Javier Gutiérrez: “‘El autor’ es un buen retrato de este país con alma de portera”

· 20 de noviembre, 2017

Fotografía: Julio Vergne


Sonaba para irse de San Sebastián con la Concha bajo el brazo, pero se quedó con un puñado de críticas inmejorables y con el Fipresci de Toronto (Canadá), que tampoco está nada mal. El autor, de Manuel Martín Cuenca, es un drama trufado de un sentido del humor negro y afilado, y Javier Gutiérrez es su protagonista absoluto.

Javier Gutiérrez huele a Goya. Y, desde luego, su compañera de reparto Adelfa Calvo. Y la cinta española (con participación mexicana) El autor, en general. Claro está que también olían a Concha donostiarra, pero resultó que no. En cambio, se llevaron el Fipresci en Toronto (Canadá). Nunca se sabe con esto de los premios, que ya se sabe que dependen de un jurado… Lo que queremos decir, en fin, es que algo gordo se llevarían en los Goya don Gutiérrez, doña Calvo y El autor en general, si de uno dependiera la cosa, que, obviamente, no depende.

El autor es la película de Manuel Martín Cuenca llegada el pasado viernes, 17 de noviembre, a las pantallas comerciales españolas. Un drama basado en El móvil, la primera novela del extremeño Javier Cercas, quien no dijo hace poco que los reyes son los padres, pero sí que los independentistas catalanes son los ricos… Mucho habría que matizar. Lo del drama, queremos decir, que sobre lo otro allá cada cual con sus ideas, sus filias y sus fobias. Javier Gutiérrez es el protagonista absoluto de este drama… veteadísimo de humor oscuro y afilado como una cuchilla de afeitar. Javier Gutiérrez, ese actor bajito, sí, pero que no deja ni un resquicio de pantalla libre cuando, en El autor, se transforma en Álvaro, una obsesión andante y al precio que sea por convertirse en un gran escritor.

Javier Gutiérrez retratado por Julio Vergne.

Un papel difícil…
Sí, un papel complejo. Para empezar, porque es un protagonista absoluto que transita por el drama, la comedia, el suspense e incluso por alguna escena terrorífica.

Un reflejo valleinclanesco en toda regla.
Sí, porque creo que es un buen retrato del español, y El autor de este país con alma de portera, ambicioso, egoísta, manipulador… Ese retrato de Álvaro forma parte de muchos españolitos de a pie, queramos verlo o no, nos guste o no.

Se hablaba de El autor como candidata al premio en San Sebastián. ¿Se fueron de allí decepcionados?
Yo no hablaría de decepción, aunque es cierto que salir de San Sebastián con un premio es un gran espaldarazo para cualquier película. Pero también podemos mirar el caso de La isla mínima, que no ganó premios, y fue un taquillazo y una película muy importante para nuestro cine. Además, ganamos ese premio importante en Toronto, en una sección muy exigente y compitiendo con gente tan potente como Guillermo del Toro, Aronofsky, George Clooney… De San Sebastián nos quedamos con el ruido mediático, con las inmensas buenas críticas que ha tenido la película. Salimos muy fortalecidos de allí.

Con María León, su esposa en “El autor”.

Desde ese punto de vista, éxito garantizado: la ha puesto por las nubes hasta Carlos Boyero…
[Ríe]. Desde luego. Son cosas que quizá no tengan tanta repercusión en el público, pero que sí se siguen en el propio mundo del cine.

Háblenos un poco más de ese personaje suyo tan peculiar.
Es un personaje cuya ambición desmedida le lleva hasta un lugar absolutamente insospechado, a cometer actos que ni él mismo puede controlar. Desde ese punto de vista, lo que le ocurre cuando se deja ir cuesta abajo es inesperado y, a la vez, fascinante para él. Yo destacaría que es un personaje con muchísimas ataduras, esclavizado en su vida gris y anodina, de la que finalmente consigue huir.

Lo consigue, pero de aquella manera…
Yo creo que a los personajes no hay que juzgarlos, sino defenderlos. Entiendo muy bien a Álvaro, esa mente que puede ser la de un enfermo, la de un psicópata, pero que, si nos fijamos bien, está rodeado de una fauna tan enferma como él.

Y todos ellos viven un drama cargado de un humor muy muy oscuro…
Es que tú lo has dicho antes, tiene que ver con Valle Inclán, tiene que ver con Berlanga… Es un cine que a mí me lleva a lo mejor y a lo peor de nuestro país.

En el rodaje, con Martín Cuenca.

