David Arratibel: “Los dogmas son una carga para vivir”

· 2 de octubre, 2017

Converso. Mejor dirección documental en el pasado Festival de Málaga y premio del público en el Festival Punto de Vista (Navarra). David Arratibel aborda la conversión de toda su familia (hermanas, madre y cuñado) a la fe católica y lo que para él, agnóstico, ha supuesto todo el proceso.

“Si el Espíritu Santo entra en nuestra casa, ¿es posible hacer una película sobre él?”. La pregunta se las trae, no hay duda, pero tal cual se formulaba en el texto de presentación de Converso en el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra. Punto de Vista (Premio del Público). Además describe muy bien, cuestiones escatológicas aparte, lo que encierra este título con el que David Arratibel ganó la Biznaga de Plata a la mejor dirección en Málaga. El propio Arratibel introduce así la peliaguda cuestión: “Durante los últimos años, toda mi familia se ha convertido a la fe católica. La distancia con ellos se hacía cada vez más grande, así que me propuse hacer una película para entender cómo el Espíritu Santo había entrado en sus vidas, en nuestras vidas”.

Puesto que hablamos de un documental, no de un thriller, empecemos por el final. ¿Por qué Converso termina con su familia y usted cantando a coro en una iglesia?
En primer lugar, quería que la película funcionara cinematográficamente, y eso me parecía muy bonito. Además, desde el punto de vista musical, me encanta esa pieza de Tomás Luis de Victoria. Pero, por otro lado, ese final resume un poco toda la película, que comienza con mi cuñado diciendo que el órgano es una metáfora de la Iglesia, en la que sus miembros obran por gracia del viento que los mueve (el Espíritu Santo) y todos juntos suenan como un acorde. Y está lo que yo propongo en la película, que es buscar la armonía con mi familia sin tener que pasar por ese instrumento que es la Iglesia. Es un modo de decirles: Quiero cantar con vosotros. No estoy en el órgano, pero podemos cantar a voces. De hecho, hay otra metáfora en este sentido: soy el único que no sabe leer partituras, y es como decirles: Tenéis un lenguaje que no comparto, pero voy a intentar estar con vosotros desde la carne, desde la humanidad.

Pues de la omega, a la alfa. ¿Antes de hacer la película, cómo se definía usted desde el punto de vista religioso?
Era y sigo siendo el mismo agnóstico con muy poca sensibilidad por todo lo que tiene que ver con la trascendencia. Pero, desde luego, si antes tenía mucho reparo a hablar del hecho religioso, ahora no solo no tengo ningún problema, sino que me interesa.

Su interés personal es evidente, ¿pero por qué cree que también le interesa a otros?
Porque la película tiene muchos planos. Si eres creyente, te pueden conmover cuatro testimonios de fe; si eres agnóstico o ateo, te puede interesar el observar a una familia que tiene una herida que necesita resolver. ¿Qué familia no tiene una conversación pendiente?

Dice que no tiene interés por la trascendencia, pero sí lo tiene por la espiritualidad, puesto que practica la meditación oriental. ¿Su película habría sido posible sin esa inquietud previa?
Creo que engaño, que ni siquiera tengo esa inquietud. Desde la meditación, cuando llega la parte más trascendental, no es que sienta rechazo, pero sí una falta de sensibilidad, o quizá incapacidad para abordarla. No sé cuál es mi camino… El otro día estuve con un amigo creyente que padece un cáncer muy duro. Hablamos de muchas cosas, pero sobre todo de la muerte. Se me removieron muchas cosas y terminé muy conmovido, aunque no desde el punto de vista religioso. Cada uno tiene su proceso.

En cuanto a la relación de la forma y el contenido en su película, su forma de estar en ella va desde el fuera de campo hasta una clara presencia en cuadro. ¿A qué responde ese camino?
Eso es clave. Empiezo como un entrevistador distanciado e incluso inquisitorial, pero de repente la película me interpela y me obliga a estar presente. Cuando mi hermana me dice que yo no quería hablar con ella porque me daba mal rollo y me enfadaba, veo que la película es una conversación pendiente, en la que yo también tengo explicaciones que dar.

Pero no establece nunca una relación dialéctica en cuanto a las cuestiones más polémicas. ¿Por qué no se posiciona?
Porque yo puedo cuestionar la historia de la Iglesia, o la propia institución, pero no estoy capacitado para interpelar a nadie sobre sus sentimientos religiosos.

¿Ni siquiera cuando su cuñado afirma que el ateísmo no se puede defender desde un punto de vista racional?
Bien pillada la frase. Desde luego, si me lo preguntan, diré que desde la razón tampoco se puede defender la fe, que para mí la única posición racional en este sentido es el agnosticismo.

Su hermana mayor admite abiertamente que le gustaría evangelizarle. ¿Qué opina de eso, y concretamente en lo que se refiere a los niños?
Cuando tienes un hijo, lo educas en los valores que crees mejores. No es la religión, son los padres. Para mí, la única manera legítima de evangelizar es desde el ejemplo. La evangelización es muy plasta, y la del converso, muchísimo.

¿Cree que sus familiares son más felices ahora que antes?
Yo les veo bien, sobre todo a mi madre y a mi hermana mayor. Pero a mi hermana pequeña… Creo que los dogmas son una carga para vivir. Con cuarenta y tantos años te puedes hacer creyente u odontólogo, pero con veintitrés me da más cosa.

¿Qué opina de la religión en la enseñanza?
Entiendo que los católicos quieran que a sus hijos se les eduque en su religión, pero para eso están los colegios privados.

¿Algo más entre manos?
Sobre todo, dos proyectos. En el 15M conocí a dos yayoflautas que me tienen cautivado, tienen un precioso retrato. Y luego hay otro que tiene que ver con las paternidades tardías, con la gente de mi generación (cuarenta y tantos) que no somos padres y nos entra una especie de angustia vital o parecemos unos fracasados.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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