Dome Karukoski: “Ya es hora de que en el cine haya un personaje que sea como un James Bond gay”

· 10 de agosto, 2017

Fotografía: Marek Sabogal


Touko Laaksonen (a) Tom of Finland es uno de los artistas visuales finlandeses de mayor renombre internacional. Sus obras (provocativos hombres vestidos de cuero y con cuerpos musculosos) son auténticos iconos de la cultura popular, puesto que rompieron con los viejos estereotipos según los cuales los homosexuales tenían apariencia femenina y débil. Laaksonen empezó a dibujar como entretenimiento para sí mismo y sus amigos, pero sus ilustracioens fueron haciéndose un hueco cada vez mayor, hasta llegar a publicarse en revistas nortemericanas de culturismo durante los años cincuenta del siglo XX. Sería, sin embargo, en los años setenta cuando llegó su gran oportunidad al ser invitado a Los Ángeles (Estados Unidos) por sus admiradores, que habían adoptado, además, la estética de sus dibujos. Hoy en día, la obra de Tom of Finland está en museos de todo el mundo y trasciende la cultura popular al haberse ganado un sitio en la cultura artística internacional. El artista finlandés es el protagonista del biofilm Tom of Finland, firmado por su compatriota Dome Karukoski, con quien Urban ha mantenido esta entrevista. Tom of Finland se estrenó en España el 7 de julio.

La vida de Tom of Finland contiene, sin duda, los suficientes ingredientes dramáticos como para resultar interesante como guion de cine. Pero, concretamente, ¿cuáles de esos ingredientes pesaron más en usted como para decidirse a emprender el proyecto?
Creo que fue ciertamente asombroso que hiciera su arte en una época en que era ilegal. Desobedeció la ley con un arte que ridiculizaba a las autoridades, que suponían una amenaza para él. Pero, al mismo tiempo, dibujó sobre la felicidad, el sexo y la libertad. Así que, para mí, esta es una historia sobre la libertad de expresión y la libertad de ser uno mismo. Me identifiqué con el valor que tenía el personaje. Por supuesto, también hay un componente social. Tiene que existir este tipo de película, que tienen que ser tan orgullosas y vivaces como los personajes de Tom of Finland. Pero es que, además, su vida también fue muy rica. Un teniente condecorado, que estuvo en el ejército como oficial de las unidades antiaéreas de Finlandia, talentoso en su trabajo en la agencia publicitaria donde creó y experimentó en tiempos oscuros (a la vez tan cinematográficos), por lo que vimos que era posible disfrutar de la película aun sin ser aficionado al arte.

Como en toda biografía pasada por la creatividad artística, habrá en ella elementos que se alejen de lo que sería un estricto documental. ¿Quiere desvelarnos cuáles son esas aportaciones personales suyas a la vida de Touko Valio Laaksonen?
Los aspectos más divertidos son los verdaderamente salvajes. Los elementos que se podría pensar que nos hemos inventado son los que ocurrieron de verdad. Su vida fue asombrosa, y hay muchas anécdotas de escenas increíbles que se dejaron fuera porque no encajaban en el drama de esta historia. Las partes que tuvimos que crear y dramatizar fueron, principalmente, las de su vida cotidiana, esa vida que no se ha documentado. Se trata, por supuesto, de una creación, no de una imitación. Queríamos concebir nuestra propia visión cinematográfica de la casa de Tom, hacerla más fantástica y grande de lo que era en realidad. Pero son pequeñas mejoras. Creo que Tom habría estado satisfecho con esta película.

Es evidente que en Tom of Finland se trata la figura del protagonista con gran respeto. Sin embargo, emprender un biofilm de un personaje así no deja de encerrar cierto riesgo, por cuanto tiene de icono para una comunidad como la gay, que lo conocerá muy bien y que además es muy influyente. Desde este punto de vista, ¿cómo se plantearon el trabajo usted y el guionista Aleksi Bardy?
Como artistas, tan solo tenemos que encontrar un tema que nos interese. Es nuestra interpretación. Siempre habrá opiniones acerca de cómo se debería haber rodado una película, pero no podemos agradar a todo el mundo. Admiramos su arte y queríamos rendirle homenaje. En el fondo, siempre leímos y consideramos su historia como una vida que va de la oscuridad a la luz. Al comienzo de su carrera, trabajaba en una agencia de publicidad por el día y dibujaba en secreto por la noche. Su pasión se desarrolló en la oscuridad. Pero la mayoría de sus personajes se paseaban a plena luz del día, orgullosos y felices. Este conflicto se convirtió en la idea para el contexto visual de la película. Además, y esto es lo más importante, Tom de Finlandia hacía su arte de modo que las personas pudieran disfrutarlo. Este también era nuestro objetivo: hacer una película que pueda disfrutarse y amarse.

Tom of Finland adquiere una gran importancia sociológica (en definitiva, política) justamente por las dificultades que los homosexuales tienen en su época para vivir libremente su sexualidad. Y en su caso el catalizador que todo lo hace posible es la creación plástica. ¿Conocía usted al artista antes de afrontar la película? ¿Qué opinión le merece? Y, sobre todo, ¿ha buscado usted algún tipo de conexión entre el trasfondo artístico de su protagonista y la factura de su película?
Soy fan de su trabajo. Admiraba la alegría que destila y su destreza. En la película traté de hacer composiciones y escenas que homenajearan su arte.

