Ana Murugarren: “Me gusta que la película no descanse: ¡Pa-pa-pa-pa!

· 2 de diciembre, 2017

Urbizu, Berger, De la Iglesia… Ana Murugarren atesora una larga experiencia como montadora cinematográfica, y ahora también la va adquiriendo ya como realizadora. Su segundo largometraje de ficción, La higuera de los bastardos, está en los cines desde el viernes pasado, 24 de noviembre. «Todo un ejercicio de funambulismo dentro de la comedia», según nuestra elogiosa crítica, en una película donde brilla la interpretación de Karra Elejalde, Carlos Areces y Pepa Aniorte.

“Es que tengo una carrera un tanto absurda yo, así que este es mi segundo largometraje… digamos comercial, estándar; pero antes, en ficción, he hecho El precio de la libertad, que es una miniserie en dos capítulos; un mediometraje, La dama guerrera, y el documental La vida privada de Javier Krahe. Pero sí, digamos que como largometraje oficial, después de Tres mentiras (2014), La higuera de los bastardos es el segundo; y el mejor, ¿eh? Y no es porque esté yo delante…».

La navarra Ana Murugarren, mujer de risa fácil, es una de las más buscadas montadoras del cine español. Pero también ha recibido ya prestigiosos premios como realizadora por sus escasos pero contundentes trabajos. Desde el viernes pasado, tiene en los cines La higuera de los bastardos, una comedia basada en la novela del bilbaíno La higuera, de Ramiro Pinilla (ganador, en 2006, del Premio Nacional de Narrativa), que juega sin complejos con el absurdo, el surrealismo y el realismo mágico. Karra Elejalde, Carlos Areces, Pepa Aniorte y Ramón Barea son parte del reparto.

Bueno, pues aquí estamos, con el mejor largometraje de su carrera como directora, La higuera de los bastardos. Una comedia que al principio descoloca un poco…
Sí, le pasa a todo el mundo, porque empieza dura.

Karra Elejalde.

¿Por qué quiso hacer una comedia después de un drama social como Tres mentiras?
Todas las películas que he hecho son comedias, incluida Tres mentiras… No, hombre, es broma. Pero es que me sobra el sentido del humor, y coja lo que coja… Hasta Tres mentiras tiene sus momentos en los que la gente se ríe: la parte de las niñas es más dura, pero luego la otra, la de Nora Navas con el policía, es un cachondeo… Y en El precio de la libertad, con todo eso de los etarras, dentro de la gravedad, también te reías mucho. En esta de ahora ya en el texto del que parto están esa socarronería y ese tono de comedia negra surrealista. Pero, claro, había que contar cómo era ese hombre antes [el protagonista que interpreta Karra Elejalde]. Había que empezar por ese primer arranque violento, para luego contrastarlo, porque sin eso no entiendes lo demás.

Lo demás es dejarlo en pelotas para mostrar lo ridículo que es…
[Ríe]. Sí, pero tiene de todo un poco. Aunque comentaba yo con Karra hace un rato que no llega a ser tierno ni con el niño… Es un cascarrabias y un cabrón todo el rato, pero, sin embargo, creo que hemos conseguido dotarlo de un fondo de humanidad, de manera que empatizas con él. Y luego está el otro personaje, que es como el Mister Hyde de Carlos Areces… Increíble.

Y además Carlos Areces imita muy bien el acento vasco con esa dentadura de tiburón…
Sí, pero yo no se lo pedí, ¿eh? A mí me daba igual que pusiera acento de Murcia… Lo hizo porque se sentía más cómodo, y, las cosas como son, queda de puta madre el aldeano este cabrón, pero tan divertido también. Es que las secuencias de Carlos y Karra me parecen espectaculares, delirantes.

Carlos Areces.

Lo que sí tienen en común La higuera de los bastardos y Tres mentiras es una mirada crítica al pasado reciente. ¿Alguna deuda pendiente?
No, no, no sé por qué, ha tocado así. No, yo no quiero reivindicar ni denunciar nada, solo quiero contar historias.

