Blandine Lenoir: “Las mujeres ya no se callan, no bajan la cabeza como antes”

· 7 de agosto, 2017

Fotografía: Joan Vidal


Blandine Lenoir dirige, y coescribe (junto con Jean-Luc Gaget), 50 primaveras, una película para todos los públicos con la divertida historia de Aurore Tabort (Agnès Jaoui), una mujer en la cincuentena, separada, que acaba de perder su empleo y recibe la noticia de que va a ser abuela.

Comedia y femenina. Pero con certeros dardos contra problemas muy actuales de la sociedad actual, y un asunto que atañe tanto a hombres como a mujeres. 50 primaveras es una comedia francesa para todo tipo de público con la historia de Aurore Tabort (Agnès Jaoui), una mujer en la cincuentena y que atraviesa la complicada fase del climaterio. Su vida, de este modo, parece estancada en ese momento en el que las mujeres parecen volverse invisibles para la sociedad y los hombres; sin embargo, un antiguo amor de juventud, su espíritu inconformista y la solidaridad intergeneracional de otras mujeres producirán en Aurore un significativo cambio.

Algunos críticos, al hablar de la película, han hecho hincapié en su frescura, humor, ternura… A mí me ha parecido, sin descartar nada de eso, un sabroso y divertido pastel relleno de pimienta, quizá porque conozco en primera persona los efectos del climaterio femenino. ¿Está de acuerdo con que la película es, sobre todo, un fuerte grito de protesta?
Gracias por la imagen del pastel. No sé si la película es un fuerte grito de protesta; es, ante todo, una comedia que gira alrededor de un buen personaje femenino, cosa que no se da mucho. Me obsesionan los tres pilares de la república francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Como soy mujer, hablo de eso desde un punto de vista femenino.

Es evidente que en el caso de esta película era imprescindible la elección de una actriz de las características de Jaoui para interpretar a Aurore, ¿pero por qué ella concretamente?
Agnès Jaoui es una actriz extraordinaria, y es la mujer guapa de su edad, que lleva sin problema los años que tiene. No intenta parecer más joven, tiene un cuerpo verdadero. Además, su cara es conocida en Francia desde hace mucho tiempo; así que para una película que habla de envejecimiento, del paso del tiempo, una cara como la suya cuenta la pre-historia de mi película.

Ha dicho que rodó 50 primaveras por una necesidad personal y un modo de afrontar sus propios temores ante esa etapa de la vida y para visibilizar en el cine a las mujeres en la cincuentena. ¿Cómo vive usted ambas cuestiones, la personal y la profesional?
¿Cómo puede una tener ganas de envejecer cuando a nuestro alrededor hay la sensación de que las mujeres desaparecen a partir de los cuarenta años? Incluso en los anuncios antiarrugas, las mujeres tienen treinta años. Y en el cine se ve a menudo a hombres de sesenta años casados con mujeres más jóvenes, y eso no molesta en cuanto a la lógica de la trama. Hice la película que tenía ganas de hacer, una historia que habla de las mujeres a las que veo alrededor de mí y que son estupendas, guapas, y enamoradas, pasados ya los cincuenta años; y eso es la vida real. La vida es larga y rica, y envejecer no es ningún drama.

La película pone bajo los focos una de las grandes injusticias que sufren las mujeres en nuestra sociedad, tan machista todavía. Pero recurramos igualmente al humor (o no…). ¿Puede imaginar cómo reaccionaríamos los hombres si sufriéramos en nuestra carne y en nuestra psicología los efectos dramáticos del climaterio femenino?
Sin humor, 50 primaveras sería un drama social, y eso no es lo que yo pretendía hacer. Reírse de lo cotidiano, de situaciones que conocemos muy bien, situaciones incluso dolorosas, nos viene muy bien, sumamente bien. Una mirada sobre el mundo, tomando ese distanciamiento, es un gran alivio. Creo que si los hombres tuviesen que afrontar las dificultades con las que las mujeres tienen que lidiar, tomarían consciencia de las desigualdades y nos ayudarían a luchar, porque, de momento, muchos hombres (¡e incluso muchas mujeres!) se niegan a ver el problema.

Uno de los muchos dardos de la película se lanza cuando Aurore le dice al médico que la soja no funciona y que es incomprensible que todavía hoy la ciencia no haya encontrado el modo de eliminar o, al menos, paliar los bochornos y los sofocos que produce el climaterio. Un ataque en toda regla a que el machismo inunda todos y cada uno de los aspectos de la vida, también el de la salud, ¿no le parece? ¿El machismo avanza o retrocede en Europa?
Creo que las mujeres ya no se callan, ya no bajan la cabeza como antes. Pero todavía queda mucho camino que recorrer todavía para poder alcanzar una verdadera igualdad entre los sexos en nuestro mundo. En cuanto lo de la sanidad, en Francia hay ahora más médicos hombres y mujeres; entonces, algunas cosas están cambiando. Pero ni los laboratorios farmacéuticos ni la investigación se centran mucho en la sanidad de las mujeres. La contracepción sigue siendo un tema incómodo. Y estoy convencida de que si tuviese que ver directamente con los hombres, se habrían encontrado ya medios más sencillos. El mundo está regido por los hombres. En tiempos de crisis, a menudo lo que se ven amenazados son los derechos de las mujeres, y es lo que está pasando en Europa. El aborto, la contracepción, la educación, la sanidad, los problemas de violencia…, nada está definitivamente conquistado. Hay que seguir peleando sin parar.

Hay que hablar un momento en este punto de Aurore y Totoche (Thibault de Montalembert). Aurore es capaz de hacer revivir un antiguo amor, pero Totoche rechaza la posibilidad. ¿Valentía frente a cobardía, quizá? ¿Qué lecciones podemos extraer de esas dos maneras de encarar el reencuentro entre dos viejos amantes, uno mujer y otro hombre?
Para mí, Totoche es, de hecho, muy valiente: un hombre que habla de sus emociones, que los articula, que dice que tiene miedo de sufrir; es extraordinario. Cobardía sería desaparecer sin decir nada. Trato a ese hombre y a esa mujer con absoluta igualdad, con sus emociones y sentimientos. Ninguno/a es más valiente que el/la otro/a. Necesitan tiempo para encontrarse, nada más.

50 primaveras también pone de manifiesto al menos dos aspectos de las relaciones entre mujeres: la incomprensión (incluso el enfrentamiento) que provoca la distancia generacional y, pese a todo, la ternura y la solidaridad que hay entre ustedes. ¿Es ese aspecto de su personalidad el que las hace tan fuertes y capaces de superar las dificultades sociales?
Siempre me ha encantado la solidaridad femenina. Las mujeres se ayudan constantemente: entre amigas, entre hermanas, a sus madres, a sus hijas, y, por supuesto, eso es algo que puede ser divertido y entrañable. Pregunta a cualquier mujer y te hablará de esa solidaridad. Esa solidaridad existe porque ellas forman parte de la misma comunidad de discriminadas, se reconocen las unas en las otras en las batallas que libran. No se trata de nada natural ni instintivo; se debe, simplemente, al recorrido de sus vidas. Por eso se ayudan; si no, se caerían.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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