La película va también sobre el talento artístico, algo en lo que el propio Martín Cuenca ha dicho que no cree. ¿Y usted?
Yo estoy de acuerdo. De hecho, yo disfruto mucho más con el proceso creativo que con el resultado final. El resultado le interesará mucho al espectador, pero el viaje desde la composición del personaje, el ser ese vehículo desde el que guionista y director intentan encontrar una historia, a mí me interesa muchísimo. Me interesa porque me considero un actor creador: me interesa dialogar, opinar, discutir sobre el personaje y la historia, y, desde ahí, aportar mi granito de arena. De manera que sí, estoy completamente de acuerdo con Martín Cuenca. Manolo es, para mí, el mejor director de actores de este país, y ponerse a las órdenes de un tipo como él son palabras mayores, porque sabes que vas a disfrutar muchísimo del viaje. A él no le importa arriesgar, no le importa equivocarse, no le importa caer, porque sabe que se levantará con más fuerza. Y todo eso a mí me lo ha transmitido en el rodaje: su sensibilidad, su pasión, su amor. Y su tremendo sentido del humor.

El autor es una película con personajes tremendos. Uno de ellos, el que interpreta Antonio de la Torre. Todo un jeta que, sin embargo, quizá sea el más sincero de todos…
Sí, es quien enfrenta a Álvaro con la realidad y quien le espolea, pero no cabe duda de que también es otro farsante. En esta película no hay personaje que se salve.

Su Álvaro entra dentro del campo de otros personajes suyos conflictivos, pero a los que prácticamente resulta imposible no querer. ¿Son los papeles o es también su propia imagen personal?
Hay un trabajo detrás. Un trabajo, como decía antes, de no juzgar, de empatizar con los personajes, y de trasladarle al espectador que las cosas no son blancas o negras. A mí me interesa mucho salvar al personaje por muy canalla que sea, porque, ya te digo, hay otras cosas, hay una cara B que defender, y eso lo aporta el actor con su cercanía, con su comprensión. También está escrito en el guion, obviamente, pero luego hay que dotarlo de carne y alma. En este sentido, para mí los ojos, la mirada del actor cuenta muchísimo en el cine. Me interesa mucho lo que esconden las miradas de los personajes, y en el caso de Álvaro está la ambición, la manipulación y todo eso, pero también un ser perdido. Pero es verdad que, al hilo de esto que comentamos, quizá me estoy especializando un poco en interpretar a losers, a perdedores. Puede que por mi imagen, por se un tipo bajito, no especialmente agraciado…, eso quizá ayuda también a que el espectador empatice a primera vista o incluso reconozca al ciudadano medio y a sí mismo.

Javier Gutiérrez y Adelfa Calvo

Siguiendo con el tema, ¿hay un punto de contacto entre el Álvaro de El autor y Jesús, su personaje en Vergüenza, la serie que se estrenará ahora en Movistar+?
Sí tiene que ver también con el quiero y no puedo. Jesús es otro perdedor, un fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones que tiene ínfulas de fotógrafo artístico y que, al igual que Álvaro en El autor, quiere trascender, llegar al púlbico a través del proceso artístico. Pero el argumento ya es harina de otro costal, porque Vergüenza es una comedia ácida, corrosiva, muy políticamente incorrecta. Es un trabajo que, a pesar de la buena salud de que goza la comedia en nuestro país, creo que viene a aportar otro punto de vista, porque no es una comedia amable en absoluto, sino todo lo contrario, muy perturbadora e incómoda para el espectador. Si yo fuera un espectador de Vergüenza, no sabría si engancharme a la serie o apagar el televisor. Si quieres acompañarnos en el viaje a Malena Alterio (que, por cierto, está soberbia en su papel) y a mí en la serie, vas a disfrutar muchísimo con los personajes y con la historia en sí. Hay que decir también que está escrita por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, que son dos maestros de la comedia y dos directores que aportan un punto de vista muy diferente a la comedia española, hasta el punto de que no sé si, incluso, habrá un antes y un después con Vergüenza, pero sí que creo que nunca se ha tratado como con esta serie.

Volviendo a El autor, no se puede dejar de preguntar por dos escenas concretas que incluyen desnudos integrales por su parte y por la de Adelfa Calvo. ¿Fue difícil rodarlas?
Las escenas de sexo y de desnudo suelen ser particularmente incómodas para todos. Y si sucede como en este caso, que hay que poner las pelotas encima de la mesa, literalmente, pues doblemente incómoda. Una cosa es leerlas en el guion y otra traducirlas a imágenes. No, yo no me siento especialmente cómodo, pero también es verdad que de la mano de Martín Cuenca ha sido todo mucho más sencillo y apenas ha supuesto algo especialmente traumático. En esta película ha sido más difícil la desnudez del alma, cosas que me han dado más pudor viendo la película que el hecho de haberme desnudado. Por otro lado, creo que los dos momentos de desnudo son grandes momentos de la película; momentos muy conseguidos desde el punto de vista del guion y de la dirección. En el caso de Adelfa Calvo, además, es algo tremendo, en un momento en el que escasea mucho el trabajo y en el que la invisibilidad de la mujer a partir de los treinta y cinco es enorme, reivindicar el trabajo de actrices grandes como Adelfa. Me parece una grata sorpresa.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


Te puede interesar...