Assumpta Serna: “En España no sabemos apreciar lo que tenemos”

· 23 de octubre, 2017

Fotografía: Sergio Lardiez


Assumpta Serna es, seguramente, la actriz española más internacional y trabaja mucho más fuera que en España. Sin embargo, ahora llegan aquí tres títulos suyos. El primero lo hizo ya este pasado viernes, día 20 (antes, concretamente el día 10, se estrenó en Roma). Se trata de Red de libertad, película en la que interpreta a la monja protagonista, sor Helena Studler.

Como Fernando Rey en su día, Assumpta Serna es uno de esos casos que evidencian lo injusta que es a veces la industria cinematográfica española con el talento autóctono. Actriz de indudable prestigio internacional, la barcelonesa, miembro del Comité Ejecutivo de la Academia de Hollywood, no ha dejado de trabajar nunca en el extranjero (habla seis idiomas), al tiempo que en su propio país, paradójicamente, apenas le ofrecían papeles. Pero el maleficio se ha roto. Assumpta Serna irrumpe de nuevo en las pantallas españolas protagonizando la película Red de libertad, de Pablo Moreno, mientras que esperamos otros dos títulos, la comedia rodada en Los Ángeles ¡He matado a mi marido!, de Francisco Lupini-Basagoiti, y el drama de raíz lorquiana Bernarda, de Emilio Ruiz Barrachina. En Red de libertad, Assumpta Serna incorpora a Helena Studler, una monja de las Hijas de la Caridad que, durante la II Guerra Mundial, salvó a miles de refugiados franceses de la garra de los ocupantes nazis, entre ellos, personajes tan ilustres como François Mitterrand.

Repite en el papel de monja después de mucho tiempo, porque hace ya veintisiete años que intepretó el personaje de Juana Inés de la Cruz en la producción argentina Yo, la peor de todas, dirigida por María Luisa Bemberg.
Sí, sí, las dos emblemáticas. Monjas muy distintas y tratadas de un modo muy diferente, en un caso dirigida por una mujer y ahora por un hombre. Pero, efectivamente, las dos fueron heroínas en su propio tiempo, una en el siglo XV y otra en el siglo XX.

¿Qué nos puede decir del personaje de esta heroína del siglo XX, la hermana Helena Studler, que interpreta en Red de libertad?
Pues me da un poquito de vergüenza decirlo, pero es el personaje con el que más me he identificado de toda mi carrera. Es un personaje que va busca la generosidad, la transparencia y, en definitiva, una serie de valores que me ha costado poner en otros personajes, pero que he podido poner en este. Es un personaje que busca hacer el bien, que es algo que a mí me toca mucho. Mi representante siempre me dice que soy una monja, que siempre busco contemporizar y procuro que nunca llegue la sangre al río. Aunque, bueno, a veces también me enfado, lo cual también está en esta monja, Helena Studler, que, como es lógico, tiene sus prontos… Es un personaje interesante, que yo he intentado hacer lo más complejo posible.

Algo nada fácil de conseguir a veces, y en concreto cuando se trata de biografías…
Sí, porque hay que explicar toda una vida en muy poco tiempo y siempre se corre el riesgo de hacer hincapié en unas cosas y olvidar otras. Nosotros hemos intentado reflejar todo lo que ella estaba haciendo, de manera equivocada o no, para lograr su objetivo de salvar a toda aquella gente. Al decir de manera equivocada o no, me refiero a que tuvo que mentir y hacer algunas cosas que quizá no cuadran demasiado con la personalidad de una monja. Pero al final, bueno, lo suyo eran mentiras blancas y el resultado fuye que salvó a dos mil personas. En la vida hay que saber dónde estás en cada momento, y ella lo supo: luchando desde la sombra por lo que creía que era justo. Y no solo eso, sino que también supo morir.