Pero tampoco se corta mucho que digamos. Recuerdo una frase de la película en la que le da un zurriagazo al clero…
Sí, eso es cierto. Mira, es que, aunque no quiero reivindicar nada, como he dicho, lo que pasó, pasó, está ahí, y está en mis genes. El daño que hizo el clero en la guerra y en la posguerra, sobre todo a las mujeres… ¡Por favor! Yo eso no lo perdono. Soy anticlerical a muerte. Pero no me pongas esto de titular, ¿eh?.

¿Por qué rodó en Getxo, por Pinilla?
Ramiro ambienta todas sus obras en Getxo, sí, es su Macondo. Pero nosotros no teníamos ninguna obligación de rodar allí. Lo hicimos, primero, porque nos quedaba cerca, pero es que además fuimos un día allí con los del ayuntamiento, que son gente majísima… Fuimos a ver qué había, y en principio nos encontramos con lo que hay en todas partes, ese choque entre lo viejo y lo nuevo. Pero después vimos que había mucho más, toda una zona rural donde econtramos los caseríos, la campa, las carreteras… Todo, tenía todo lo que necesitábamos para la película, así que estupendo. Palacetes de la burguesía de Neguri no faltan, no.

Pero parece ser que los habitantes se asustaron un poco cuando se encontraron con toda la parafernalia franquista del rodaje…
¡Nada, es que la gente se asusta por nada…! Y además era julio, mira, otra coincidencia. Vieron todo lleno de banderas españolas, porque recreábamos justo cuando acababan de entrar los nacionales en Getxo, y, claro, la gente se asustó. Bueno, se asustó… se quedó como blanca. En fin.

¿Por qué eligió a ese elenco de actores?
Pues a Carlos no lo conocíamos de nada, fue una apuesta de Joaquín Trincado [productor de la película] directamente. Y te confieso que a mí al principio me descolocó y todo. Pero fue como cuando en Todo por la pasta [Enrique Urbizu, 1991] decidió darle el policía cabrón a Antonio Resines, que solo había hecho comedia. Todo el mundo se echó las manos a la cabeza, pero luego resultó una maravilla. Pues con esto pasó lo mismo. Lo de Karra lo tenía claro desde el principio, y lo de Pepa también. No sé, íbamos buscando a los que los papeles les fueran como anillo al dedo y ya está, no hubo que andar preguntando a uno y otro. Y Ramón Barea de cura, claro, ni pintao.

Al niño sí que habrán tenido que buscarlo…
Sí, al niño sí. Entre quinientos que fueron allí a las pruebas. Lo hace muy bien. ¡Y es una ventaja que no tenga que hablar…!

Usted, que ha trabajado con tantísimos directores y sabe tanto de cine, ¿puede decirnos de quién bebe?
Mmmm, es que a mí me gusta mucho tipo de cine, no sabría qué decirte. Bueno, te diría que de Buñuel el primero, porque me flipa. Me gustaría mucho rodar un día algo parecido a lo que hacía él. Pero también, por ejemplo, me encanta Lubitsch. Porque además, como vengo del montaje, me gustan mucho las elipsis, que creo que son algo fundamental en el cine. Y el ritmo. Sobre todo, que la película no descanse, que vaya todo ¡pa-pa-pa-pa! Eso me gusta mucho. No sé de qué fuentes… De todo el cine que hemos visto toda la vida, ¿no? No sé, me tengo que pensar la pregunta, para cuando me la vuelvan a hacer, decir algo más concreto [ríe].

¿En qué anda ahora?
No, ya sabes eso que se dice de que da mala suerte hablar de los proyectos, y es verdad, porque es muy difícil sacarlos adelante. Tenemos tres proyectos encima de la mesa que están buscando financiación, a ver qué pasa. Pero ahora mismo estoy en vender La higuera de los bastardos… Que la gente se entere de que está ahí y vaya a verla, esa es mi mayor preocupación. Véndenos, cuéntaselo a tus amigos y a tu familia.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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