Marcel Gros: “El payaso no tiene vergüenza de nada, ni de morir ni de resucitar”

· 8 de noviembre, 2017

La Mostra Internacional de Pallassos i Pallassas de Xirivella, cuya 24 edición ha empezado el lunes, día 6, contará con un cierre de lujo el próximo domingo, día 19: La actuación del popular clown Marcel Gros, que presentará su espectáculo UniversArios, para público familiar a partir de tres años

La Mostra Internacional de Pallassos i Pallasses de Xirivella celebra su 24 edición del 6 al 19 de noviembre. El artista que cerrará la programación de este año será el popular clown Marcel Gros, que viene al festival con su espectáculo UniversArio, concebido para público familiar a partir de tres años. UniversArio es «un pequeño universo de vocales que se transforman en arquitecturas y paisajes, donde habita un curioso personaje al que le gusta soñar despierto, jugar con las palabras y los objetos, y transformar la realidad a base de risa e imaginación. Es Marcel, que siempre está en las nubes, y solo toca de pies en el suelo para darse impulso y volar en órbitas excéntricas como si de un satélite se tratara. Marcel, un presentador impresentable, un mimo parlante, un concertista desconcertante, un ilusionista desilusionado…». Un clown.

¿Qué es un clown?
Yo creo que el clown es un poeta. Y la poesía tiene muchas fachadas. Por ejemplo, puede hacerte reflexionar sobre esta vida actual, en la que tienes cuatro millones de amigos y no conoces a ninguno. Al respecto, yo siempre doy un consejo: Coja el móvil, póngalo en modo avión, tírelo por el balcón, y si no vuela, reclame. Los bufones medievales hacían reír al rey atacándolo un poco. Yo no, yo me ataco a mí mismo, ataco la condición humana, para hacer reflexionar a la gente explicándole cómo somos. Y cuando la gente empieza a reírse de sí misma, es cuando la cosa funciona.

O sea, que su espectáculo es un espejo.
Sí, hasta el punto de que cuando el público aplaude, se está aplaudiendo a sí mismo, a esa especie de espejo deformante en el que ven su propia caricatura.

Y lo hace con elementos minimalistas. ¿El universo entero está en lo más pequeño?
Desde luego. Yo siempre intento dar el máximo con lo mínimo. Eso es lo que me enseñaron los grandes poetas y, por ejemplo, alguien como el gran Marcel Duchamp, que te enseñaba que todo el mundo que sepa mirar es un artista. Yo hago una parodia del mundo del espectáculo, y también del espectáculo del mundo, de manera que todo termina mezclándose en el escenario.

Viene a Xirivella su espectáculo UniversArio. ¿Ario…?
[Ríe]. ¡No, quítate eso de la cabeza, que no va por ahí la cosa! UniversArio es una recopilación. Consiste en poner todo mi pequeño universo sobre el escenario. Todos mis personajes: el músico, el mago, el showman, el titiritero… Y jugar con ellos a hacer espectáculos como si fuese un niño. Porque el payaso no deja de ser un niño que se pone delante de la gente para que le quieran, ese niño que se pone simpático para que le compren el Scalextrix. Con la misma seriedad que juega un niño me subo yo al escenario.

Porque ya se sabe que el humor es algo muy serio…
Claro. Yo nunca me tomo en serio a alguien que no tenga sentido del humor. El sentido del humor no es el sexto sentido, como dicen algunos, es el primero. Con sentido del humor, la primera comunicación con el otro es la sonrisa; la sonrisa provoca siempre buenas vibraciones; con las buenas vibraciones piensas positivamente y te relajas, y así te enfrentas a los problemas de otra manera.

¿Y la nariz roja. Qué es y para qué sirve?
Es la máscara más pequeña del mundo. Una máscara que, en vez de esconderte, amplifica tu expresividad y tu humanidad. La nariz roja es lo que queda de la máscara del Arlequín, que tenía una pequeña verruga roja en la frente, que la gente decía que era lo que quedaba del cuerno del diablo. Esa pequeña verruga fue bajando hasta ponerse en la nariz, y ahí crea todo un universo en tu cara, que te permite comunicarte con la gente dentro de un cierto código: La gente ya sabe que cuando llevas la nariz roja vas per feina [estás trabajando].

Y si un payaso se la quita en el escenario, ¿qué queda?
Un payaso sin nariz roja. Yo entro sin nariz. Me la pongo allí mismo, luego me la quito… Que el público vea que ahí hay una persona normal y corriente, no un marciano. Una persona con un oficio muy especial, que consiste en contar historias para que ellos se rían. Y el reír lo engloba todo: la carcajada, la sonrisa, la risa sutil, la más bestia… El payaso es la humanidad. El payaso no tiene vergüenza de nada: ni de reír, ni de llorar, ni de morir, ni de resucitar… En un escenario, con una pequeña cosa, el payaso es capaz de enseñarte el universo. Pero no es nada fácil, necesitas la mitad del espectáculo para conectar.

Siendo el payaso un ser sensible que mira el mundo para después transformarlo, sufrirá lo suyo.
Evidentemente. A mí el mundo ya no me hace reír. Se necesita mucho tiempo para buscar cosas que puedan transmitir buenas vibraciones y que conviertan el espectáculo en algo especial, en una especie de oasis dentro de este mundo impersonal y que nos lleva por caminos de incomunicación máxima.

¿Y el público qué es para usted?
No hay nada más tonto que un tonto haciendo tonterías solo. Así que el público es lo imprescindible para que no vengan a buscarme y me lleven a un lugar donde ustedes sólo podrían venir a verme los domingos. Cuando trabajas, siempre piensas que habrá público. Porque además el payaso no tiene texto que leer para que aquello se aguante. Al payaso hay que verlo, y las cosas que hace valen tanto como el propio payaso. Por eso son todos diferentes. Si yo me vistiese como Charlie Rivel y quisiera hacer lo mismo, no le llegaría ni a la suela de los zapatos. Tengo que hacer lo que me sale a mí. Tú no eres el personaje, eres tú mismo.

No tiene escritura, pero en su caso sí tiene objetos.
Sí, porque yo no quiero estar solo en escena. Necesito buscar algún partenaire, un compañero. Y los compañeros son las palabras, los objetos y, directamente, el público.

¿Un mensaje para quien lea esta entrevista?
Que vengan a ver el espectáculo, porque, como decía mi abuelo, cuantos más seamos, más reiremos. No hay nada más sano, nada que te haga sentirte mejor que la risa en compañía.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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