¿Conocía usted al personaje antes de hacer la película? Y, yendo un poco más allá, ¿podemos preguntarle si tiene alguna inclinación religiosa, o al menos espiritual?
Hombre, yo creo que todos tenemos alguna inclinación espiritual. Realmente, en tu vida, al cabo de un tiempo, ves que también te tienes que dedicar a los demás, que todos nos morimos… Yo lo he hecho a través de mi fundación y de mi escuela. No hay una sola manera de hacer las cosas, puede ser a través de la religiosidad o puedes coger otros caminos. Yo creo en la transparencia, en el diálogo, en la paz… Creo en muchos de los valores que también tiene la Iglesia, aunque es cierto que a veces los olvida e incluso los pisa. En realidad, creo que no importa demasiado el uniforme que vistes, sino tus acciones, y este es un momento capital para aplicar ciertos valores, como los del diálogo y el entendimiento. Por eso también, aunque siempre es oportuno recordar los valores que muestra la película, me parece que Red de libertad llega en un momento especialmente necesario. Tenemos que movernos por amor, por generosidad. Quizá, en este sentido, haya quien crea que esta película en un poco naíf, pero a mí me parece que no, que todos tenemos que luchar por un mundo mejor, sea a través de Dios o de los valores estrictamente humanos.

¿Le costó mucho construir el personaje?
Mira, yo tuve una tía abuela que también era monja de la Caridad. Mi abuela, en tiempos de la guerra, fue a buscarla a Yecla, porque era zona roja. Pero cuando fue a buscar a su hermana se encontró también con otra monja que no sabía dónde ir. Total, que se llevó a las dos con ella. Ellas educaron a mi madre, y luego, siendo yo pequeña, iba con ella a verlas al convento. Las dos eran muy diferentes, una más cercana y otra más seca, y, bueno, yo he intentado hacer una mezcla de las dos en este personaje. Me resultaron muy útiles en este sentido. Marcaron la vida de mi madre, y el día del estreno en Madrid vino una monjita de la zona de Murcia a decirme que mi tía abuela siempre tenía mi foto delante mientras tocaba el piano.

Personalmente, creo que en la película se nota el contraste entre los actores veteranos y algunos de los más jóvenes. ¿Qué opina usted?
Yo creo que la gente joven que trabaja en la película está muy bien. Son gente que viene del teatro y que quizá no tenían experiencia cinematográfica (precisamente por eso he hecho una escuela y una fundación, para que los actores cojan experiencia, porque eso es algo que se nota mucho). Pero me parece que tenían una calidad estupenda. Y en Pablo Moreno he visto a un director como a mí me habría gustado tenerlo siempre en mi carrera. Un director que escucha mucho, que respeta el trabajo de los actores, que intenta siempre contemporizar con las ideas de los demás, que reparte y no es egoísta… Por eso para mí es un gran líder, pese a su juventud.

Desde el punto de vista de su carrera, tan complicada en España, ¿qué significa para usted esta película?
Pues que el hecho de alguien aquí, en España, haya creído en mí y haya querido recuperarme, por decirlo de este modo, con un papel como este, yo creo que es muy interesante para mí. Creo que en este momento es una ayuda el que la gente pueda verme, y no solo en este papel, sino también en los otros dos que he hecho. Red de libertad va en medio de dos películas más que he rodado, una en Los Ángeles, en noviembre del año pasado, que seguramente irá al Festival de Málaga, y la última, de Bernarda Alba. No cabe duda de que es una revitalización de mi carrera el haber hecho tres producciones en el último año,algo que hace tres o cuatro años no podía soñar. Esto también enseña, me enseña a mí y a mis alumnos, que no hay mucha lógica en este mundo. De manera que cuando te vienen las cosa,s tienes que cogerlas y disfrutarlas. Así ha me ha sucedido a mí ahora, con sesenta años recién cumplidos. Parece, y eso espero, que en España se me vuelve a tener en cuenta, porque la verdad es que siempre he trabajado mucho más fuera.

