Paco Azorín dirige el estreno mundial de la ópera «La brecha» en Sagunt a Escena

· 3 de agosto, 2017

Fotografía: Photopithecus


Dedicado al recientemente fallecido José María Morera, el estreno mundial de la ópera La brecha cierra hoy, domingo 3 de septiembre (22.30 h), la programación de Sagunt a Escena 2017 en el Teatro Romano de la capital del Camp de Morvedre. Paco Azorín, responsable de la dirección de escena y la coreografía, explica los entresijos de la obra.

¿Cuatro? Si digo cinco, quizá diré demasiadas. Y la mayoría, pequeñas o marginales». Basta escuchar esta reflexión de Paco Azorín (en la foto superior, posando en las gradas del Teatro Romano de Sagunto) sobre las óperas que se estrenan anualmente en España, para constatar que el Teatro Romano de Sagunto vivirá hoy, domingo, 3 de septiembre, todo un acontecimiento cultural con el estreno absoluto de La brecha, con música del compositor Jacques-Alphonse De Zeegant, residente en la Hulencourt Symphony Orchestra & Choir belga, y libreto de Marguerite de Werszowec Rey. Todo un hito en el universo de la lírica europea para cerrar la programación de Sagunt a Escena 2017 en el interior del coliseo romano, motivo por el cual viene al pelo incluir aquí el audaz reto que Azorín, responsable de la dirección de escena y la escenografía del montaje, le lanza al festival que se acaba y, en general, a los responsables del teatro público en València: «Que no dejen de hacer ese ejercicio de estrenar al menos una ópera al año».

La brecha cumplirá el deseo por esta vez. Una ópera contemporánea que ha llegado al festival de artes escénicas saguntino merced al contacto establecido por medio del director de la orquesta y director musical de la obra, el italiano Palmo Venneri, que reside en la capital del Camp de Morvedre, según nos revela Paco Azorín, fuente de toda la información que aquí se ofrece.

La brecha es una ópera contemporánea y un tanto atípica, curiosamente de tema místico, que empieza con la muerte de un dictador en la cama de un hospital («algo que a los españoles nos resultará del todo familiar…», acota el de Yecla). A partir de ese momento inicial, todo el protagonismo será para su viuda, Madina [papel interpretado por la soprano Veronika Dzhioeva]. Una mujer que, tras ser perseguida por un pueblo que por fin se rebela exigiendo libertad, emprende un viaje interior para entender el conflicto interno que le provoca el hecho de haber permanecido toda su vida al lado de un tirano. Y en el fondo, el resto de las brechas que atraviesan a todo ser humano en su permanente conflicto interior: realidad y ficción, el yin y el yang, el bien y mal… [David Azurza, Flavio Oliver, Luis Dámaso y Alberto Guardiola interpretan el resto de los papeles principales.]

Cartel de la ópera «La brecha».

Si ese comienzo de la obra puede hacernos recordar la historia reciente de España, el montaje realizado por Paco Azorín, muy al contrario, huye de lugares y tiempos concretos. «Por desgracia –explica–, el mundo entero está lleno de dictadores, de manera que nosotros hemos optado por la abstracción para hablarles a todas esas desgraciadas realidades e incluso, y gracias a la maravillosa fuerza del teatro –añade–, para aludir y apelar al pequeño dictador que cada uno de nosotros pueda albergar en determinados momentos de la vida».

La brecha es también puro juego en el escenario. Un juego espectacular, en el que participan una orquesta de setenta músicos, un coro de cuarenta voces (dirigido por Francesc Gamón), diez solistas, seis acróbatas, y con momentos con más de cincuenta personas en escena… «Realmente, es una superproducción», afirma, categórico, Paco Azorín, quien añade: «El universo audiovisual también es fundamental en La brecha. Durante los cien minutos escasos que dura el montaje, habrá videoproyección sobre una pantalla situada en la escena, pero también sobre todo el teatro romano». Y todo ello expresado mediante un lenguaje escénico «absolutamente actual y muy potente. No estamos ante una ópera de grandes vestuarios clásicos y demás convenciones –concreta el escenógrafo-. Al contrario, apelamos al público mediante un lenguaje sencillo pero visualmente impactante, para resaltar los conflictos humanos, que es lo que de verdad me interesa».

Por lo que se refiere a la estética, Paco Azorín se muestra cauto para no desbaratar la sorpresa del estreno. Sí adelanta, sin embargo, que «el montaje está basado en un color blanco que lo inunda todo», y que la obra avanza temporal, física y conceptualmente: «Empezamos de un modo realista –explica el director–, con la mencionada muerte del dictador y la rebelión popular, pero a partir de un momento dado se produce un gran salto y pasamos a un espacio simbólico, a un lugar casi de fábula o de cuento. Y hay todavía otro salto más –añade Azorín–, que nos traslada a un lugar místico. Se trata, en resumen, del recorrido que Madina hace para entender qué ha pasado con su marido, al que busca en un paraíso, en un infierno, en un más allá… No lo encuentra, pero, en cambio, en esa búsqueda ella sí acaba por encontrarse a sí misma».

Del realismo al misticismo. Si alguien pudiera sentirse intimidado por la hipotética dificultad de comprensión que pueda entrañar La brecha, Azorín le tranquiliza. «Empezamos, precisamente, en el realismo para que el espectador se sitúe y entienda. Y así, después de estar media hora juntos, compartiendo un código, ya podemos alejarnos tranquilamente hacia territorios más abstractos».

Lo mismo cabe decir de la música. «La ópera está escrita hoy, de manera que es contemporánea, sí, pero eso no condiciona el tipo de música. En este sentido, la partitura de De Zeegant es, en el aspecto formal, una obra de armonías y melodías clásicas, con momentos muy poderosos. No sé si al compositor le gustará lo que voy a decir ahora –insiste Azorín–, pero es una ópera fácil de escuchar, cercana al público, que no experimentará ningún rechazo en este sentido».

Dos operarios trabajando en el montaje escénico de «La brecha». Photopithecus.

El Teatro Romano de Sagunt a Escena despide, pues, el festival de 2017 con el siempre arriesgado estreno mundial de una ópera. Todo un reto también, no cabe duda, para su director artístico y escenógrafo. Y así lo admite Paco Azorín, pero matizando de inmediato que se trata de un reto muy deseado: «Me pone mucho estrenar títulos nuevos, porque si dentro de quinientos años tienen que explicar qué era la ópera del siglo XXI, serán títulos como La brecha los que habrá que citar, no La Traviata o Tosca. Hay que ensanchar el repertorio. Como en todas las épocas se ha hecho, revisar el género lírico con obra nueva. Por eso también yo hago un esfuerzo extraordinario desde la puesta en escena para explicar la obra, para acercársela al público, sin pretender hacer piruetas vanguardistas y mirarme el ombligo».

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN. Licenciado en Geografía e Historia. Máster en Comunicación y Periodismo. En "Levante-EMV" desde 1984. Ex-jefe de edición de "La Cartelera".


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