Santiago Loza: “Desde los márgenes se observa mejor”

· 19 de septiembre, 2017

Fotografía: Photopithecus


La Filmoteca valenciana estrenará mañana, miércoles día 20, a las 20.15 h, la película de Santiago Loza e Iván Fund Los labios, con presentación a cargo del primero. Santiago Loza, realizador y dramaturgo argentino, es uno de los hitos de Creador.es, el singular festival escénico valenciano que actualmente celebra su quinta edición.

La presencia de Santiago Loza en Creador.es es uno de los hitos de la quinta edición del singular festival escénico que dirige Gabriel Ochoa. Loza, dramaturgo y realizador oriundo de Córdoba (Argentina), es el encargado de impartir este año el taller Rituales para no partir. Además, mañana, día 20, miércoles, a las 20.15 h, la Filmoteca valenciana proyectará su filme Los labios, un drama que en su día pasó por Cannes y Gijón, y recibió un premio a la dirección en el Bafici argentino. Antes de ese día, y siempre dentro de las actividades de Creador.es, Loza dirigirá una jornada profesional para actores y directores, titulada Actuación para cine. Límites y libertades.

 

Entre los trabajos que han contribuido a forjar el prestigio del cordobés como artista se encuentran, además del citado Los labios, otros filmes que han participado y logrado algunos premios en festivales internacionales (Rotterdam, Cannes, Berlín, San Sebastián…). Como dramaturgo, Loza cuenta ya con una nutrida obra, que incluye el título He nacido para verte sonreír, primero estrenado en España y actualmente en gira con Isabel Ordaz y Nacho Sánchez en escena, dirigidos por Pablo Messiez (dentro de esa gira, el día 27 de octubre se representará en el Teatro Jovellanos de Gijón / Xixón y el 11 de noviembre en el Teatre El Musical, de València).

LA MIRADA
«Es el lugar desde donde uno observa. Y una forma de ver o de pensar el mundo. Uno siente cuando hay mirada, un registro particular del material con el que se trabaja. La mirada se va descubriendo de a poco a medida que uno trabaja, porque la mirada también es algo que se amplía y se profundiza».

SU MIRADA
«Me cuesta. En ocasiones es más simple reconocer la mirada de los otros que la propia. Creo que mi mirada se fija a veces en detalles aparentemente irrelevantes o triviales, pero detrás de los cuales uno va descubriendo zonas sensibles. Supongo que mi mirada se ha detenidos en personajes olvidados o dejados a un costado, para tratar de dialogar con ellos y entenderlos. Hay en eso como una mirada piadosa o empática con lo que cuento, o al menos trato de que así sea».

EL ÉXITO Y LA MIRADA
«El éxito no está ligado a tener una mirada, muchas veces está ligado a ciertos asuntos muy superficiales, pasatistas o fugaces. A veces he tenido cierto reconocimiento y lo vivo de una manera compleja, porque el proceso interno que uno hace no tiene que ver con el resultado. Digamos que son caminos paralelos que por momentos se juntan, y está bien, pero uno tiene que saber que el proceso de uno no tiene que ver con lo que sucede afuera. El afuera me sirve para chequear algunas cosas técnicas, o para saber que del otro lado hay alguien que escucha, pero el resto…».

¿SATISFECHO DE SU MIRADA?
En parte, a gusto; en parte, la sigo desarrollando y cuestionando. Pero sí, digamos que acepté mi mirada, asumí que tenía un punto de vista para decir, o una manera de ver que yo la podía autorizar públicamente y hacer obra con ella.

ARTE EN LOS MÁRGENES. ¿UNA CONDENA?
No lo tomo como una condena. Desde los márgenes se observa mejor lo que ocurre en el centro y se puede tener más campo de acción. Yo tengo cierto reconocimiento en Argentina, pero elijo mantenerme al margen. Soy del interior, no de la capital, luego el venir desde un margen también me sirve para tener una mirada un poco extraña hacia lo consagrado, hacia lo instituido. La ficción que a mí me interesa pone en duda lo establecido».

LOS ASUNTOS
«Me interesa hablar de lo entrañable, sobre lo privado, sobre esa zona muy interna que quizá estuvo siempre ahí. Esas zonas del alma que están en penumbra y que a veces son inconfesables. Asuntos que a veces cuesta definir o nominar. Asuntos afectivos y emocionales profundamente humanos, con algo de animal en lo inmanejable. Como ciertos personajes que son tomados por ciertas emociones que no pueden controlar y son arrastrados por ellas. Emociones que a veces no son toleradas socialmente. Sí, me interesa hablar de esa animalidad, de esas pulsiones. El no poder entender hace que uno trate de seguir escribiendo para avanzar sobre eso que se mueve y no se puede atrapar».

INTERESES INCOMPATIBLES CON LOS TABÚES
Sí, en parte. Pero en parte también me interesa pensar ciertos tabúes como zona de ficción, como zona de prueba, como zona de perforación. Sí, sí, porque el arte no debe tener morales. Esos personajes tienen algo de amorales, o no sé como llamarlo, para tratar de indagarlo y hacerlo ficción.

ESO EXIGE IR MUCHO A LA GUERRA…
[Ríe] No, por lo menos en la escritura vivo para poder entrar en zonas muy privadas, íntimas, secretas, a veces dolorosas o donde uno descubre a veces cierto humor raro porque está en medio del dolor… Para eso hace falta a veces un grado de introspección que no siempre uno encuentra o está permitido, o que está vinculado con perder el tiempo. Es animarse a entrar en espacios áridos. El trabajo arduo es cuando uno está solo y mete las manos y los pies en el barro, y de ahí hay que salir con alguna gema.

