Agnieszka Holland: “Soy pesimista: la frustración y el odio crecen en el mundo”

· 13 de noviembre, 2017

Fotografía: Jacek Poremba


La multipremiada realizadora polaca Agnieszka Holland acaba de estrenar Spoor (El rastro), una adaptación de la novela homónima de Olga Tokarczuk, protagonizada por Agnieszka Mandat-Grabka (mejor actriz, ex aequo, en Valladolid), donde se narra el enfrentamiento de una excéntrica mujer jubilada con todos los estamentos del poder en un pueblecito de la frontera checo-polaca. La caza funciona como detonante de los conflictos.

 

“Duszejko es una excéntrica mujer que vive en un pueblecito de montaña en la frontera checo-polaca. Un día, sus queridos perros desaparecen. Meses después, Duszejko descubre el cadáver de su vecino, un cazador furtivo. Con el paso del tiempo, aparecen más muertes espeluznantes. Las víctimas, todos cazadores, pertenecen a la élite del pueblo. Duszejko tiene su propia teoría: los asesinatos los han cometido animales salvajes”. Esta es una breve sinopsis de Spoor (El rastro), la película de la prestigiosa realizadora polaca Agnieszka Holland que llega hoy a los cines. La cinta, basada en la novela homónima de Olga Tokarczzuk, ganó el premio Alfred Bauer en la Berlinale 2017 y el premio a la mejor película en el Fantasia Film Festival 2017, además de haber sido nominada en otros certámenes.

La prestigiosa realizadora Agnieszka Holland (tres de sus películas fueron nominadas a los Oscars), que empezó su carrera como asistente de dirección de Andrzej Wajda y de Krzysztof Zanussi, ha dirigido igualmente a muchos capítulos de algunas de las series más populares de los Estados Unidos, como The Wire, Treme, The Killing, o House of Cards.

¿Qué le llamó la antención de la novela de Tokarczzuk?
Amo los libros de Olga Tokarczuk, pero la mayoría de ellos son tan complejos y tienen tantas capas que era prácticamente imposible trasladarlos a la pantalla. Spoor era el más simple desde este punto de vista, con una trama clara y de suspense, y con un personaje principal muy marcado. Fue toda una ilusión: cuando comenzamos a adaptarlo con Olga, tuvimos que enfrentarnos a dificultades increíbles y pasar por intentos y versiones interminables. Me interesaba el mensaje principal: la situación de los más débiles y olvidados (animales, mujeres, ancianos… Los derechos pisoteados ​​por el poder brutal) en nuestro mundo. También queríamos jugar con diferentes géneros, y esto fue un desafío interesante para mí, ya que antes solía hacer películas donde el estilo y el género estaban claramente definidos. Debido a esta mezcla de géneros, muchos distribuidores y financiadores no sabían por dónde coger el proyecto. Pero yo les dije: «Se supone que es un thriller anarquista, feminista, ecológico, con los elementos de la comedia negra y el cuento de hadas…». ¡Y eso ayudó!

La historia denuncia la injusticia y la crueldad en el pueblo de la señora Duszejko. E imaginamos que, por extensión, en Polonia y en el mundo en general. ¿A usted qué le duele más de esta época en la que vivimos?
La falta de empatía, solidaridad, curiosidad; la falta de cuidado por otras personas, la naturaleza… No es algo específicamente polaco, por mucho que el Gobierno actual y sus medios acusen a Spoor de ser antipolaca, anticristiana e izquierdista… Cuando Olga escribió su novela y cuando hacíamos la película, los liberales de Donald Tusk gobernaban todavía el país, y, en general, no fueron muy activos contra la ecología, los derechos de las mujeres, o las reglas democráticas. Pero después del cambio político las cosas comenzaron a cambiar rápidamente. Digamos que los cazadores de la película bajaron de la pantalla y ocuparon posiciones importantes en el actual Gobierno polaco. La ecología y los derechos de las mujeres han sido las primeras víctimas del nuevo régimen, de manera que una historia provocativa como esta se convierte, a nuestro pesar, en un verdadero manifiesto político. Pero la lucha de los débilies contra el poder brutal, cínico y egoísta es global, así que nuestra película ha sido relevante y comprensible en todos los países donde se ha proyectado hasta ahora.

