Carlos Marques-Marcet: “La paternidad es un gran conflicto cuando llegas a los treinta”

· 4 de diciembre, 2017

Fotografía: José Aleixandre


Una de las mujeres que forman una pareja de lesbianas le plantea a la otra su deseo de ser madre. Es el detonante de la tormenta de sentimientos que estalla en Tierra firme, segundo largometraje de Carlos Marques-Marcet (en cines desde el pasado viernes, 24 de noviembre) después de su multipremiado 10.000 km.

A vueltas con el amor. Carlos Marques-Marcet continúa, después de su multipremiada ópera prima, 10.000 km, explorando el amor, que es, en definitiva, «lo que hay –afirma el director (y coguionista junto con su amiga Jules Nurrish) de Tierra firme–. El amor como amistad, el amor entre madre e hija… En este caso, no se trata tanto del enamoramiento, como de la variedad de relaciones; el amor en sentido amplio, supongo».

Marques-Marcet, quien, entre largo y largo, firmó en 2015 el telefilme biográfico 13 dies d’octubre (centrado en los dramáticos días que el presidente catalán Lluís Companys, después de ser entregado por los nazis a sus amigos franquistas, permaneció esperando su fusilamiento), ha rodado Tierra firme entre los exóticos canales londinenses y Barcelona, su ciudad natal (aunque su familia procede de Vila-real, Castelló). En el reparto, los mismos Natalia Tena y David Verdaguer que protagonizaron 10.000 km, más Oona Chaplin, y a los que se ha sumado en una colaboración estelar, la nunca suficientemente aplaudida madre de esta última (también en la ficción), Geraldine Chaplin. Tierra firme, en cines desde el viernes pasado, inauguró la última edición del Festival de Sevilla y narra el conflicto que se desata cuando una mujer (Natalia Tena) le plantea a su novia (Oona Chaplin) su deseo de ser madre e implican a un amigo (David Verdaguer) como donante para lograr su propósito.

El amor mezclado con una reflexión sobre la paternidad, imagino que, en su caso, al menos parcialmente, producto de una inquietud generacional.
Sí, claro, sobre por qué la paternidad nos cuesta tanto ahora, que parece que se ha convertido en uno de los grandes conflictos cuando llegas a los treinta años. Yo creo que en ello influyen muchas cosas, aparte de la conciencia de que se ha convertido en una opción. Hay un cuestionamiento de esa idea preindustrial de tener prole para que más tarde te mantenga a ti cuando envejezcas. En el momento en que los sistemas productivos cambian (ahora creamos nuestro propio trabajo, somos precarios…), y con ellos el concepto de familia, te planteas cosas nuevas; piensas, por ejemplo, que en el mundo sobran humanos… Y no solo eso, porque también influye la idea hedonista de la vida, de manera que cuesta mucho hacer según qué sacrificios. Yo creo que es bueno plantearse estas cosas, como ocurre en la película con el personaje de Natalia, que en realidad quiere tener una pareja, seguir siendo dos, y en el momento que llega una tercera persona se desata un terremoto.

¿Egoísmo. Entender como incompatibles varios tipos de amor, como el de pareja y el paterno-filial…?
Bueno, es complicado saber quién es el egoísta ahí. Yo lo que pretendo es mostrar diferentes puntos de vista, y supongo que lo que me gusta es ver que la gente sale de ver la peli, va a tomarse unas cañas (o agua con gas si no beben, que también es válido) y que discutan sobre el tema.

También llama la atención en su película el escenario donde se desarrolla, uno de los barcos vivienda de los canales de Londres. Natalia Tena me comentó no hace mucho tiempo que ella vive en uno de esos barcos, ¿es el de la película?
Sí, para el rodaje utilizamos dos barcos, y uno de ellos, concretamente el que se ve desde el exterior, es el suyo: para los interiores utilizamos otro. Fue un poco por eso por lo que fuimos a rodar allá, porque era como visitar el mundo de Natalia, con sus colegas, con esa forma tan peculiar de vida ya única en el mundo… Porque allí vives gratis, sin pagar alquiler, simplemente cambiándote de lugar al menos una vez a la semana. Es como vivir de cámping dentro de la ciudad, y una forma de estar cerca del centro, porque de otro modo en Londres es casi imposible.

