Toledano y Nakache logran con “C’est la vie” diez candidaturas a los César del cine francés

· 31 de enero, 2018

En el fin de semana de su estreno, la nueva película de los realizadores galos Éric Toledano y Olivier Nakache ha vuelto a contar con el respaldo de la crítica y el público españoles, ocupando la cuarta posición de la taquilla. De este modo, C’est la vie lleva recaudados 700.000 euros y ha logrado más de 100.000 espectadores en cinco días en cartelera. Pero es que, además, la comedia francesa acaba de recibir diez nominaciones (ver al final de la entrada) a los Premios César de la Academia del Cine Francés, los equivalentes a los Goya españoles.

La gran mayoría los conocerá por Intocable, aquella película de 2011 que clausuró el Festival de San Sebastián y en España se hizo con el Goya a la mejor película europea en 2012. Hablamos de
Éric Toledano y Olivier Nakache, o Nakache y Toledano, porque este par de cineastas franceses parece que practican hasta las últimas consecuencias el clásico medieval español: Tanto monta…

Aquella cinta protagonizada por François Cluzet y el negro Omar Sy (es importante en este caso citar el color de la piel, puesto que el actor y humorista francés interpretaba a un inmigrante recién salido de la cárcel, algo determinante en la historia) era, como es habitual en los argumentos de la pareja de directores y guionistas galos, una comedia dramática que, como también suele suceder con todo su cine, generó algunas discrepancias en la crítica especializada, pero conquistó a la generalidad de un público (incluido el español) que la premió con su gran asistencia a las salas y el honor de convertirla en la película de habla no inglesa más taquillera de la historia, con una recaudación de más de 426 millones de dólares. (Del éxito de Intocable da cuenta igualmente el hecho de que todavía acaba de generar, en 2017, un remake estadounidense titulado The Upside y dirigido por Neil Burger.)

Oliver Nakache y Éric Toledano acaban de volver ahora a las pantallas de cine, y lo han hecho, cómo no, con una nueva comedia trufada, aunque menos que Intocable, de algunos elementos dramáticos que la acercan a la vida misma. «Olivier y yo compartimos la pasión por contar historias en las que el drama y la comedia van de la mano, e Intocable es el máximo ejemplo de esto», declara Toledano. C’est la vie (Le sens de la fête es su título original) es una comedia centrada en la preparación de una boda de lujo en un chateau francés del siglo XVII. Max, el experimentado (e irritable) encargado de la organización del complícadísimo evento social (camareros, orquesta, menú, decoración…) lo planeará a conciencia para que el resultado sea óptimo, pero las cosas caminan continuamente por la cuerda floja, y la felicidad y la emoción pueden convertirse en el caos en un solo instante.

Toledano y Nakache han declarado que sus historias provienen en muchos casos de sus propias experiencias vitales y de proyectos anteriores. Y así sucede, por ambas bandas, en el caso de C’est la vie: «En 2015, Olivier y yo no atravesábamos nuestro mejor momento -afirma Toledano-, de manera que sentimos la necesidad de hacer algo que nos permitiera reír, divertirnos, aunque sin olvidarnos de mirar a la sociedad en la que vivimos». «Así es -asiente Nakache-, pero, aunque sea algo más secundario, muchas veces la idea de una película se origina mientras ruedas la anterior. En este caso, la primera escena de Samba [la comedia dramática estrenada por ambos cineastas en 2014, sobre la relación entre un inmigrante senegalés en Francia y una ejecutiva que pasa por un mal momento] sucedía en una boda y un largo plano secuencia no llevó de la sala a la zona oculta, entre bastidores, donde había una buena muestra de lo que queríamos hacer».

