Hovik Keuchkerian: “Después saldrá peor o mejor, pero yo, si me gusta como huele, voy”

· 30 de octubre, 2017

Fotografía: Ramón Jiménez


Excampeón de los pesos pesados de boxeo, cómico en la Paramount Comedy, escritor… El actor Hovik Keuchkerian llega al Teatro Rialto de València con su debut dramático, Un obús en el corazón, un exitoso monólogo adaptado y dirigido por Santiago Sánchez (L’Om Imprebís) a partir de una novela de Wajdi Mouawad.

Hovik Keuchkerian, actor. ¿Actor? Pues sí. Y también exboxeador (fue dos veces campeón de España profesional de los pesos pesados, aunque empezó jugando al baloncesto y pasó también por el kick boxing), cómico monologuista de la Paramount Comedy, escritor… y ya veremos más adelante. Porque, como dice el propio Keuchkerian, «yo, si me gusta cómo huele, voy. Después ganaré o perderé, pero, si me gusta, yo voy».

Por ahora, Hovik Keuchkerian gana por KO, como hizo en quince de sus dieciséis combates profesionales sobre el ring (perdió uno). Su primera incursión en el teatro dramático, el «teatro teatro», como él dice, es todo un éxito desde que se estrenó en la ciudad asturiana de Avilés, en noviembre de 2014. Se trata del monólogo Un obús en el corazón, un texto de Wajdi Mouawad, también nacido en Líbano, como Keuchkerian, huidos ambos de su país, en brazos de sus padres, a causa de la misma guerra, Keuchkerian a España, Mouawad a Francia, primero, y después a Canadá.

Un obús en el corazón es, concretamente, un extracto de la novela Cara reencontrada, traducido, adaptado y dirigido por el valenciano Santiago Sánchez (L’Om Imprebís). Permanecerá en el Teatro Rialto del 2 al 12 de noviembre,y así reza el texto que lo promociona: «Una llamada de teléfono en medio de la noche. Alguien, al otro lado de la línea, dice ‘‘ven’’. Wahab sale. Una ciudad extraña le espera. El frío le hiela las pestañas. Recuerda el calor de su país. ¿Quién ha telefoneado? ¿Qué está a punto de pasar? Aunque puede ser que, para Wahab, todo comenzó cuando tuvo que abandonar su país, el calor, el día que olvidó la forma del rostro de su madre… el día que un obús le perforó el corazón».

Keuchkerian retratado por Ismael Souissi. Foto cedida por Trama Films

Su primer trabajo en el «teatro teatro». ¿Cómo y por qué le eligió Santiago Sánchez para Un obús en el corazón?
Santiago es un enamorado de la obra de Wajdi Mouawad. Cuando leyó el texto, lo tradujo y lo tuvo cinco años metido en un cajón porque no encontraba al actor. Un día, cuando a mí me acababan de nominar al Goya como actor revelación [2014, por Alacrán enamorado, de Santiago A. Zannou], Santiago escuchó en un taxi una entrevista que me hacían en la radio. “Nacido en Líbano, de padre armenio y madre navarra, exboxeador, cómico, poeta… Y encima te oí -me dijo Santiago-. Oí esa voz, esa forma de contar que tienes, que no contestas como un actor al uso, sino lo que crees que tienes que contestar…“. Al llegar a casa, se puso en contacto conmigo y me envió el guion. Yo lo leí, y a las dos semanas le dije que no sabía cómo iba a hacer aquello, pero que lo hacía. Hasta hoy.

