Pablo Berger: “Me gusta contar historias de gente ordinaria que vive cosas extraordinarias”

· 18 de agosto, 2017

Fotografía: Vincent West


Con la palabra mágica Abracadabra se invocaba en la antigüedad a los espíritus protectores. Un ilusionista amateur le sirve ahora al director vasco Pablo Berger –que arrasó en los Goya con su atípica Blancanieves– como excusa para proponer al público que mire fijamente a la pantalla y se deje llevar. Porque el cine, como la hipnosis, consiste en soñar despierto.

 

  • Su Blancanieves, ese cuento mudo –pero con cante– y en blanco y negro, inspirado en las fotografías de Cristina García Rodero, ganó diez Goyas en el año 2013. Ahora, con el mismo equipo y de nuevo la madrastra (Maribel Verdú, a la que se unen Antonio De la Torre y José Mota), Pablo Berger [Bilbao, 1963] se saca otro conejo de la chistera y regresa con una comedia que juega con géneros, colores y personajes… un truco de ilusionismo.

Se hace esperar: Blancanieves le costó nueve años, desde entonces han pasado cinco. ¿Es que aspira a ser uno de esos directores que rueda una película por década?
Todo lo contrario, quiero ser comercial. No es una palabra negativa. Yo intento hacer historias para todo el público, abiertas, no excluyentes, para el cinéfilo y la madre del cinéfilo. El público sabe más de lo que pensamos, los productores a veces intentan reproducir unos esquemas que creen que funcionan. Pero el cine, como la moda, debe ir por delante. Yo he tenido suerte, desde mi primer corto [producido por Álex de la Iglesia] hasta Abracadabra he hecho películas contracorriente que han sido comerciales.

¿Ha cambiado ya la percepción del cine español?
Ha cambiado en parte. La década pasada todavía tenía ciertas connotaciones negativas, la gente decía ‘yo no veo cine español’y en los últimos diez años ha habido una renovación de cineastas que hacen cine de una variada forma de géneros: thrillers que no tienen nada que envidiar a los franceses o a los americanos, como Alberto Rodríguez. y cine de autor como Carlos Vermut. El cine es una expresión artística con un coste tan elevado que el productor se lo piensa mucho. Yo he tenido muchas dificultades de una película a otra para sacar adelante la siguiente.

 ¿¡No sufriría la ‘maldición’ de los Goya!?
Soy un cocinero cinematográfico que cocina a fuego lento; también me ocupo del guion, la financiación… Blancanieves se estrenó hace cinco años en España y después me pasé dos como la madre de la Pantoja acompañándola por prácticamente todo el mundo. Luego me encerré y reescribí el guión de Abracadabra. Desde el guion de Torremolinos 73 hasta Blancanieves habían pasado ocho años. Y yo a los productores también les entiendo, porque se encontraban con una película muda, en blanco y negro y con enanos toreros… pensaban que estaba loco, supongo que tiraban el guion a la papelera. Hasta que encontré a un soñador. Los cineastas debemos tener la piel dura de un elefante, pero solo necesitamos un ‘sí’, aunque hayamos oído antes cien veces ‘no’. Hay un proverbio japonés: Si tienes prisa por llegar, ve por el camino más largo. Es lo que yo hice con Blancanieves.

Sus tres largometrajes, que parecen tan diferentes, incluso visualmente -del sepia de Torremolinos al blanco y negro de Blancanieves y de ahí a los colores de Abracadabra- ¿no tienen sin embargo un eje común? ¿Cuentan en el fondo los directores siempre la misma historia?
Las tres películas son hermanas, tienen el mismo padre. Las tres tienen como título esos nombres tan largos, esas palabras tan sonoras. Y es verdad que aunque parezcan tan diferentes tienen un gen común, el ADN. Son cosas de ti mismo, de tu trabajo, matices. Pero hay algo que tienen las tres películas, incluso también mis cortos: emoción, humor y sorpresa, esos tres ingredientes.

Hipnosis : técnica que hace que uno disocie el momento de su realidad cotidiana y viva las situaciones que se le proponen a través de la imaginación. Parece que hablemos del cine.
Se puede aplicar la misma definición. El director es un hipnotista que busca hacer soñar despierto. A mí me gusta que el público no vea, sino protagonice, mis películas. Para mí es fundamental la empatía, la identificación. Que el público sea coprotagonista, esté en el centro de la acción.

Hipnosis, humor, delirio… pero veamos los personajes: un ama de casa que esconde una depresión, un cuarentón que vive en casa de sus padres, un gruista explotado en el trabajo que se desahoga con el fútbol… A ver si en realidad es cine social.
A mí me gusta decir que es una muñeca rusa de géneros, una matrioska. Comedia, drama, fantástico, aventuras, con una trama social. Me gusta contar historias de gente ordinaria que vive situaciones extraordinarias. Yo soy una persona ordinaria: tengo una hipoteca, una mujer, una hija, problemas cotidianos… Me gusta contar historias ancladas a la realidad, a la actualidad… aunque es mi primera película de la España de hoy. Una pareja con la que el público se puede identificar o reconocerla. Un macho ibérico de fábrica, ella con depresión sin saberlo, comprando ropa con flecos y brillos y maquillándose a modo de Prozac, el hombre que vive con sus padres… Es la realidad que está ahí. Me gustan mucho de Hitchcock La Ventana indiscreta y Con la muerte en los talones o de Woody Allen Midnight in Paris, La Rosa Púrpura de El Cairo y Scoop, esa manera de introducir en lo cotidiano lo sobrenatural y la magia. El hipnotismo es el punto de arranque para hablar de otras cosas y para la risa. Me gusta la comedia seria, o los dramas muy cómicos. La vida es tragicomedia.

 Esa generación Uri Geller, Cuéntame u OTAN que refleja la película ¿es la generación del desencanto?
Soy Generación Cuéntame, nací en 1963. Yo creo que todas las películas tienen cosas de tu infancia, de antes de tus veinte años… Yo también me psicoanalizo al hacer películas. En Torremolinos estaba la España de Franco que viví, el deseo de tener un hijo… Era el dilema que tenía en ese momento: ¿hago una película o tengo un hijo? Al final hice la película y al poco nació mi hija. Blancanieves habla de la infancia, de los cuentos que le leía. Ahora, con Abracadabra, donde también salen los años 80, tiene 13 años y ya no le leo cuentos, le enseño a hacer ecuaciones de segundo grado… o lo intento. Son los elementos que intento reflejar. Los directores echamos mano de todo. Mis amigos tienen miedo de contarme cosas por si las cuento.

Almodóvar dice que el cine es hasta tal punto su vida que está convencido de que la realidad existe para que él tenga material que filmar.
Ja, ja, ja. Es muy bueno. Lo importante es mantener el niño que todos tenemos dentro. Si yo terminara convirtiéndome en un cínico al que nada le sorprende dejaría de hacer cine. Todavía mantengo una curiosidad permanente, eso me permite seguir contando.

 

Susana Golf

Susana Golf es la directora de la revista Urban. Periodista de Levante-EMV desde 1988, ha sido jefa de sección de Valencia y de Sociedad y coordinadora del suplemento Extra Moda.


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