Víctor García León: “España es un país sin futuro, pero el más divertido de vivir”

· 26 de junio, 2017

Es muy posible que, a estas alturas de la película, mucha gente ignore todavía que Víctor García León es hijo de padres ilustres: el realizador José Luis García Sánchez y la cantante Rosa León. «Sí, lamentablemente, no tuve elección -ironiza el guionista y director madrileño-, así que no me juzgues duramente por eso».

La película es Selfie, la comedia que se llevó del último Festival de Málaga una Mención Especial del Jurado y el Premio de la Crítica, y que se estrenó este último viernes, 23 de junio, casi como el verano, en los cines españoles.

Selfie (en la que también tiene un papel el valenciano Sergio Villanueva) no es, lamentablemente, una comedia romántica, tal y como advierten sus artífices en los textos promocionales. Cuenta la vida (de algún modo hay que llamarla) de Bosco, hijo de un ministro español detenido (sí, claro, por corrupción) justo desde el momento en el que es explusado del lujoso chalet de la Moraleja en el que vivía con su familia.

Esta es la sinopsis:
“A un ministro del Gobierno le acaba de detener la policía, imputado por corrupción, malversación de fondos públicos, blanqueo de capitales y otros dieciocho delitos económicos. Ésta es la historia de su hijo. Las andanzas de Bosco desde que es expulsado de su lujoso chalet en la Moraleja hasta que entra a pedir trabajo en la sede de Podemos; sus angustias sentimentales desde que le deja su novia de dentadura perfecta y labio indolente, hasta que le acepta una trabajadora social ciega, educadora en un colegio de discapacitados; sus miserias desde que le expulsan de su exclusivo máster de dirección de empresas hasta que pasea asustado por las calles de Lavapiés.
“Si ésta fuera una comedia romántica, Bosco aprendería una lección, la vida le enseñaría algo… y al final vería un rayo de luz, una esperanza de cambio. Encontraría al amor de su vida. O quizás renovaría su fe en el ser humano. O simplemente un camino nuevo… o cierto amor por los animales. Algo.
“Lamentablemente, ésta no es una comedia romántica”.

Oiga, que a uno le parece que Selfie es una película muy fresca y con mucha mala leche.
Bueno, pero ten en cuenta que cuando empiezas a hacer una película así, y sin un duro, algo tiene que tener, y la mala leche es baratísima…

Ya empezamos con la modestia del artista. No me dirá que la mala leche no exige talento…
Claro, claro. Y que te quede claro a ti que no pienso discutirte nada de lo que digas, si suena un poco halagador.

Ya nos vamos entendiendo. Usted ha dicho que Selfie es «una alegoría subnormal de la vida española». Y yo estoy de acuerdo…
Claro, porque es verdad. De alguna manera, lo que retrata es una España subnormal. O sea, que en lugar de intentar tomarme en serio un retrato de este país, que me parece inviable, he decidido enseñar lo que veo: unos grados de estupidez verdaderamente históricos.

Por eso da tanta risa y, a la vez, es tan descorazonadora.
Bueno…, y ahora te hablo desde mis sueños descabellados como guionista: a mí me encantaría que la película, efectivamente, tuviera varias lecturas, desde la del simple divertimento hasta otras muchas…

Pues leamos. Entras en el cine a ver una comedia y sales con dolor de mandíbula, pero baldado de lo que te han dado por todas partes. Y lo peor: sales absolutamente consciente de que eres parte de esa gran estupidez patria que acabas de ver reflejada.
Por eso se titula Selfie, porque es un autorretrato. Nosotros no miramos las cosas desde fuera, estamos ahí metidos. Es muy español eso de disfrutar de un autorretrato bochornoso. De alguna manera, el espejo en el que nos reflejamos no nos devuelve una imagen amable, nunca ha sido así. Mira a Goya, a Valle-Inclán, a quien quieras: la gente con más prestigio nunca ha sido amable con nosotros mismos.

Por eso tienen prestigio, porque eran lúcidos (y lúcidas, a ver si ahora…).
No hay país en el mundo más salvaje consigo mismo que España. Es inmisericorde. España es un país de gente bastante lista, por un lado, y, por otro, autodestructiva. Y esa mezcla da un país muy descabellado. El resultado es un país sin futuro, pero el más divertido de vivir.

¿Sin futuro? ¡Hombre, si se refiere a la pasta…!
Ahora mismo, para hablar de futuro habría que hablar con el PSOE, pero la cosa no sé si tiene buena pinta…

¿Pero España no es un gran país y los españoles hacen cosas?
No. Fíjate que yo les tengo mucho más cariño a las personas que a las piedras. Pues a mí los patriotas me provocan desconfianza. Todos: los patriotas españoles, los catalanes, los escoceses… Yo creo que el patriotismo es un refugio de canallas. Total, que España me produce cierto rechazo, pero a los españoles les tengo afecto.

A usted lo que le gusta es provocar. Dijo una vez que los españoles son como los valencianos, que les gusta quemarlo todo.
Por supuesto. Eso es con lo que más se identifica España: trabajas mucho mucho en algo y después le pegas fuego.