También es su primer trabajo dramático dirigido por otra persona, porque en los monólogos cómicos usted guisaba y usted comía…
No tenía prácticamente formación. Cuando hice Hispania (Hispania, la leyenda, serie de Antena 3 TV cuya primera temporada, de las tres que ha tenido, empezó a emitirse en octubre de 2010. Keuchkerian interpretó a Sandro, cuñado y amigo de Viriato), que fue el primer trabajo que me salió, me pusieron una coach que se llama Raquel Pérez, y que para mí es como mi gurú personal. Ella me transmitió su forma de entender la interpretación, que yo cogí inmediatamente porque me parece muy práctica. Y, bueno, entre eso, lo que he ido aprendiendo de todos los compañeros con los que he trabajado, más lo que el maestro Santiago Sánchez me lleva enseñando desde hace tres años, y añadiendo mi instinto y mi forma de ver las cosas, pues sigo trabajando así. Ni he ido a una escuela ni tengo intención.

Habrá sido duro…
Fue muy duro al principio, porque ya no era yo mismo en el escenrio. Tenía que ser Wahab, el protagonista, en cuatro edades diferentes como narrador y con nueve o diez personajes. Además, era la primera vez en mi vida que trabajaba con un director de teatro. Fue todo un proceso, que continúa hoy, aunque ya estamos en un punto en el que conozco muy bien la obra y vuela. La conozco, pero me sorprende cada vez que la hago. No sé, es un viaje muy difícil de describir con palabras.

Hasta hoy, lleno de éxito. Pero habrá habido también momentos menos dulces…
¡Bueno! Los dos primeros meses con Santiago yo llegaba a mi casa y no entendía nada. No entendía lo que me decía. Yo soy cómico, así que al principio empezaba a decir el texto y resultaba hasta gracioso, porque además tengo mucho humor en mi vida, me río mucho. No, no me encontraba, no encontraba el camino… Pero un día, no sé, pasó algo. Santiago dijo: “Por ahí”. Y por ahí, por ahí, por ahí… También tuve un momento en los Teatros del Canal, cuando hice cinco semanas seguidas, seis días por semana… ¡Eso fue un viaje!, porque hay momentos que directamente no recuerdo. Cuando me quería dar cuenta, ya tenía que subir al escenario otra vez. Es un texto muy duro, y cuando terminé esas cinco semanas parecía un viejo. El primer lunes después de terminar no podia levantarme de la cama, algo que no me había pasado nunca. Me pegó un hachazo que me dejó tres semanas… No, no me había pasado nunca, es un trabajo muy duro, de mucha responsabilidad.

¿Cómo vive la obra en escena?
Es una maravilla. Sabes que vas a estar hora y media en el escenario, sin red, teniendo que mantener un nivel de intensidad altísimo para que la gente entre. En un monólogo como este, lo que el espectador llegue a ver tengo que trabajármelo yo. Tengo que crear absolutamente todos los espacios, todas las atmósferas de lo que está viviendo el narrador y los personajes. Si yo lo veo, el público entra, que es lo que está ocurriendo. Me siento muy afortunado y muy privilegiado de que Santiago se fijara en mí para hacer Un obús en el corazón.

¿Qué nos dice la obra?
Prácticamente, lo que dice el título. Mouawad utiliza la guerra, el cáncer de su madre, el que lo sacaran de un lugar maravilloso como era el Beirut de aquella época… La obra arranca con una llamada de teléfono y Wahab va… no sabemos adónde ni lo que va a ocurrir. En el camino, va haciendo flahsbacks y, con la excusa de la guerra, habla de los miedos que tenemos, de superar los traumas, de resurgir, de renacer. Porque la obra es muy muy dura, pero, en mi opinión personal, es un grito de esperanza.

¿Y después del Obús qué?
No pienso en después, sino en además. No está todavía clara la cosa, pero queremos meterle mano a otro texto para poder simultanearlo con este. Porque yo tengo intención de trabajar con Santiago. Me ha enseñado muchas cosas, pero, como buen maestro, se aguarda algunas, así que habrá que buscar algo para seguir aprendiendo todo lo que me falta todavía. A nivel profesional, desde luego, me gustaría seguir haciendo teatro si el público responde. Tengo el teatro como absoluta prioridad, aunque, bueno, ya sabes cómo funciona este negocio: si te llaman y los proyectos que te ofrecen están más o menos bien…

Usted no se corta mucho a la hora de trabajar en diferentes cosas…
No, yo siempre digo lo mismo: Si me gusta como huele, voy. Después saldrá mejor o peor, pero yo voy. Si no hubiera sido así, no habría sido boxeador, no escribiría, no sería cómico… No haría el ochenta por ciento de las cosas que hago. Pero bueno, ahora estoy en el teatro con los cinco sentidos.

