Thomas Kruitfhof: “Los servicios secretos defienden muy a menudo intereses políticos”

· 19 de junio, 2017

Testigo, titulado La mécanique de l’ombre en el original francés, es el primer largometraje de Thomas Kruithof, un director al que sin duda habrá que seguir en el futuro. La razón, evidentemente, no es otra que la buena factura y la eficacia de este thriller político suyo, sustentado en un reparto absolutamente solvente (encabezado por François Cluzet), pero, por encima de todo, en una trama servida en frío, que dosifica perfectamente la tensión creciente y que, en fin, nos trae a la memoria grandes títulos del género rodados durante el tercer cuarto del siglo XX.

Thomas Kruithof narra en Testigo la peripecia de un hombre que lleva dos años en el paro cuando un enigmático hombre de negocios le ofrece un trabajo sencillo y bien pagado: transcribir escuchas telefónicas. Duval, nuestro necesitado protagonista, acepta sin preguntar. Y hace mal, porque muy pronto se verá envuelto en un complot político que le obligará a afrontar la brutal mecánica del oscuro mundo de los servicios secretos.

Kruithof no ha estudiado cine. «Pertenezco a esa generación de cinéfilos de los años ochenta, criados con vídeos -confiesa-. Mi escuela ha sido la de ver y volver a ver películas, y por eso no podría concretar mis referencias, hay tantas… Naturalmente -continúa el realizador galo-, siempre me ha gustado la literatura de espionaje, como la de John le Carré, por ejemplo».

¿Cómo construyó la tensión de esta historia?
En realidad, no creo que la historia sea complicada. Descansa en la manera como la información se va extendiendo. El personaje principal y los que le rodean tienen poca información, y su extensión es lo que crea esa mecánica. Eso, unido a una primera fase en la que uno se cuestiona ciertas cosas en un mundo que se va descubriendo cada vez más violento, es lo que produce la aceleración de la maquinaria en la que el personaje ha sido atrapado.

La trama de Testigo gira alrededor de una conspiración política en la Francia actual. En este sentido, ¿apunta usted concretamente a algún blanco? ¿Cree que están ahí los grandes fallos del sistema?
La película se inspira en una conspiración política de Francia, pero también podría hablar de España o de Estados Unidos. Porque el argumento se interesa por esos vínculos turbios que existen entre los servicios secretos y la política, de modo que a menudo los primeros están al servicio de los intereses de la segunda. La sospecha se cierne incluso sobre los periodos electorales, en los que se produce una evidente lucha por el poder, por la información… Pero mi película también es fruto de la vigilancia generalizada a la que sabemos que estamos sometidos desde que saltó el caso Snowden. En la película, el protagonista, Duval, vive algo que todos podemos compartir, porque no entendemos muy bien quién dirige todo esto.

¿Hay alguna referencia histórica en la trama?
Digamos que el asunto de los rehenes puede recordarnos algunos elementos ocurridos en la Francia de los ochenta (el caso de los tres rehenes secuestrados en Líbano), y un poco también el caso de los rehenes que afectó a Estados Unidos en 1980 [el caso de los rehenes de Irán]. Además, hay personajes que son intermediarios y que están por ahí a nivel internacional…

¿Pero por qué elegir a un hombre inocente y ajeno a ese mundo como eje central del argumento?
Me interesaba ese personaje porque cualquiera se puede identificar con él. Un personaje manejable, un hombre que necesita trabajo y al que le dan garantías de reglas y rutinas. Un personaje así, pero que a medida que transcurre la historia tendrá que traspasar todos los limites, cuestionar las órdenes que recibe, aprender a manipular, aprender a mentir y, sobre todo, aprender a desobedecer.

¿François Cluzet era el actor idóneo para encarnarlo?
Por supuesto. Es un hombre que habla poco y guarda mucho en su interior. Es un intérprete rico, generoso, expresivo y, al mismo tiempo, tan sutil como para llegar a lo más profundo de su personaje. Yo sabía que François Cluzet le aportaría capas de humanidad que no estaban forzosamente escritas en el guion.

Un director novel con profesionales de la talla de Cluzet. ¿Cómo fue la dirección de actores?
Bueno, la dirección de actores es mucho más que dar órdenes, sobre todo, con actores de ese talento. Esta es una película que necesitaba que los actores trabajaran cara a cara y con pocas palabras, porque muchos de los diálogos expresan mentiras y manipulaciones, de manera que todo tiene mucho que ver con las miradas. Por eso hacían falta actores generosos en el trabajo con los demás. Pues bien, al final ese trabajo fue realmente muy creativo. A pesar de la celebridad de los actores y a pesar de mi inexperiencia como director, no he tenido el menor problema con ellos. Todos queríamos lo mejor para la película y trabajamos para ello. Los actores fueron creativos, generosos, no mostraron ningún ego.

En Testigo también se aprecia un gran contraste entre la gravedad de las situaciones que plantea y la contención con la que se manifiestan, incluso cuando aparece la violencia.
Son personajes que se rebelan, pero son opacos, quieren controlar sus emociones y buscan, por encima de todo, el control. Yo quería que la película fuera ganando en dramatismo, que fuera subiendo el conflicto, pero de una forma deshumanizada. Incluso cuando la violencia llega al fin, se manifiesta como el personaje la vive y la siente, porque es alguien que no tenía esa experiencia. Por eso cuando llega, se escapa de todo y es una violencia brutal, seca, sucia. Refleja el contraste entre el orden y el caos, porque los personajes quieren controlarlo todo, pero la trama viaja hacia el caos, y de ese caos surge un hombre nuevo.

En su película apenas tiene cabida el universo femenino…
En ese mundo hay agentes femeninos excelentes, pero quienes lo dirigen son, en el 9o% de los casos, hombres. Es un mundo históricamente de hombres. En la película hay un personaje femenino que toca al protagonista cuando ha encontrado un trabajo. Él ha vivido solo durante mucho tiempo, y yo quería que, poco a poco, la relación con la mujer y el trabajo fueran evolucionando hasta llegar a un momento en el que todo se mezclara: la intriga y la relación sentimental.

Su próxima película será…
Estoy trabajando sobre dos historias, pero no puedo hablar de ellas. Ocurre como con las historias de amor, que uno tiene miedo de que se acaben. Así que lo único que puedo decir es que no serán tan directamente de espionaje, pero las dos historias tienen esa dimensión de suspense, porque así es como yo escribo.

Antonio M. Sánchez

Redactor de URBAN.
Licenciado en Geografía e Historia.
Máster en Comunicación y Periodismo.
En “Levante-EMV” desde 1984.
Ex-jefe de edición de “La Cartelera”.


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