa, Mae, haciendo méritos para hacerse con la posible herencia del patriarca; y Maggie la Gata en medio de todos, una nuera bella y ansiosa, dispuesta a arañar a todo aquel que ose arrebatarle lo que la vida puede ofrecerle.

Alicia Sánchez se incorporó al elenco de Una gata sobre un tejado de zinc caliente con la obra ya en marcha, cuando su predecesora, Ana Marzoa, no pudo continuar con el montaje. “Es curioso, esto ya me ha pasado varias veces con Ana”, comenta la actriz madrileña. Sucedió, concretamente, durante el pasado mes de octubre. “De todos modos, tuve un mes para ensayar, auque, claro está, el montaje ya estaba hecho ‑matiza‑. Quiero decir que me perdí el proceso de creación”.

¿Algo así complica mucho las cosas?
Hombre, yo tengo ya cierta práctica… Pero la verdad es que tienes que asumir cosas que ya están hechas pensando en otra actriz. Eso puede ser un handicap, pero yo siempre acabo haciendo mío al personaje. Por otro lado, también es interesante, porque al entrar una nueva actriz en el equipo se crea una realidad diferente. En este caso, lo que yo siento es que me han aceptado muy bien y que hay una estupenda relación entre nosotros; pero es que además lo que me dicen desde fuera es que se ha formado una familia Pollitt muy creíble. Quiero decir que la madre-abuela, que soy yo, de alguna manera ha hecho que encajaran muy bien las piezas. Eso me dicen desde fuera, ¿eh?

Una familia muy creíble, pero una familia muy conflictiva. ¿Ya la conocía usted? ¿Y a esa Gran Madre que interpreta?
Ya la conocía, pero en este caso la Big Momma se ha convertido en una Slim Momma, porque yo no soy precisamente muy grande…

¿Pero hablamos de tamaño?
Bueno, parece ser que en un principio era así, aunque después, en el cine [Richard Brooks llevó al cine la obra de Tennessee Williams en 1958], la interpretó una actriz más menuda [Judith Anderson]. Pero, bueno, es cierto que ‘grande’ es un adjetivo que puede indicar muchas cosas…

¿Cómo ve a usted a su personaje, esa Big Momma Pollitt?
Veo a una mujer enamorada de su marido. Se dice, además, que era de una clase más alta que él, pero se quedó prendada de ese hombre… Él, sin embargo, no la quiere, pero ella no lo acepta y sigue luchando. Además, tiene preferencia por su hijo pequeño, algo que tiene justificación desde el punto de vista de una mujer a la que le ha pasado algo, seguramente porque el hijo mayor le cayó un poco pronto… El pequeño pues no, el pequeño sigue siendo un niño para ella, anque tenga treinta años. Las madres somos un poco así, aunque no lo declaremos… Bueno, todo esto que te estoy contando es el trabajo de actriz, la construcción del personaje…

Estamos ante la última versión de la obra de Tennessee Williams, y ante una versión, a su vez, de Amelia Ochandiano. Una versión que cambia un poco el punto de vista sobre las mujeres. ¿También el de su personaje?
También, pero menos, porque yo interpreto a una mujer mayor, más tradicional. Aún así, yo creo que esta madre sí tiene cierta rebeldía con respecto a los manejos, aunque al mismo tiempo está muy sometida y aguanta mucho por ese hombre… Pero sí, Amelia ha hecho su versión y ha incluido algunas escenas de la película que no están en la obra original, y con las que creo que Tennessee Williams no estaba muy de acuerdo en su día, por lo que tuvo algún pequeño desencuentro con el director. Yo, en cambio, creo que está muy bien que Amelia lo haya rescatado, porque le va muy bien a la obra.

Una obra que no deja de ser un drama familiar duro y de esos que trascienden épocas y geografías…
Absolutamente. Por eso estamos teniendo el éxito que estamos teniendo, con teatros en pie continuamente. La gente no se desengancha en ningún momento de la función porque se está hablando de cosas completamente actuales.

Un drama, pero aclaremos también que con mucho sentido del humor…
Claro, es la vida. En el caso de mi personaje, yo he visto a esta mujer un poco ciclotímica. Está en una situación emocional que tan pronto ríe como llora, porque no sabe gestionar los problemas que le surgen. El humor en esta obra está hecho a base de pinceladas muy bien puestas, que además siguen sorprendiéndonos a nosotros mismos. Hay momentos en los que la gente se ríe porque así está planificado en el texto, pero en otros momentos nos sorprende el público.

¿Su marido en la obra, el Big Daddy Pollitt, está interpretado por Juan Diego. ¿Ya habían trabajado juntos antes?
En el cine sí, pero no en el teatro.