Había dos películas por ahí…
Una la estrenamos el sábado en Albacete, El Club de los buenos infieles [comedia escrita y dirigida por Lluís Segura]. Ha tardado mucho en ver la luz y no va a salas, está la cosa muy complicada. La otra es Reevolution, que la hicimos más o menos al mismo tiempo [thriller de acción escrito y dirigido por David Sousa Moreau, con Fele Martínez y Gorka Otxoa en el reparto]. Está también girando por festivales en el extranjero, porque está hecha en inglés. También hay otra cosa que hice para la BBC, la serie The Night Manager, de Susanne Bier. Fue el motivo por el que tuvimos el parón con el Obús, esta serie y la película Assansin’s Creed (Justin Kurzel, 2016).

Y no tiene más cosas en perspectiva.
No, estoy completamente centrado en el Obús. Y estoy tranquilo, que es una cosa que me cuesta, ¿sabes? Me cuesta bajar vueltas, relajar la cabeza, porque yo me puedo comer la cabeza con una cosa importante que me esté pasando o con la gilipollez más grande del mundo. También escribo, pero como escribo yo, desconectado. Escribo versos, que luego junto, pero sin ninguna intención concreta de publicar, por ahora. Pongo pensamientos en el papel, lo mismo un poema, que una canción…

Permítame recordar aquel momento en el que dio un giro de 180 grados a su vida, el día en el que dejó el boxeo… al parecer de forma un tanto traumática.
Sí, porque acabé cansado del mundo del boxeo. Fue una carrera complicada, con mucho dinero de por medio, que ponía yo además, porque era el promotor. La última vez que subí al ring, en realidad no quería subir, quería irme a mi casa. Aun así, después hice otra intentona. Lo cuento en uno de mis libros, que el día que terminé de correr a las seis de la maána se acabó y no he vuelto a entrenar. Yo lo único que necesito para emprender un proyecto es creérmelo, pasión, tener la necesidad de hacerlo. Si tengo eso, yo pongo el ciento por ciento y después saldrán las cosas como sea, pero en el caso del boxeo, si tienes el cuerpo dentro del ring y la cabeza fuera, lo único que puede ocurrir es un accidente. Entonces dije “se acabó”. Cuando persigues un sueño mucho tiempo, el daño no viene cuando lo dejas, sino el día después, cuando estás en casa y te preguntas “ahora que hago yo con mi vida”. Ya estoy en paz con el boxeo, le pego al saco de vez en cuando y ya.

Más curiosidades. Cuando usted hizo Justi&Cía (2014), dijo que le gustaría que la película recaudara al menos unos modestos 500.000 euros porque el director, Ignacio Estaregui, había sido muy honrado con su trabajo, que le había costado mucho esfuerzo, pero había pagado a todo el mundo. ¿Sábe cuanto recaudó finalmente?
Sé que la sigue pagando, o sea que no te digo nada…

No llegó a sesenta y un mil euros.
Pero cómo va a llegar con 40 copias…

¿Cómo ve este mundo del cine en España?
Es un mundo que está montado de tal manera que funcionan siempre los mismos. O entras en ese engranaje o lo tienes muy difícil, no existes. Y está todo montado de tal manera que tiene que ser así: tú tienes que tener el proyecto, el distribuidor (para tener el distribuidor necesitas una televisión, y para que entre una televisión tienes que ser alguien que ya ha hecho algo de cierta relevancia, porque si no…). Pero luego llega un chaval como Estaregui, con dos cojones, hace una película y tres años después la sigue pagando. ¡Y se ha embarcado en la segunda!

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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