¿Tenemos esperanza de mejorar y salvarnos?
Soy discretamente pesimista. Los problemas sobrevenidos con la modernidad (globalización, cambios de género, revolución informativa y tecnológica, peligros ecológicos, imposibilidad de resolver problemas globales por la clase política internacional y los crecientes problemas migratorios) cambiaron tanto nuestra capacidad de entender y gobernar el mundo que el populismo y las soluciones egoístas parecen atraer a cada vez más personas. La vacuna de la II Guerra Mundial y la experiencia del Holocausto se evaporaron, y la frustración y el odio entre las personas y las naciones están creciendo. La crisis de la democracia liberal está siendo abordada por peligrosos demagogos narcisistas que toman el poder en más y más países.

Hay en la película algo muy polémico: Duszejko se toma la justicia por su mano. ¿No la despoja de ese modo de toda fuerza moral?
Duszejko representa la figura del vengador. Esta figura existe en la mitología, en la literatura y el cine. No es una solución realista, es una especie de fantasía de la venganza, como en algunos westerns. El cine, el arte en general, crea espacios de libertad, donde podemos provocar, sobrepasar los límites, blasfemar… Queríamos mostrar la belleza y el poder, pero también el peligro de la ira. La ira es como el fuego: puede encenderse y calentar, pero también puede quemar y destruir.

Los representantes del poder siempre pronuncian mal el nombre de Duszejko. ¿Cuál es la importancia de los nombres y las palabras?
Las palabras están perdiendo importancia en el mundo de la postverdad. Pero todavía creo en su importancia. La situación en la que los hombres de poder son incapaces de recordar el nombre de Duszejko muestra cuán insignificante es esta anciana para ellos, qué poco importante es su mensaje, su causa, la causa de su impotencia.

La historia ofrece también una posición muy crítica contra la Iglesia católica. ¿Cómo influye la institución en la situación actual de Polonia y cuál es su posición al respecto?
Todo el diálogo del sacerdote está inspirado en la realidad. Tampoco esa actitud desdeñosa y arrogante es atípica entre gran parte del clero católico en la Polonia contemporánea. Muchos sacerdotes cazan. Muchos olvidaron el mensaje del Evangelio. En mi opinión, gran parte del clero en mi país no es sensible a los valores cristianos. A veces esta Iglesia me parece una especie de secta.

¿Tiene alguna esperanza de ganar por fin el Oscar con Spoor?
No lo sé. Fue un año bueno y tranquilo para el cine, especialmente para el cine europeo, y la competencia es fuerte. Además, Spoor es una película controvertida (era parte de nuestro objetivo). A muchos les encanta, pero otros no pueden entenderla ni aceptarla. De todos modos, el Oscar no es mi objetivo; mi objetivo es llegar a las personas, a los corazones y las mentes.

Trabaja usted en muchas series de éxito. ¿Qué opina de esa opinión que defiende que el mejor cine actual está en las series de televisión?
La popularidad de las series de televisión innovadoras y ambiciosas es la respuesta a algunas necesidades importantes. La necesidad de la dimensión épica de las historias y la necesidad de historias atractivas, pero también complejas y originales; el cine del medio, tan poderoso en los años sesenta, setenta, ochenta, de repente desapareció y dejó un espacio vacío entre los efectos especiales de entretenimiento familiar y las películas exclusivas para festivales. Las series llenaron este vacío.

¿Puede adelantarnos algo de Charlatan y otros proyectos?
Charlatan es uno de mis próximos proyectos cinematográficos, ambientado en la Checoslovaquia del siglo pasado. Pero probablemente rodaré antes la coproducción europea Gareth Jones, sobre la hambruna provocada por Stalin en la Ucrania de los años treinta, y del joven y valiente periodista británico que intentó contar la verdad sobre los millones de víctimas ante el olvido y la indiferencia del mundo político y mediático de la época. Una historia muy relevante hoy en día, desafortunadamente.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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