Antonio Méndez: “La fuerza de la gente me permitió hacer una película más optimista”

· 4 de diciembre, 2017

Antonio Méndez acaba de estrenar (el viernes día 1) su muy elogiado segundo largometraje, La vida y nada más. Rodada en el mango de la Florida y magníficamente interpretada por actores no profesionales, la cinta narra las difíciles condiciones de vida en el lado oscuro del American Wife of Life.

Cuesta mucho creer, después de ver una película como La vida y nada más, que muy especialmente Regina Williams (nominada al premio Spirit del cine independiente, al igual que la película), pero también Andrew Bleechington, son actores no profesionales. De manera que nada mejor, para salir de dudas…, que preguntarle directamente a Antonio Méndez Esparza, director y guionista de este muy recomendable drama, modesto en cuanto a producción se refiere, pero grande en cuanto a rigor cinematográfico y capacidad de empapar de emoción el patio de butacas.

«Es verdad que yo siempre he hablado de ellos como de actores no profesionales –responde el cineasta–, pero lo cierto es que me surge la misma duda que tú me planteas. Así que he decidido aparcar ese ‘no profesionales’ y decir que no son primeros actores. Desde luego, ellos están actuando en la película… Porque es verdad que a veces se entiende, o al menos a mí me ocurre, que cuando un actor no profesional se pone delante de la cámara, se cree que no existe el personaje, sino que quien sale es esa persona tal cual es en la realidad. Este no es el caso, desde luego, porque siempre fueron conscientes de que estaban interpretando, aunque no tienen educación en artes escénicas: Andrew estaba en el instituto y Regina trabaja de camarera –explica el madrileño–. Por un lado, tienen un talento natural, pero creo que también influye en su interpretación la gran cercanía a sus personajes. Además, claro, de que en el cine uno puede capturar instantes, cosa que, por ejemplo, no ocurre en el teatro».

Méndez Esparza se apoya en el neorrealismo (y más concretamente en Cesare Zavattini) para iluminar su idea de que «la tarea del artista no es hacer que las personas se muevan o se indignen en situaciones metafóricas, sino reflejar esas situaciones (moviéndote o indignándote si te conviene), lo que hacen, lo real, exactamente como ellos son». De modo que es absolutamente coherente que, fiel al título, La vida y nada más sea el reflejo de un inmenso espejo, en absoluto cóncavo, sino de altísima calidad, que nos devuelve tal cual es la vida cotidiana en el condado de León (Estados Unidos), donde la desigualdad de la sociedad estadounidense se muestra en toda su crudeza y se plasma en datos como la tasa de criminalidad per cápita más alta de todo el Estado de la Florida; sin duda, una apuesta arriesgada en el caso de que se persiga acceder a un público numeroso en este tiempo de hedonismos y postureos varios.

Méndez Esparza (premio de la Semana de la Crítica en Cannes, en 2012, con Aquí y allá, su mexicana ópera prima) hace suyo el símil del espejo al afirmar de forma rotunda que «desde luego, esa es exactamente mi idea del cine». Y añade: «Un cine político que nace de la realidad. De una realidad que además voy conociendo muy poco a poco, porque la película exigió mucho trabajo previo de investigación y de acercamiento. También es cierto que tenía algunas bazas muy importantes para mí –se extiende el madrileño–, porque tú te respondes a ti mismo, y luego el público ya dirá lo suyo. Para empezar, el hecho de vivir allí (Méndez enseña cine en el mismo lugar donde ha rodado este segundo largometraje) y poder quedar a comer con Regina o con Andrew me proporcionaba una gran fuerza, una especie de fe en creerme de allí, en que ellos son casi mis amigos (hoy lo son ya)».

En su casa y con amigos. Antonio Méndez se planteó La vida y nada más como una película local, nunca como una historia universal sobre los Estados Unidos («a pesar de que luego deseo que lo sea, claro…»). De ahí esa tremenda cercanía del filme al microcosmos que retrata. Un duro agujero urbano en el que Andrew, adolescente negro sin referencia paterna (su progenitor está en la cárcel), anhela encontrar su sitio mietras vive con su hermana pequeña y su madre, una mujer luchadora y que, a su vez, desea encontrar en la vida algo más que ocuparse de sus hijos.

«Aquí estás vivo, estás muerto o estás en la cárcel», le dicen en un momento de la película a Andrew, ese joven negro al borde del precipicio. Una frase que refleja en toda su crudeza el mundo en el que se mueven los personajes de La vida y nada más, cuyo guion se construye después de un concienzudo trabajo de campo entre jueces, profesores y otras gentes de la comunidad del llamado mango de la Florida. Gente, por otro lado, perfectamente consciente de lo que supone la vida en el lado más oscuro del American Way of Life. «La película podía haber sido mucho más dramática, pero yo me sentí con el derecho de hacer algo más optimista, precisamente, por la fuerza que tienen muchas de las personas con las que me encontré», comenta Méndez en este sentido.

Habrá quien sienta la tentación de comparar el planteamiento conceptual de La vida y nada más con el que alimenta el cine documental. Nada más lejos la realidad, sin embargo, porque si bien es cierto que Antonio Méndez Esparza ha renunciado a imponer su visión personal en la historia, sí construye su cine, y concretamente esta película, «a partir de la escucha, de la elección de los lugares donde colocas la cámara, del modo como permites respirar a los personajes, de la decisión de qué aceptas y qué rechazas de la realidad… La película, por ejemplo, toca un tema como es el del encarcelamiento de los padres –nos explica el director–, que yo jamás pensé que tocaría. Es la exposición a la realidad la que al final me obligó a abrazarlo».

Un último y curioso dato: el rodaje de La vida y nada más coincidió con la campaña electoral que enfrentó a Hillary Clinton y Donald Trump por la presidencia de los Estados Unidos, circunstancia que también se refleja, no sin sarcasmo, en un par de secuencias del film. Campaña en ese lugar deprimido y difícil de la Florida, que resultaría decisivo para el triunfo cosechado finalmente por Trump. «Hay mucha desafección política de la población afroamericana –explica Méndez–, y muchos no votaron por Clinton, a la que, desde luego, tampoco veían como su salvadora».

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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