Ese barco es, además, uno de los símbolos de la película: un lugar flotante, inestable… ¿metáfora de la relación entre los personajes de Natalia Tena y Oona Chaplin? También una secuencia con el agua como protagonista en un momento clave de la película, o esa estructura metálica vacía que aparece acompañada de un misterioso y oscuro ruido mecánico…
No sé si llamarles símbolos, pero sí que son cosas que funcionan como una especie de rimas, como propuestas que llevan la película un poco hacia una abstracción pictórica. El agua es un elemento que acumula significados, y uno de ellos podría hacer referencia a esa forma de vivir, de vidas líquidas, de amores líquidos… Había muchas cosas que me resonaban con el agua y era un tema que, orgánicamente, se desarrollaba a la vez que la historia. En cuanto a la estructura metálica, es una de esas estructuras de gas de la época industrial que han quedado abandonadas, un poco como los propios canales, que ya no son lo mismo. Ahí está la ciudad que inventó la industria, que inventó el capitalismo industrial, y que ahora vive la era financiera, en la que ya no se produce nada. En esos restos viven las dos mujeres, en lugares que evidencian un cambio económico que, a su vez, determina el cambio del modelo familiar. Pero, bueno, en un principio lo que me interesaba era construir un paisaje con cierta rima y que, de alguna manera, se comunicase con el estado emocional de los personajes, lo cual es una idea un tanto romántica, del siglo XIX.

Los tres protagonistas de su película son, desde luego, muy peculiares, fruto de este momento histórico, quizá casi imposibles no mucho tiempo atrás. Amigos que se tratan con una cercanía y una sinceridad brutales, aunque, lógicamente, tampoco están libres de contradicciones.
Sí, en algún momento alguien me ha dicho que son un poco exagerados, pero no sé, quizá mi vida es un poco exagerada; y Natalia es aún más exagerada en la vida real que su personaje. Sí es cierto que en 10.000 km quizá había una interpretación más naturalista, pero con el paso del tiempo pienso que el naturalismo no es tan real, que la realidad es más exagerada de lo que vemos en el cine habitualmente. Y también es cierto que Dios los cría y ellos se juntan, que cuando hay gente así tiende a reunirse, como la gente más discreta se rodea de quienes son como ellos. En este caso los personajes son como mucha gente que conozco, y me pareció un grupo muy orgánico. Por ejemplo, el hecho de que tengas una madre como el personaje de Geraldine [Geraldine Chaplin] hará más fácil que luego te enamores de una mujer como el personaje de Natalia [Natalia Tena], y que ella, a su vez, tenga un amigo como David [David Verdaguer]: todo es una cadena en este sentido.

¿Por qué opta por dividir la película en capítulos de una manera tan explícita?
Sí, esa fue una cuestión que surgió en el montaje de hecho, porque no estaba en el guion. Fue un montaje muy largo y muy difícil, en el que nos dimos cuenta de que la película, rítmicamente, te llevaba de una forma muy clara a cuatro tiempos distintos, casi a cuatro movimientos como si fuera un vals, de manera que se rompía claramente la estructura clásica de tres actos, aunque también está ahí de algún modo. También es una manera de remarcar el paso del tiempo, porque en el primer capítulo pasa todo en un día y medio, y de repente había una serie de elipsis que rompían aquel tono. Con la división quedaba todo mucho más claro y fluido.

Escribe usted el guion con su amiga Jules Nurrish, que es lesbiana. Y ha dicho en algún momento que quizá de otro modo no se habría atrevido a escribir sobre un amor entre mujeres…
Bueno, para empezar porque había que resolver el problema de cómo rodar una escena de sexo entre dos mujeres sin caer en el punto de vista voyeur, que es lo que nos han enseñado como hombres. Muchas de mis mejores amigas son lesbianas, y me gusta mucho ese tipo de amistad que tengo con ellas, pero esto tampoco significa que crea que los hombres no podamos hablar de asuntos de mujeres, al revés, yo creo que es mucho más interesante aportar puntos de vista distintos y compararlos, porque se aprende mucho más así. Pero, claro, también hay cosas muy específicas y yo no quería caer en clichés. Por ejemplo, algo que teníamos claro desde el principio de la escritura era no caer en eso de que una chica en crisis se enrolla con un tío, porque eso pasa incluso en películas dirigidas por mujeres, y no lo entiendo. Es como si los hombres no pudiéramos soportar que una mujer no necesite a un hombre, ¿no? Y esta película no va de eso, va de cómo construimos una vida en común, qué posiciones ocupamos y cómo las trabajamos.

