Asun Noales: «‘Pi’ llega al público a través de los sentidos y de lo mágico»

· 18 de enero, 2018

La descripción dice así: «Si cada ser vivo, cada planta y elemento que nos rodea lo observáramos bajo un microscopio para visualizar la simetría de sus patas, los colores en sus alas, la repetición en sus hojas, descubriríamos la armonía y perfección que existe en la naturaleza. Si todo lo que vemos ante nuestros ojos pudiéramos descifrarlo en códigos y diseccionarlo llegando al detalle más minúsculo y preciso de las cosas que nos rodean, llegaríamos a Pi. Pi es un espectáculo de danza para público infantil y familiar donde nos adentramos en un mundo lleno de curiosos insectos que, al relacionarse, nos desvelan secretos escondidos. Pi es un espectáculo visual, donde el cuerpo y su expresividad nos transportan a un universo microscópico, fragmentado, donde lo general se vuelve detalle».

Pi es una producción del Escalante Centre Teatral para público familiar con cuya creación la compañía ilicitana OtraDanza, de Asun Noales, culminó su décimo aniversario el año recién terminado. Un espectáculo multidisciplinar pensado especialmente para los niños, que ahora se puede disfrutar en la Sala Russafa de València los días 21, 22 y 28 de enero, y 4 de marzo. La propia Asun Noales, creadora, coreógrafa y bailarina, nos desvela los misterios de Pi.

Asun Noales.

¿Cómo y por qué se le ocurre Pi?
Me he dado cuenta de que soy un poco cíclica y de que, más o menos, siempre recurro a los mismos temas. De manera que siempre estoy conectando lo que observo, lo que me gusta, como la naturaleza… Es natural, por lo tanto, que me plantee cómo acercar a los niños ese mundo que observo a mi alrededor. Y en este caso concreto, la conexión universal con los números. ¿Cómo llevar eso a un público infantil? Si lo piensas, es un reto bastante importante el llevar un concepto tan abstracto, matemático, a un escenario para que lo vea un público familiar.

Porque usted está convencida de que la naturaleza es matemática…
Exacto. Yo pienso que todo lo que nos rodea está conectado, que todo esconde códigos secretos, y que todo se puede traducir en números. Y que los cánones de belleza, por ejemplo, son simplemente una armonía. Así que me pongo a pensar sobre esto empezando por el título, y, claro, pienso en el número pi. También en el número phi, pero, claro, el número phi lo descarto enseguida porque creo que casi nadie lo conocerá [ríe]. El número pi es infinito y conecta muchas cosas: el círculo y la recta, el perímetro y el diámetro, la curva y la recta… Además, es un símbolo que tiene mucha fuerza. En resumen, que decido llamar Pi al espectáculo. Y a partir de ahí, empiezo a pensar cómo hacer para que un niño comprenda todo esto que hemos dicho.

O sea, a partir de ahí empieza lo verdaderamente difícil, porque si no lo entendemos la mayoría de los adultos…
Claro. ¿Y cómo hacer? Pues necesito algo visual, además de mis bailarines, o de mi compositor, que ha hecho una música maravillosa… Aparte de todo eso, necesitaba tener una parte de audiovisual. Para ello, contacté con Javi Sala y le dije que había que lograr que los niños vieran desde el principio del espectáculo cómo las formas geométricas se van transformando en otras formas que están en la naturaleza, que existen realmente. Y así aparecen los círculos, los triángulos, las espirales…, que, a su vez, se van transformando en una caracola, o en un panal de abejas, o en una tela de araña…, en cosas que para los niños son cotidianas.

