Benjamin Dickinson: “La tecnología no es ni buena ni mala, depende del uso que se le dé”

· 24 de octubre, 2017

Benjamin Dickinson dirige y protagoniza su segundo largometraje, Creative Control, una suerte de sátira existencial rodada principalmente en blanco y negro, en la que aborda críticamente los conflictos y la alienación que provoca en nosotros el mal uso de la tecnología.

El segundo largometraje (el primero, First Winter, de 2012, no se estrenó en España) del californiano Benjamin Dickinson, Creative Control, llega hoy, viernes, a los cines. La película es una producción indie que narra una historia que transcurre en un futuro incierto pero muy cercano, y que aborda críticamente la conflictiva y alienante relación de los seres humanos con la tecnología y los universos virtuales que esta pone a su alcance. En Creative Control, David (el propio Dickinson es el protagonista del filme) mantiene una convivencia difícil con su novia en Brooklyn (Nueva York), donde trabaja en una empresa de publicidad y tecnología. Su misión inmediata consiste en investigar el proyecto Augmenta, unas gafas inteligentes, capaces, entre otras cosas, de crear copias virtuales idénticas a la gente de carne y hueso. Eso es, precisamente, lo que hará David con Sophie, una de las parejas de su mejor y mujeriego amigo, con la que mantendrá relaciones en el universo de la realidad aumentada.

Benjamin Dickinson, que habla para Urban desde Los Ángeles, confiesa que la idea de Creative Control le sobrevino, como otras, a través de una imagen. En este caso, la de «una pareja manteniendo relaciones sexuales en la posición del perrito. En un momento determinado -afirma Dickinson-, el hombre se detiene, coge su móvil y fotografía la escena. Es actor y público a la vez, y, por supuesto, nosotros, los espectadores, somos también observadores mientras él se observa a sí mismo. Esta abstracción del deseo es el tema principal de la película, en la que los personajes viven la moda y la tecnología, el lugar donde el deseo se fabrica, se empaqueta y se vende caro. Viven sus vidas y se relacionan entre sí desde detrás de sus pantallas. Todo parece maravilloso, pero falta algo… ¿He dicho ya que Creative Control es una comedia?».

¿Comedia? Sí, la película, aunque no de forma absolutamente evidente, está llena de humor. Pero, a la hora de calificarla, se podría hablar también perfectamente de un drama de ciencia ficción. ¿Qué dice usted? ¿Y, ya de paso, por qué decidió introducir en su tratamiento ese tipo de humor que raya con la sátira?
Si tengo que calificar la película de alguna manera, diría que es una ficción especulativa. En cuanto a la combinación del drama con el sentido del humor, es cuestión de estrategia. Se trataba de lograr que la película progresara, y sin el humor creo que eso no habría sido posible porque sería demasiado pesada. La gente es muy egoísta, está inmersa siempre en sus propios problemas, de manera que me parecía que sin sentido del humor la película resultaría inaguantable.

En Creative Control, la tecnología pone de manifiesto, y de forma muy evidente, la alienación que sufren los protagonistas. ¿Opina usted que esa tecnología es la causa de esa alienación o, por el contrario, se debe a problemas existenciales preexistentes en los individuos?
Yo no creo que el problema sea la tecnología, sino factores previos de la condición humana. La tecnología es algo neutral, aunque sí es cierto que magnifica las circunstancias humanas, tanto las buenas como las malas. No, no es ni buena ni mala en sí misma la tecnología, todo dependerá del uso que determinadas manos hagan de ella, como puede suceder con el capitalismo. Nos inducen a pensar que con la tecnología el mundo será mejor, pero eso también encierra el peligro de caer en una utopía peligrosa, porque la gente puede terminar queriendo vivir en una fantasía y dándoles la espalda a los defectos que le son inherentes al ser humano.

Toda su película está rodada en blanco y negro, excepto las partes que, precisamente, se corresponden con el mundo virtual. ¿Está advirtiéndonos del peligro de caer en una confusión entre uno y otro universos, o, peor todavía, en una sustitución del uno por el otro?
Efectivamente. Hemos llegado a un punto en el que la gente puede estar en plena naturaleza y ser incapaz de apreciar toda la belleza que hay a su alrededor, de no mirarla siquiera, mientras se sumerge en las imágenes falsas que le ofrece su teléfono móvil. Cuando eso ocurre, indica claramente que no estamos viviendo la realidad, el presente. Cuando en Creative Control aparece el avatar de Sophie, lo hace en color, igual que sucede en la interfaz de usuario de Augmenta. Pensé que era una manera interesante de utilizar la estética para mostrar cómo la tecnología nos resulta mucho más real y cómo nuestros mundos virtuales nos resultan más atractivos.

Una característica común de los personajes de Creative Control es que, pese al mundo en el que viven, al que en principio aspiraríamos casi todos, no son felices. Algunos de ellos recurren al yoga como búsqueda de la paz interior, pero también fracasan. ¿Dónde cree usted que debemos buscar la felicidad?
Esa es la gran pregunta. No lo sé. Yo creo que es muy importante estar conectado a las personas y al mundo, pero esto también tiene consecuencias que no son positivas. La conexión con los demás y con el entorno, la empatía, puede hacernos felices en muchos momentos, pero también puede hacernos muy infelices en otros. En este sentido, yo creo que el yoga es una técnica que nos sirve para facilitar esa conexión, sin la que, de cualquier manera, la felicidad es imposible.

Usted ha dirigido y protagonizado la película. ¿Qué tal ha resultado la experiencia?
Terrible. Fue una experiencia terrible que no quiero repetir. No estaba preparado para asumir ese trabajo. Hay que combinar las emociones del actor con el análisis del director, y esto es muy complicado. No, no sé si volvería a protagonizar una futura película mía.

Qué será…
Estoy trabajando en un proyecto mucho más grande que Creative Control. Se desarrolla en un mundo en el que la gente lleva chips implantados en el cerebro, de manera que el mundo verdadero y el falso se confunden.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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