¿Y él en la realidad se parece a su personaje?
No, yo no creo que se parezca en nada a su personaje. Pero en la función hace que se parezca, porque es un gran actor. Trabajar con él es estupendo, porque además crea muy buen ambiente en la compañía. Yo creo que le gusta esta familia que se ha formado…

Me gustaría recordar una película que fue clave en su carrera, Furtivos. Una gran película con secuencias inolvidables, como aquella, tremenda, en la que el personaje interpretado por Ovidi Montllor quiere acostarse con usted y arranca literalmente de la cama a su madre, la gran Lola Gaos. ¿Cómo conserva usted en la memoria a Ovidi Montllor?
Tengo un recuerdo inmejorable de él. Ovidi es una de las personas más íntegras y más cálidas que he conocido. Yo creo que aquella, si no era su primera película, era la segunda, como en mi caso. Y enseguida formamos un gran tándem. Hablábamos mucho de cómo íbamos a afrontar el trabajo del día siguiente… Claro, éramos muy bisoños los dos. Pero funcionaba muy bien la pareja. Lo recuerdo con mucho cariño, pero es que además Ovidi y yo éramos los supervivientes de esta película de Borau, ya no quedaba nadie cuando él falleció, y nos llamaban mucho para premios, para presentaciones… Yo siempre tuve muy buena relación con Borau. Y estoy agradecidísima de haber hecho esa película, porque no todo el mundo tienen la oportunidad de hacer un trabajo así cuando está empezando. Aunque también es verdad que tuvo su lado malo…

¿Qué lado fue ese?
Cuando haces una película de tanto éxito, dentro de la profesión a veces pasan cosas raras. Lo decía Lola Gaos por aquella época, cuando se estrenó Furtivos: “¡Ahora me llamarán para hacer todas las madres rurales de España!”, decía. Pues sí, eso te puede ocurrir.

Pero usted trabajó después en muy buenas películas y con grandes directores: Saura, Cuerda, Uribe, Aranda, Armendáriz…
Sí, es verdad, pero tuve una época después de Furtivos en la que rechacé como diez películas. Era la época del destape, y como me había desnudado en esa película, claro, me llamaban para ponerme en pelotas desde el minuto uno. Y no, a mí no me daba la gana de llevar mi carrera por ahí, no era mi plan.

¿Cómo ve ahora el panorama? También trabaja en series de televisión…
Bueno, no trabajo tanto en series. No me encuentran encaje, no sé por qué. Las cosas del cine y del teatro, de los actores, y cómo piensan, y cómo te ven, son muy raras a veces. A mí siempre me han sorprendido mucho, porque me ponen siempre la batita fresca de verano y ¡hala! Pues yo creo que también puedo vestirme de marquesa, ¿no? Se ha enrarecido mucho esto de los cástings y tal. Antes, si le dejaba el productor, era el director de la película el que elegía actor o actriz, y ya. Ahora tienes que pasar por el cásting, porque el director o la directora de ese cásting te vea en ello, porque la cadena dé el visto bueno… ¡Es que es muy raro todo! O a mí me resulta muy raro, en fin.

Desde luego, para una actriz con su trayectoria y su exeperiencia deben de ser situaciones incómodas.
Sí, claro. Pero también es verdad que tienes que saber desde el principio que este es un oficio muy duro. Es complicado, porque además cada vez hay menos trabajo. Yo tengo un hijo actor y es un drama… Pero le digo: “¿A que tu mamá no te obligó a ser actor, verdad? No, lo elegiste tú, y encima te pusiste pesao, pues ahora te aguantas”.

Bueno, bueno, que también será muy difícil que una actriz eche para atrás a un hijo que quiere seguir sus pasos…
Desde luego. Y no solo eso, sino que además te gusta. Y te gusta poder hablar con él de cosas profesionales, cómo no. Tienes las dos vertientes.

Además de la gira con la gata…, ¿algún proyecto en cartera?
-Sí, tengo un proyecto, pero es un tanto especial. Un proyecto con una compañera, sobre un texto que yo he escrito.

No me diga que debuta como dramaturga…
Pues sí, sí, debuto.

Y además de por el hecho del debut, ¿por qué es tan especial ese proyecto?
Porque lo he escrito como al dictado. Tiene un tono lejanamente parecido a Beckett. Diálogos cortos y potentes de los dos personajes, que yo sé de qué están hablando, pero habrá que pulirlos para que la gente lo entienda mejor. Es un texto muy poco habitual. Sí es contemporáneo en cuanto a la tesis, pero no un texto al uso.

Pues nada, mucha mierda, que se dice en estos casos.
Desde luego, muchas gracias. ¿Vendrás a ver la obra?

Sin falta. Ya le tiraré un tomate desde el patio de butacas, para que me reconozca…
¡Ay, sí, por favor! Recuerdo una vez, cuando yo empezaba con Tábano [compañía de teatro independiente] que una vez nos tiraron tomates. Mi compañera, Petra Martínez, los cogía y se los comía. Y además daba las gracias.

*Intérpretes: Juan Diego, Andreas Muñoz, Begoña Maestre, Alicia Sánchez, Marta Molina y José Luis Patiño.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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