Volviendo al guion, Aleksi Bardy ha dicho que, puesto que usted era el director de Tom of Finland, no podría haber en ese trabajo héroes ni villanos. Se entiende que se refiere a buenos y malos de una sola pieza; pero en ese mundo que retrata la película, la gente normal se ve forzada muchas veces a inclinarse por el papel de héroe o el de villano cuando la vida real se lo impone. ¿Cómo ve usted a esos personajes?
Intento ver el lado bueno de la gente y trato de reflejarlo en mis películas. Procuro no representar personajes que solo sean malvados: me parecen falsos. Tras el odio hay tragedia; tras la alegría hay amor. Intento crear personajes con muchas capas. En ocasiones nos portamos mal para provocar, otras por rencor o envidia. Pensábamos que la hermana de Tom era encantadora, pero que también había en ella algo de envidia porque Tom era quien tenía éxito. Pensábamos que Tom era una persona amable y cariñosa, pero, al mismo tiempo, tenía mal genio. Me encantan mis personajes y creo que son como a mí me gustaría verlos si yo estuviera entre el público.

También llama la atención que, pese a la, en ocasiones, brutal represión de que eran objeto los homosexuales en aquellos momentos, su película nunca refleja la violencia en toda su crudeza. No se trasluce en ella un gran sufrimiento interior de esos personajes marginados. Por el contrario, suelen aparecer vitalistas y alegres. ¿Puede profundizar un poco sobre ello?
Los personajes de Tom estaban llenos de vida y alegría. Y yo no quería rodar una película en la que los personajes gais solo sufrieran. Quería plasmar lo que era ser homosexual en secreto; cómo la opresión era algo que los fortalecía en lugar de hacerles llorar. Hemos visto tantas películas LGTB sobre sufrimiento que es hora de que haya un personaje que sea como un James Bond gay.

Uno de los asuntos centrales de su película se refiere al poder del arte como elemento revolucionario y transformador de la sociedad. En el caso de Tom of Finland resulta evidente, ¿pero usted busca lo mismo con su cine?
Eso espero. Creo en el arte pensado para tener un impacto positivo, pero también para entretener a la gente, que es lo que da lugar a un cambio a mejor. Los sentimientos aparecerán entonces, lentamente. Con suerte, esta película ayudará a los jóvenes, no a tener miedo, sino a estar orgullosos de sí mismos. Como lo estaban los hombres de Tom.

El poder del arte, pero también la resistencia y la propia historia de amor que vive el protagonista, tienen un gran peso en su argumento. ¿En qué nivel de prevalencia sitúa estos distintos planos, desde el punto de vista de la intención de la película, si es que la hubiera?
La película transmite las emociones que experimentó Tom de Finlandia. Contamos la historia mostrando estas tramas. Esa es la intención. Algunas personas reflexionarán en profundidad sobre la historia y otras, simplemente, la disfrutarán. Todo está pensado, pero no todo se cuenta de manera obvia.

En su opinión, y mirando la evolución de las cosas desde la época de Tom de Finlandia hasta hoy, ¿cómo cree que ha cambiado el mundo en relación con la homosexualidad? ¿No le parece que, por ejemplo en Occidente, también en Estados Unidos, corremos un riesgo cierto de involución?
En algunos estados de EE UU puedes dispararle a alguien por ser gay. En Chechenia se asesina y tortura a los gais; en Turquía no puedes organizar un desfile del Orgullo sin que acuda la policía. Resulta trágico que en algunos lugares se esté volviendo a épocas oscuras. Pero algunos lugares están avanzando: Finlandia, Suecia, Alemania, España. Tenemos que estar orgullosos de eso y alzar la voz para que los países retrógrados nos oigan.

Se dice al final de la película que Tom de Finlandia “vive”. ¿De qué modo? ¿Cuál es, en su opinión, su gran legado?
Creo que no hay un único elemento que lo defina, es un concepto muy amplio. Para algunos, es el amor y la alegría de vivir; para otros, el hecho de no tener que avergonzarse de los fetiches y fantasías de uno. Para algunos es la admiración de la polla y del orgullo interior. Y los hombres pueden ser objetos. Él también vive con esta película.

Una pregunta sobre su cine, y concretamente sobre esa mezcla americana y europea que hay en usted. ¿Ha autoanalizado su trabajo desde ese punto de vista? ¿Cómo cree que esas culturas se plasman en su obra?
Soy un cineasta europeo, pero me ha influido el hecho de que mi padre fuera estadounidense. Mi parte americana me ha influido en el modo de contar historias, el ritmo, el uso de los puntos de inflexión. Pero, al mismo tiempo, varios cineastas europeos son mis héroes, desde Fellini hasta Kieslowski. El estadounidense que hay en mí es el optimista que quiere hacer películas con un toque positivo. Y mi lado europeo es el humanista que quiere cambiar el mundo.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


Te puede interesar...