Nakache y Toledano, que encontraron lo que llaman «el ADN de nuestro cine» (películas de personajes variados e incluso opuestos que terminan juntas, y todo bañado por el sentido del humor) rodando un cortometraje, también basan sus historias, como la de C’est la vie, en experiencias personales, como se averigua al indagar sobre su método de trabajo al escribir guiones: «Lo primero que hacemos es investigar sobre el tema durante varios meses -explica Nakache-. Pero para esta película en concreto echamos mano de la memoria, puesto que hubo un tiempo de escasez en el que, para financiar nuestros cortometrajes, trabajamos en fiestas, por ejemplo, de camareros en bodas. De todos modos, para esta película también quisimos saber cómo se trabaja hoy en día en estos ambientes». «Ya en la práctica -añade Toledano-, lo que solíamos hacer era distribuir las ideas sobre una mesa, llevarlas a un tablón y organizarlas en secuencias, que después nos repartíamos para escribirlas en un proceso en el que la comunicación es constante e inmediata».

Una de las grandes bazas de C’est la vie es su protagonista masculino, Jean-Pierre Bacri [muchos aficionados al cine francés recordarán sus colaboraciones junto con Agnès Jaoui, la actriz que tan buen sabor de boca nos dejó hace poco por su trabajo en 50 primaveras, de Blandine Lenoir, [Urban, agosto de 2017]. Toledano y Nakache, que han trabajado en su carrera con grandes nombres, como Depardieu o Cluzet, tuvieron clarísima la elección de Bacri desde el principio: «Primero, porque desde que tuvimos la idea de la película supimos que queríamos ofrecerle a él el papel. Y, por supuesto, porque Bacri es uno de los grandes actores franceses contemporáneos -afirma Toledano-. Bacri es, resumiendo, ritmo, precisión y credibilidad. Durante el rodaje era curioso ver la cantidad de actores mirando el monitor para ver lo que él había hecho». «Pero es que además -añade Olivier Nakache- Bacri es un todo terreno. Es un actor absolutamente singular y que hace suyos los proyectos desde que los acepta».

C’est la vie es una complicada película coral que ha exigido concienzudos trabajos de coreografía para que cada personaje se situara en su lugar en el momento preciso, «de modo que todo parezca natural -explica Toledano-. Porque ese es nuestro principal reto, que los espectadores se crean absolutamente lo que ven desde el primer segundo». «Y en este caso se añadía además la dificultad de una acción que transcurre en una velada y en un lugar muy concreto, lo que podía habernos llevado a rodar algo excesivamente teatral. Por eso la cámara nunca está estática y aporta tensión a la historia», añade Nakache. Recursos y puestas en escena que pueden recordar a clásicos como El guateque (Blake Edwards, 1968), aunque los realizadores admiten influencias de Garçon! (Claude Sautet, 1983) y, en cuanto al retrato social, de la argentina Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014).

Terminamos hablando de la música. El jazz de Avishai Cohen. «Un tempo y una composición muy especiales, que sugieren improvisación aunque todo esté absolutamente trabajado, y que le iba como anillo al dedo a nuestra historia», afirma Nakache. Es la primera vez que Cohen escribe para el cine. «Lo abordamos a la salida de un concierto y aceptó de inmediato», añade. «El jazz es el género que más nos atrae -interviene Toledano-. Como en el cine, exige una gran sincronización absoluta para producir una emoción, y es ideal para una velada llena de sorpresas e imprevistos». Las sorpresas y los imprevistos de C’est la vie, una comedia, que, «nacida en el caos que vivimos en 2015, propone justamente cómo, pese a todo, mantener el buen humor», termina Éric Toledano.

  • Nominaciones a los Premios César de C’EST LA VIE!Mejor Película
    Mejor Dirección (Eric Toledano y Olivier Nakache)
    Mejor Actor (Jean-Pierre Bacri)
    Mejor Actor Revelación (Benjamin Lavernhe)
    Mejor Actriz Revelación (Eye Haïdara)
    Mejor Actor de Reparto (Gilles Lellouche)
    Mejor Actor de Reparto (Vincent Macaigne)
    Mejor Guión Original
    Mejor Montaje
    Mejor Sonido

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


Te puede interesar...