Por ejemplo, en esa gran serie histórica franco-alemana titulada Borgia, que usted ha dicho que en España no se ha pasado por cabezonería de las cadenas de televisión. ¿A qué se refería exactamente?
Las cadenas tienen unos criterios que yo no sé muy bien cuáles son, pero que no me parecen muy transparentes, en cuanto a lo que cogen y lo que no. A mí me parece que en España se deberían aprovechar del hecho de que haya gente trabajando fuera con éxito, porque eso es difícil de conseguir. Creo que aquí se hace de menos a los actores propios, que se valora más a los de fuera. La Administración y el público no tienen modo de reconocer el trabajo de nuestros actores. Sí, es verdad que de vez en cuando te pueden dar una medalla, pero no hay el sistema que hay en Francia, por ejemplo. Deberíamos estar orgullosos de quiénes somos y lo que hacemos, pero me parece que este no es un valor nacional precisamente. Los franceses lo tienen, lo dicen y la gente se lo cree. Entonces, claro, actores como yo, que hemos trabajado tanto fuera, no tenemos un reconocimiento. Me lo dijo una vez Fernando Rey. Te sentirás muy sola, me dijo. Te sentirás como yo, que no me dan un personaje en España desde hace mucho tiempo.

¿Por qué cree que ocurre eso?
No lo sé. Por mirar también desde el otro lado, yo creo que llega un momento en el que los actores nos cansamos. Cuando ya has hecho unas cuantas cosas te das cuenta de que no tienes que demostrar nada ya. Entonces, decides irte y piensas: Bueno, si me queréis, ya me llamaréis. La gente no puede estar años y años buscando un papel. Llega un momento en el que te has ganado el que te lo den. Volviendo a Francia, allí hay gente que escribe para Catherine Deneuve, o para Isabelle Huppert…, pero aquí los guionistas jamás piensan en escribir para un actor.

Y mucho menos para una actriz madura…
Sí, después de los cuarenta todavía cuesta más. Pero fíjate que ocurre lo mismo con los hombres. ¡Cuántos años estuvo José Sacristán sin papeles, hasta que hizo un cortometraje…! Quiero decir que parece que no sabemos apreciar lo que tenemos y que no hay suficiente espacio para hablar de lo nuestro. No, aquí parece que solo se mira lo que más brilla. A mí me parece que esta sociedad española es un poco adolescente. Lo vemos también en casos como el de los políticos ahora mismo, que no saben sentarse y hablar. Es como si no madurásemos bien. Vivimos un momento complicado, en el que también hay unos grupos de comunicación que quieren las cosas de determinada manera, las televisiones…

También una cuestión de ética, ¿no le parece?
Sí, es cuestión de ética. Yo estoy mucho por la ética. Precisamente, he hecho un código de buenas prácticas del entorno audiovisual con un equipo de juristas de la Carlos III (código de la Fundación First Team -centro profesional de interpretación y producción cinematográfica- y la Fundación Gregorio-Peces Barba, y es de lo mejor que he podido hacer en cuanto a la profesión de actor. Al final, la ética es algo que repetir y recordar para aplicarla antes de hacer mal las cosas. En este sentido, hay gente que me dice que si no hay trabajo, no se puede pretender que la gente tenga ética. No entienden que es justo al revés, que es precisamente cuando no tienes trabajo cuando debes ser más ético.

Volviendo al cine y recapitulando. Además de verla ahora en Red de libertad, estamos esperando otros dos títulos, ¡He matado a mi marido!, una producción estadounidense dirigida por Franciso Lupini-Basagoiti, y Bernarda, de Emilio Ruiz Barrachina, basada en la obra de García Lorca.
¡He matado a mi marido! es una comedia en la que hago de criada por primera vez en mi vida, y que espero que vaya al Festival de Málaga. Es una historia muy divertida que he hecho en Los Ángeles con la gente famosa de diferentes países, como María Conchita Alonso, Eduardo Yáñez… El director es español pero estuvo mucho tiempo en Venezuela. Así que vengo con dos papeles en los que la gente no está acostumbrada a verme, como son la monja de Red de libertad y una criada, Y luego vendrá Bernarda, donde ya interpreto un personaje más en mi línea habitual, de mujer más sofisticada, más seca, más fuerte. Y muy mala, no tiene nada que ver con la monja. Bueno, también es muy interesante tener papeles tan variados.

Parece que estamos en racha. Igual vuelve a llamarla Almodóvar [Assumpta Serna trabajó en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en 1980, y protagonizó Matador, con Antonio Banderas, en 1986]…
[Ríe] Pues ya me gustaría, porque después de todo lo que hemos vivido, seguro que sería muy interesante volver a hacer algo juntos. Bueno, lo que me gustaría ahora es que esas tres películas que estreno ahora se vieran mucho.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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