¿Es cierto que un día dijo que los seres humanos somos esencialmente egoístas y quizá no estamos capacitados para vivir en pareja?
Me refería a esta generación, que no hemos sido educados para algo así, en tanto el mundo que nos rodea… Pero yo confío mucho en el ser humano, en su iniciativa más allá de ir a votar cada cuatro años en eso que llaman democracia y que yo me pregunto qué es realmente.

¿Cómo resultó la experiencia de reunir a dos Chaplin en el rodaje?
Bueno, para mí era impresionante el solo hecho de escuchar a Oona hablando de Charles Chaplin con expresiones tan coloquiales como mi abuelo esto o mi abuelo lo otro. Y claro, trabajar con Geraldine… Yo me he enamorado de Geraldine. Tampoco estuvimos tanto tiempo juntos, pero trabajando es… ¡guau! A mí no me gusta decirles a los actores lo que tienen que hacer, porque al fin y al cabo es su trabajo. Con Geraldine era el minuto cero y ya había entrado en el personaje. Y su sinceridad y humildad a la vez, porque te dice siempre lo que piensa, te guste o no te guste, lo cual se agradece mucho. Imagínate el compromiso que tiene que, hablando un día de los nervios, comentaba que cuando iba en coche al rodaje deseaba chocar contra un árbol para no tener que trabajar ese día, y explicaba que a medida que pasaba el tiempo se ponía más nerviosa. Eso dice mucho de su capacidad de entrega y de la seriedad con que se toma su trabajo.

Alguna crítica leída por ahí dice que a su película le falta mala leche…
Yo qué sé. Yo se la veo, le veo la mierda… Con el cine que se hace hoy en día… Quizá hoy algunos le dirían lo mismo a Chaplin, no sé. Yo sí que la veo una película gamberra. Pero bueno, al fin y al cabo, quería hacer una película para abrirnos el pecho, para hablar sobre esos temas.

Una cuestión sobre 13 dies d’octubre. ¿Fue un encargo o le apetecía personalmente hacerla?
Fue un encargo. De hecho, entré para ayudar a otro director que iba a hacer la película, pero era un director de teatro y no se atrevía mucho. Al final, él no pudo y terminé dirigiendo yo. Bueno, pensé cómo abordar la figura de Companys, que es compleja. La verdad es que no me interesaba demasiado, me habría gustado más hacer una película sobre Durruti [Buenaventura Durruti]. De hecho, tengo un proyecto para televisión sobre Durruti que todavía no he conseguido levantar. Pero, a la vez, Companys me parece un personaje muy interesante y muy mal comprendido en todas partes, tanto en Cataluña como en España. Es una figura poliédrica, muy compleja, y eso, complejidad, es precisamente lo que yo echo en falta sobre este debate actual sobre Cataluña. En realidad, al final llevamos esa película al ámbito de la intimidad, la de un hombre enfrentado a muerte, la especialísima relación con el abogado…

No nos tendrá otros tres años esperando una nueva película, ¿verdad?
Bueno, la verdad es que ya estoy medio rodando otra película que, en realidad, será el cierre de esta trilogía involuntaria que ha salido a partir de 10.000 km y Tierra firme. Hemos estado siguiendo el embarazo real de David Verdaguer y su pareja, que ahora son mis vecinos, y haremos una película de ficción, con personajes de ficción, pero alrededor de ese embarazo de David y su pareja, María Rodríguez, que también salía en 13 dies d’octubre. Si Tierra firme es una película sobre la decisión del embarazo, esta otra será sobre el proceso.

 

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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