Anahí Berneri: “La prostitución es, a veces, una alternativa a la explotación”

· 15 de diciembre, 2017

El apasionado (y largo) debate sobre la legalización o prohibición de la prostitución cuenta con una muy interesante contribución en Alanis, el quinto largometraje de la realizadora argentina Anahí Berneri, en cines desde hoy, viernes, día 15. La película, que narra tres días en la vida de una prostituta de Buenos Aires y su hijo lactante, ha marcado un hito al ser el primer título que consigue en San Sebastián dos Conchas de Plata femeninas: directora y actriz. Nada menos que dos grandes premios en el prestigioso certamen donostiarra, de los que sin embargo no podrán disfrutar los cinéfilos valencianos, al menos por el momento (!).

Concha de Plata a la mejor directora, Anahí Berneri, y Concha de Plata a la mejor actriz, Sofía Gala Castiglione, además de Premio de la Cooperación Española (por su contribución al desarrollo humano, la erradicación de la pobreza y el pleno ejercicio de los derechos humanos). Alanis ha marcado un hito en el último Festival de San Sebastián al haberse convertido en la primera película en la historia del certamen que consigue dos Conchas de Plata femeninas.

Alanis es el quinto largometraje de la realizadora argentina y desarrolla un polémico argumento sobre una mujer que ejerce la prostitución en la ciudad de Buenos Aires. En el reverso turístico de esa gran metrópoli, la protagonista que le da título a la película es una «trabajadora sexual» (así se dice en el dossier de prensa) con un hijo lactante, Dante, que además es el verdadero hijo de la actriz). Comparte piso con otra prostituta, Gisela. Ambas mujeres cuidan del bebé y reciben a sus clientes en el apartamento. Pero todo cambia cuando dos inspectores municipales irrumpen en el domicilio y detienen a Gisela acusada de trata. Expulsada de su piso, Alanis se traslada temporalmente a casa de su tía, cuida a su hijo y ofrece en la calle su cuerpo, en una dura y continua pelea por sobrevivir.

Esta Alanis de Anahí Berneri es«una película filmada en pocas semanas y que tiene, a mi entender, mucha libertad», nos dice la directora. «Además, se hizo con una productora, Varsovia, que no es grande y que apostó por ella sabiendo que nacía desde un cortometraje que empezó siendo un poco por encargo y que en principio me daba mucho miedo», añade la cineasta oriunda de Martínez.

Berneri explica así su película, que se estrena hoy, viernes, en unos cuantos privilegiados cines del Estado (ninguno valenciano): «Son tres días en la vida de una trabajadora sexual y su pequeño hijo. El cuerpo sexual y el cuerpo de madre como desafío actoral. La intimidad de Sofía Gala Castiglione con su hijo Dante: sus miradas, su trato animal, las tetas, las risas y llantos que me dejaron capturar.

»Una Buenos Aires multirracial, marginal e inmigrante -prosigue la directora-. Las prostitutas dominicanas que llegaron engañadas con un futuro mejor, las peleas por ganar un lugar en la calle y los apartamentos privados. El vacío legal, la persecución y la vergüenza de quienes ejercen un trabajo. ¿Son víctimas de una forma de esclavitud o simplemente encontraron una forma de sobrevivir?».

Su película parte de un cortometraje realizado por encargo y del que, al parecer, no quedó muy satisfecha…
Sí, pero no por estar en desacuerdo con lo que yo había filmado. Lo que ocurre es que me dieron un guion que mezclaba las temáticas. En resumen, hablaba de la prostitución como si fuera trata.

¿Y no lo es? Hay ahora una gran polémica sobre este asunto.
La trata existe, por supuesto. Pero en todas las discusiones argentinas sobre este asunto siempre aparece el argumento de que detrás de cada prostituta hay un tratante, de manera que todas ellas son víctimas. Sin embargo, yo he hablado con muchas mujeres que eligen la prostitución como una forma de vida, de subsistencia, y quise contar un personaje que se saliera un poco de ese papel de víctima. Hablé con asociaciones [Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, AMMAR, que está por la legalización y regularización de la prostitución, y con las Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos, AMADH, que pretende la abolición], con mujeres en la calle, en apartamentos privados… Y muchas me dijeron que la prostitución por su cuenta era la manera que habían encontrado para subsistir.

¿Y no cree que preferirían hacer otro trabajo?
Respondían que sí, pero hablaban de los muchísimos trabajadores a los que también les gustaría estar haciendo un trabajo diferente al suyo, y que estaban mejor ejerciendo la prostitución que en trabajos anteriores donde las habían explotado. Total, que eso fue algo que me interpeló. Es una cuestión a debate, porque yo no tengo la solución.

Tampoco será lo mismo dependiendo del extracto social y de las necesidades de cada una de ellas.
No, y por eso descarté hablar con prostitutas de clase media, alta o muy alta, que también las hay. Hablé con mujeres que sí están muy condicionadas por la sociedad, que la mayoría de las veces no tienen otras opciones, y que tomaban esa decisión.  La explotación en el trabajo se produce de muchas maneras, y para muchas mujeres la prostitución es, precisamente, un modo de evitar la explotación porque son las dueñas de su cuerpo. De cualquier modo, también quiero decir que Alanis no es una película sobre un tema, sino sobre un personaje, y a mí no me gusta juzgar a mis personajes. Sí es cierto que la película está provocando debate. La visibilidad que le dieron los premios en San Sebastián hizo que se suscitara cierto interés incluso en foros universitarios como la UBA (Universidad de Buenos Aires).

Por dejar las cosas claras, la película tampoco plantea la prostitución como algo deseable y defendible a toda costa.
No, claro, la película no habla de la prostitución como una panacea, sino que aborda el estigma social, la violencia (que muchas veces se expresa por medio de palabras…). En este sentido, yo estoy satisfecha: al fin y al cabo, una hace películas para algo, para generar preguntas, para emocionar a la gente y movilizarla.

Alanis, como ha dicho antes, no juzga moralmente a sus personajes. Pero sí es una película profundamente política, en un contexto, además, en el que la filosofía política predominante es el liberalismo, supuesto adalid de la libertad individual.
En Argentina tenemos una ley de identidad de género, de manera que uno puede ir y decir que nació hombre, pero quiere ser considerada mujer legalmente, y le dan los documentos. El matrimonio entre personas del mismo sexo también está legalizado. Sin embargo, no tenemos leyes que hablen sobre el aborto o la prostitución, de manera que, de hecho, es el Estado el que regula la libertad del cuerpo de la mujer.

Y, dejando clara la enorme diferencia en cuanto a la envergadura del problema, tampoco se suele hablar demasiado de la prostitución masculina.
No, eso no se hace, no se regula. Parece que los hombres no son víctimas, porque solo se busca regular lo que se refiere a la mujer.

Por remontarnos a otro nivel de la polémica, una de las cosas que llaman la atención de Alanis es el cartel. En él aparece la protagonista como prostituta, con mirada y pose sensual, y madre a la vez, que amamanta a su hijo, algo que parece molestarle muchísimo al sistema.
Claro, hay quien considera que atenta contra la familia, pero los niños no nacen por obra y gracia del Espíritu Santo. Muchas prostitutas son madres y, como Alanis, trabajan para sobrevivir y sacarlos adelante. ¿Una mujer amantando a su hijo atenta contra la familia? Una cadena norteamericana nos dijo que no proyectaría la película con ese cartel; lo quitamos, pero tampoco la proyectaron… Es una de las grandes hipocresías sociales que se dan en esta cuestión. ¿Que no se puede ser prostituta y madre?

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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