¿Me equivoco si supongo que, estéticamente, trabajará con la proporción áurea…?
Exacto. Todo el tiempo. Y de ese modo empiezas a ver cómo visualmente puedes llevar a escena esos paisajes que implican las matemáticas, las simetrías, los espejos, los caleidoscopios… Todo el trabajo coreográfico está basado en eso. Primero hay un pequeño desarrollo de cada personaje. Personajes que, por cierto, no son humanos, sino una especie de bichos, como pequeños insectos que, al unirse, se transforman en otros organismos nuevos…

Y así hasta el infinito…
Todo el trabajo evoluciona, pero es el trabajo de sala el que te va llevando de una manera mágica, o no mágica…, hacia lugares que tú tampoco conocías, de modo que se te abren nuevos caminos. Total, que ha sido un proceso muy rico y muy interesante. En ese trabajo, además, les explico a todos los colaboradores lo que quiero y ellos aportan muchísimo.

¿Por qué los persponajes son como insectos, y no humanos?
Porque me apetecía llevarlos a otro mundo; que los niños no se relacionaran con personas, sino con seres que, en este caso, parecen insectos futuristas. Cuando empiezo a investigar sobre este espectáculo y a ver imágenes (yo me inspiro mucho en las imágenes), me meto en los bichos que hay en los fondos marinos abisales, con esas formas maravillosas, casi psicodélicas, y con esas luces fluorescentes… Son bichos más abstractos, no convencionales.

¿Cómo se trasladan todas esas ideas al movimiento, a lo exclusivamente dancístico?
Yo a cada escena (si las llamamos así) le pongo un nombre. Una, por ejemplo, se llama Caleidoscopio y la trabajamos con cámara en tiempo real. Son cuatro bailarines los que interpretan esta escena, y lo que ocurre es que los cuerpos generan entre ellos contactos que trabajan hacia el centro del escenario, mientras que hay una cámara cenital que crea un efecto caleidoscópico. Esto hace que los cuerpos se transformen y parezcan flores. Y eso, al mismo tiempo, se va proyectando en el fondo, creando un efecto que genera formas que son flores, mandalas…, cosas relacionadas con la vida natural.

¿Pi cuenta una historia?
No, no cuenta una historia. Pretende llegar al público por medio de escenas visualmente muy poderosas para excitar la curiosidad de los niños. Queremos llegar al público más a través de los sentidos, de lo irreal, de lo mágico…

Su compañia, OtraDanza,  cumplió el décimo aniversario el año recién terminado, 2017. ¿Quiere hacer un balance de este tiempo de vida?
Yo soy una persona muy optimista, pero estos diez años han sido realmente muy duros. Lo sabe todo el que se dedica a las artes. Pero, al mismo tiempo, eso nos ha obligado a reconvertirnos, a renovarnos, a replantearnos las estructuras de las compañías… Nosotros, en estos años de crisis, hemos generado proyectos superinteresantes, hemos mantenido nuestra escuela de verano Dansa per a Tots, hemos creado Dansa per a Tots junior, hemos generado vínculos e intercambios con otras compañías internacionales… De manera que lo que ha pasado después de estos cinco años de lucha constante (porque esto es una lucha y seguirá siéndolo aunque no haya crisis) es que estos proyectos se han consolidado. Ahora tenemos proyectos durante todo el año, y nuestros bailarines están prácticamente todo el año de danza, trabajando para la compañía en diferentes propuestas. En resumen, hemos pasado del susto y la incertidumbre de no saber si podríamos mantenernos, a justo lo contrario. La compañía tiene una parte de gira y no paramos tanto a nivel nacional como internacional. Además tenemos un festival durante todo el mes de abril; en julio tenemos un campus de danza para niños, y tenemos un montón de vínculos en Elche y Alicante, que relacionan a la compañía con la sociedad por medio trabajos pedagógicos, haciendo mucho hincapié en la formación…

¿Y si tuviera que valorar la cuestión de la danza en la Comunitat Valenciana, qué diría?
Que poco a poco se van haciendo cosas. Pero que se necesita que valore de una vez a los artistas, el trabajo que se hace aquí. Hay dos comunidades autónomas que, en este sentido, están a años luz, que son el País Vasco y Cataluña. También porque la inversión que se hace en esos lugares hacia las artes es muchísimo mayor. Fomentan a sus artistas, los promocionan, los ayudan… Eso hay que hacerlo aquí también, y además de una manera constante, no puntual.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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