Venga, en serio, usted ha rodado Selfie porque le duele España…
*¿Ahora nos vamos a poner unamunianos? No, la mala leche que pueda tener la película viene de la observación. No hay un sufrimiento real detrás, porque yo me lo paso muy bien en este país y no quiero irme, estoy encantado. Lo cual no quita para que, si lo miras con un poco de honestidad, no veas el ridículo. Entre Unamuno y Valle-Inclán, siempre Valle-Inclán.

Por eso Selfie es un tremendo esperpento…
Es que, si miras los retratos que se han hecho de España a lo largo de la historia… España no aguanta el naturalismo, porque no te lo crees; y exagerar la exageración es absurdo, o sea que la parodia… ¿Como parodias Sálvame, a ver? El esperpento es lo que mejor funciona, no hay otra.

Una de las grandes sorpresas de la película es Santiago Alverú, el actor protagonista. Discúlpeme ante él, pero hay que ser un pijo en la vida real para interpretar tan genialmente a ese pijo que es su Bosco…
¡Ah, no, no, vamos, es que para mover el flequillo como lo mueve Santi, Bardem tardaría años! Si no hubiera aparecido, no habríamos hecho la película, porque de ninguna manera queríamos que el protagonista fuera de mentira. Buscábamos a alguien que no fuera actor. Nuestra directora de casting sabía de unos vídeos de YouTube con un chico de una universidad privada que hacía cosas muy agresivas. Cuando lo vimos, pensamos: Ahí hay un tío que tiene mucha jeta y que, desde luego, tiene el flequillo que necesitamos. Total, que nos fuimos a tomar una caña con él, y cuando nos la bebimos, el papel ya era suyo. No hubo más pruebas, salió el primero, vino la Virgen María a vernos.

¿Y cuánto hay de usted en él? Porque usted no viene de una familia difícil, algo de pijo tendrá…
Pues mira, algo hay de mi historia ahí. Y es el cómo te caes desde una zona de confort. Has vivido muy cómodo toda tu vida, tienes dos hijos, y de repente viene la crisis y caes de una cama mullida a lo más áspero de la vida. De alguna manera, la película también es una exageración de mi propia vida. Y es verdad: en todos nosotros hay algo de un pijo venido a menos, en mí también.

Bueno, pero usted acabó remontando, y tengo entendido que lo hizo cogiendo la cámara y poniéndose a trabajar de una vez.
Sí, fue una reflexión mía que no sé si tendrá alguna validez. Pero es verdad que si, a nivel general, las películas low cost, las cooperativas y todo eso no tiene mucho sentido, porque industrialmente no producen nada, por otro lado, a nivel personal tampoco puedes pasarte la vida quejándote. Llegó el momento en que me dije: O coges la cámara y ruedas, o dejas el oficio, porque aquí no hay términos medios. Y, bueno, antes de dejar el oficio del cine, quería intentarlo por lo menos un par de años más.

Ha pasado mucho tiempo desde su última película hasta esta. ¿De qué vive?
Pues de la publicidad. Pero recuerda: hay un libro muy famoso, de Jackes Séguéla, que se titula No le digas a mi madre que trabajo en publicidad. Ella piensa que soy pianista en un burdel. De ahí ha salido parte de la mala leche…

¿Qué espera de Selfie?
Lo primero, que guste, creo que como cualquier director. Nosotros hacemos películas por la tonta idea de que las vea mucha gente y, sobre todo, de que les guste a muchos. Yo creo que Selfie puede funcionar en más de un nivel, pero también soy consciente de cómo se mueve ahora la taquilla del cine español, así que… Y bueno, al fin y al cabo, la relación de un director con una película se parece mucho a la de cualquier tipo con su exmujer, que le tienes cariño, pero hace tiempo que no te acuestas con ella… Entonces, yo qué sé, estoy esperanzado pero tranquilo.

¿Le ha dicho algo su padre sobre la película?
Pues sí, sí me ha dicho, y eso que normalmente nunca dice nada, porque, como sabes, es un señor de un pueblo de Salamanca y no se le caen los halagos… Que mi padre diga un te quiero es algo así como de ciencia ficción. Pero sí, me ha dicho que Selfie le ha interesado y le ha gustado, que es una película imprevisible, nada habitual y divertida. Así que me dijo que tiene una posibilidad en taquilla.

Pues demos por hecho que todo irá como augura su padre, que Selfie le sube al trampolín y que en la piscina hay agua. ¿Qué más?
En este oficio el éxito es hacer la siguiente, y esa ya la tenemos más o menos apalabrada. Es una adaptación de una novela de Rafael Azcona.

¡Vaya! O sea, que vuelve a los orígenes, al Azcona que tanto trabajó con su padre.
Sí, sí, hago un particular viaje familiar. Es la novela Los europeos, que no me explico por qué todavía nadie ha adaptado. Y, bueno, espero que todo vaya adelante y podamos rodar el año que viene.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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