LA IRRESISTIBLE ATRACCIÓN DEL MONÓLOGO
«Me atrae seguir obsesivamente una voz. Es como un acto de invocación. Cuando empiezo a trabajar un monólogo, el personaje dicta una pulsión, una lógica que a veces es muy diferente a la mía, y yo debo seguirlo sin juzgarlo. Los personajes de mis monólogos están entregados desenfrenadamente a la palabra, pero uno se los imagina en una situación social y serían seres más bien silenciosos. Generalmente, mis monólogos están ligados a lo interno, a un flujo de la conciencia. Me parece que es ese el poder que tiene la mente cuando no puede frenar el alma, cuando tiene un profundo desasosiego y necesita irradiar. Para mí es muy interesante eso en el monólogo: desde un punto pequeño, empieza a expandirse y uno no sabe hasta dónde. Hay ahí algo del travesti: uno termina siendo otro».

¿NO HAY RIESGO DE AUTOENGAÑO?
No, me parece que no. Porque sí hay contraparte, a alguien se lo está diciendo. El monólogo no es un relato, tiene un presente que debe ser resuelto en escena. El presente siempre es la escena, el marco que tiene el monólogo es el de ser efectivo a nivel escénico, tiene las mismas características dramatúrgicas que otros materiales, de manera que todo tiende a un desenlace, a un final.

UN ESTILO LÍRICO…
«Me han adjudicado cierto decir poético, que yo veo cuando me lo señalan, no cuando lo escribo. Lo asumo a regañadientes. Me dicen que ese portero habla raro, pero para mí habla así. Yo no sé cómo hablan los porteros, conozco a ese portero, que además es una ficción y solo existe en ese pacto entre el autor, el director, la actriz».

“LA ACTRIZ”. LO HA DICHO USTED
«Trabajo más con actrices que con actores. Hay un vínculo de lo femenino con la emocionalidad y con el dolor diferente del masculino: más franco, más fluido. Pero esto también es algo que he ido pensando porque se me iba diciendo. Quizá el estilo es algo que te van señalando los otros, no algo que uno construyó».

MASCULINO Y FEMENINO. ¿LA DIFERENCIA ES CULTURAL?
Yo creo que hay ciertos sentires que son más femeninos que masculinos. Pero no es algo que le pertenece al género. Un hombre puede tener un sentir femenino y expresarlo, ahí es donde aparece lo cultural y lo establecido, qué debería sentir un hombre. Ahí es donde la ficción puede evadirse de lo establecido socialmente, porque nosotros finalmente trabajamos sobre sentires, sobre emociones, y ahí no rige lo cultural.

¿TEATRO VERSUS CINE?
Teatro y cine. Para mí el cine quizá alcanza donde la palabra no llega. Aparece la necesidad de la imagen, y de una imagen que pueda dar cuenta de las zonas donde la palabra no estará. Y al mismo tiempo yo descubrí en el teatro una posibilidad de evocación, de irradiación de la imaginación que no tiene el cine. La cámara toma lo que toma y es difícil trascender esa imagen. Lo que yo siento con el teatro es que la palabra tiene una posibilidad infinita de evocar mundos, de generar imágenes en los espectadores presentes. El teatro puede generar imperios con muy poco, en cambio en el cine no puedo construirlos porque no es ese el tipo de cine que yo trabajo.

EL PATIO DE BUTACAS Y LA ACCIÓN EN VIVO
Sí, todo se construye en la mente del espectador. El teatro es algo vivo, activo, por eso necesita ser completado por el espectador, sino sería algo absurdo, no existiría. La obra de teatro termina sucediendo en la mente del espectador.

AUSTERIDAD. ¿NECESIDAD O VIRTUD?
Yo diría que ambas cosas. Hay una zona en el que la obra, por austeridad, deja un espacio donde el espectador puede avanzar. Creo en la obra que apuesta por la inteligencia del que especta. Creo en esa obra que por retracción permite que espectador tenga una experiencia vital. En este sentido, sí creo que es una virtud. La obra no debe ser portadora de mensaje, sino que este debe construirse en la mente del espectador.

¿Y TODO ESTO…
… Para qué? La gran pregunta. La primera respuesta que me viene, casi animal, es que para acallar ciertas voces de angustia que uno tiene adentro. Pero después añadiría que para entender. Yo necesito hacer para entender. Hay algo en el mundo, y yo hablo de mí dentro del mundo… Hay algo en escribir que le da un sentido a lo cotidiano, o que me ayuda a indagar, porque yo siento que puedo ser más lúcido con mis criaturas de ficción que conmigo mismo. No tiene nada que ver con la terapia, hablo de otra zona, de lo intuitivo y de lo poético. Hay poesía en encontrarle la belleza a algo que aparentemente no la tiene».

¿UNA FORMA DE COMULGAR?
Es linda la palabra. Es una manera de ser parte de las cosas, de ser parte del mundo cuando uno siente a veces que no lo es. Y también lo siento como un rol social finalmente. A mí me costó muchos años entenderlo, pero, bueno, es mi oficio, y creo que el oficio de uno es poder servir. Yo soy un constructor de historias, de relatos. Creo que todavía son necesarios los relatos. Hay mucho fracturado, roto, mutilado… Bueno, pues yo puedo construir un relato, o reconstruir un relato, o reparar un relato, y eso cumple una función social. Es un oficio tan válido como el del panadero. Creo en la necesidad de hacer eso cuando muchos relatos se rompen, se homogeneizan.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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